Por Gerson Gómez Salas

No me lo habrían permitido mis padres.

Impensable para la ingesta cotidiana. Cuasi kosher cuasi gentil. Con la despensa en casa de la tía de Villa Mitras. Servidespensa solo comercia con industrias transnacionales. Se entrega todas las semanas a tiempo. Puede llamar si falta alguno de sus productos

Solo las hamburguesas al carbón. En la parte baja de tenerías. De la parte vieja de la ciudad de Monterrey. Dos veces por semana. Sin tomate, sin cebolla y sin pepinillos. Solo la carne en su jugo.

El compañerismo bíblico, el círculo infractor de las fragancias envueltas en santidad, nos llevaron a cenar al puesto de tacos nocturnos. Media orden de asada, media de al pastor.

Papá nos mira como águila. Por encima del hombro de nuestro anfitrión. Conozco el Levítico hasta declamado. Puros e impuros. Los cerdos son impuros. Todo alimento de esos animales conllevan a enfermedades.

Debemos eliminarlos de las dietas. Ni siquiera pensar en ellos. Están prohibidos desde el principio de los tiempos. Conozco a una secretaria de mi padre padeciendo triquina. 

Una especie de gusano incrustado en el cerebro. Le provoca ausencias constantes. Dolores de cabeza y seguramente la muerte en el futuro. Recuerda al matador de toros, Eloy Cavazos, también padece la misma enfermedad, por desobedecer los preceptos divinos.

El aroma de los tacos, la manteca hirviendo en el caso, acerca a los comensales. Imposible olvidar el llamado de los aromas. Las órdenes son para llevar. Envueltas en el celofán de desuso de Celulosa y Derivados. El tío Raúl trabaja ahí como obrero por turnos. Desconoce si es cancerígeno envolver en el plástico de segunda los alimentos para ingesta humana.

El sanatorio mental de Monterrey se encuentra en la colonia Buenos Aires. Nuestra reunión es en la siguiente cuadra. A esta hora la mayoría de los internos deben dormir por efectos del Clonazepan, Diazepan y Osbardiazepina. 

Todo un cóctel para controlar las mentes. Hasta una vaca, con la dosis adecuada dormiría echada.

En la mesa del hogar distribuyen los alimentos. Mamá nos pide ir a lavarnos las manos. Nos lleva disimulada. 

-Por nada del mundo vayan a comer los tacos de trompo, háganlos a un lado, solo cenen los de bisteck. Tampoco le sirvan salsa, ni cebolla y cilantro. No sabemos la cantidad de polvo al estar al aire libre el puesto de comida.

-Con seguridad estará contaminada, ustedes no saben lo difícil de curar la fiebre tifoidea, o estar en cama con dolor de estómago.

Al volver a la mesa, los mayores dirigieron la acción de gracias. Sentados en las cabeceras bendijeron los alimentos. 

Nosotros, el ejército de infantes, pasamos los alimentos ágiles para ir al cuarto de televisión y concluir la partida de Pac Man.

Mamá y Papá, continuarían hasta las 10 de la noche con sus conversaciones sobre el evangelio. Contrapunto a la luz de las escrituras. Mientras el país arde en corrupción rampante de José López Portillo quien lloró a nivel nacional mientras aseguró defender el peso como un perro.

Ya superamos al populismo de Echeverría. No tendremos la necesidad de escondernos, de dejarnos de reunir en la congregación para volver a la iglesia primitiva. A las células de estudio bíblico. 

Solo tres tacos de carne asada en el estómago y dos vasos pequeños de joya de raíz.

Mientras ellos discutían en la sala, tomando café y pan dulce, volví a la cocina. Ya se habían enfriado mis dos tacos de trompo. No importa. Los serví con suficiente cebolla, cilantro y salsa verde. Atragantando me los pasé con agua de la llave. 

Esto es vida pensé. Esto es vida. Los tacos al pastor son mi vida.

Volví con Isaías a la habitación de varones para terminar el nivel 17 del Pac Man.

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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