Por Danilo Díazgranados

Atrás quedaron los tiempos en los cuales algunos sistemas bancarios de la región latinoamericana se tambalearon de tal manera que estuvieron a punto de sucumbir totalmente, arrastrando a su paso gran parte de la estabilidad económica de sus respectivos países.

Venezuela, Brasil, Ecuador, Chile, Colombia y Argentina, sufrieron importantes episodios de inestabilidad bancaria entre los años 80 y 90, lo que condujo a la apertura al capital foráneo, con la finalidad de que inyectasen capitales a los grandes consorcios financieros, minimizando el impacto de la crisis en las economías locales.

Los recursos abundaban en esa época. Inversionistas europeos, especialmente españoles, vieron en Latinoamérica y su sistema financiero, una excelente oportunidad de expandir sus dominios más allá de las fronteras territoriales, ya que el mercado en el viejo continente les estaba quedando chico.

Y fue así como, emulando a sus antecesores de la época de la conquista y colonización, abordaron aviones en lugar de barcos y se lanzaron a la toma de la banca de este lado del charco, que requería con urgencia dinero fresco, evitando un mayor desplome de las finanzas regionales.

Hoy, la historia es diferente. Aunque Latinoamérica cuenta actualmente con un sistema bancario fortalecido en la mayoría de los países, sin duda alguna este periodo no estará exento de dificultades. La frágil economía de la región, la cual se está viendo seriamente afectada por la pandemia global, es una prueba de fuego para los bancos.

La larga paralización de la actividad productiva hará aún mucho mayor la demanda de financiamiento para las empresas. De igual manera es previsible que la morosidad en la cartera de crédito se acentúe y que sean necesarios esquemas de refinanciamiento para apoyar al sector privado y evitar la quiebra de numerosas empresas y con ello la pérdida de gran cantidad de empleos productivos, que también movilizaban importantes recursos y capital dentro de la banca.

El reto es sobrevivir a este primer semestre de 2020. El sistema financiero regional ha demostrado en otras oportunidades su fortaleza, su agilidad para reinventarse ante situaciones adversas. Y esta vez no será la excepción.  Solo los más fuertes, y no necesariamente los más grandes, sobrevivirán.

En esta oportunidad los recursos escasean y solo un agudo conocimiento del negocio, la percepción acerca del comportamiento del mercado, la racionalidad en el gasto, una economía fuerte que ofrezca oportunidades, no sucumbir en la crisis y una cuidadosa planificación, serán avales que se conjugarán para arrancar con éxito el próximo periodo.

Si los bancos pasan el examen este semestre, sin duda alguna el próximo les irá mejor.

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Danilo Díazgranados

Especialista en temas financieros, económicos y de emprendimiento.

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