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Por María Fernanda Delgado Ortega

"No está muerto lo que puede yacer eternamente, y con el paso de extraños eones, incluso la muerte puede morir..."

 

En este caso la pregunta sería: ¿por qué no leerlo?

Es casi seguro que varias veces en tu vida hayas visto alguna película o serie basada en su obra, ¿recuerdas aquella historia en que una cosa llega del espacio en un pequeño meteorito y se propaga en una apacible villa, causando el terror y muerte de la población? Bien, pues este relato recurrente está inspirado en un cuento de Howard Phillips Lovecraft llamado “El color que cayó del cielo”, escrito en 1927.

Encontrándose directamente con el legado de Edgar Allan Poe, se considera a Lovecraft un digno sucesor de este, ya que para empezar cuenta como una de sus fuentes de inspiración.

Nació en Providence, Rodhe Island, E.E. U.U. en 1890. Sus padres Winfield Scott Lovecraft y Sarah Susan Phillips, que no tuvieron más hijos, y gozaban de aparente buena situación económica sobreprotegieron al pequeño, porque además tuvo una infancia muy enfermiza. A pesar de esto, siempre dio muestras de su increíble inteligencia, a los dos años ya era capaz de memorizar y recitar poesía, a los tres ya podía leer y a los seis comenzó a escribir. Ya para los dieciséis estaba escribiendo una columna de astronomía en el Providence Tribune.

Desde pequeño también mostró una temprana fascinación por lo tenebroso, siendo afecto a las novelas policiacas, y relatos de horror, con una predilección por Edgar Allan Poe y Lord Dusdany, de los cuales podemos una fuerte influencia en la narrativa lovecrafniana que se traduce en escenarios en zonas alejadas y exóticas donde residen criaturas innombrables.

Su estilo resulto tan singular que pronto, en compañía de otros escritores se fueron sumando historias y dieron origen a lo que ahora se conoce como los “Mitos de Cthulhu”.

A continuación, te presentamos una lista de cuentos imperdibles del autor:

Dagón: (1917)

Imagínate en medio de una isla desierta, casi al final del mundo, no hay alimento ni bebida, el lugar está cubierto de peces en descomposición y el sol no da tregua. Por si esto no fuera suficiente, por las noches, algo monstruoso que domina la isla aparece, y sólo estarás a salvo mientras puedas salir del lugar, o esa cosa no se entere de tu presencia.

El Templo: (1920)

Un submarino lleno de nazis, ¿Qué podría salir mal? Con grandes personajes como un cadáver misterioso, la histeria colectiva de una tripulación y el fondo del océano, está historia es una de las grandes piezas del autor.

Los sueños en la casa de la Bruja: (1933)

Si tu eres de esas personas que creen que las brujas ya no dan miedo, puede que no hayas leído este relato. Ocupando como protagonismo la obsesión de un estudiante prodigioso de Matemáticas, este se sumerge en dimensiones obscuras de las que probablemente no saldrá.

 

El ceremonial: (1923)

Volver a los orígenes no siempre es bueno, menos si estos tienen que ver con ancestros caníbales. Con una aparición estelar en el cuento del Necronomicón, un libro ficticio dentro de la mitología de Cthulhu, (si alguna vez lo compraste con la intención de invocar a deidades alienígenas y nadie apareció este es el motivo), este es un relato indigestamente genial.

El Extraño: (1921)

Extraordinaria metáfora, que nos remonta a un castillo semiabandonado, sólo ocupado por dos personas, una de las cuáles no ha visto la luz del sol ni lo que hay atravesando la muralla. El camino que recorre hasta llegar a un lugar habitado le mostrará que nada es como creía, y que existe un monstruo que siempre le ha acompañado.

El color que cayó del cielo: (1927)

Es una historia emblemática del autor, que mezcla la idea de un pueblo apacible donde ocurren hechos inenarrables, un misterio espacial y una bestia incorpórea que hace mutar y luego arranca de golpe toda la vida de todo lo que haya a su paso.

El llamado de Cthulu: (1926)

Puede resultar predecible, pero estaría incompleta esta lista sin este clásico. Extrañas alucinaciones, un culto diabólico en el pacífico y muchos símbolos desconocidos, que dará como resultado el termino de un ciclo milenario acompañado de algo bestial y desconocido.

 

Por desgracia, Howard Phillips Lovecraft dejó este mundo a la edad de 46 años, un 15 de marzo de 1937, debido a cáncer intestinal. Su vida estuvo marcada por la soledad, y en sus últimos años también por la pobreza, cubriendo de esta forma con el prototipo de la bohemia vida de un escritor. 

Sin lugar a dudas, Lovecraft se encuentra en el acervo cultural colectivo, ya que además ha tenido un papel importante dentro de la invención artística desde principios del siglo XX, llegando a formar parte de los trabajos de autores que se desempeñan en todas las disciplinas artísticas aún hasta nuestros días.

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