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Por Ana Paulina Rivera Rosas

@DDMexico

Para Laura González García la fecha 27 de marzo es muy importante. No es su cumpleaños, ni siquiera su aniversario de bodas. Es el día en que superó una de las principales enfermedades que causan la muerte de muchas mujeres mexicanas: el cáncer de mama.

Morenita y de baja estatura, Laura, de 55 años, y con dos hijos, Diego Armando y Jessica Gabriela, de 18 y 25 años, respectivamente, fruto de su matrimonio de 30 años, relata a Diario de México USA su historia:

En el 2014 sintió algo raro en su seno, así que acudió al seguro social. El diagnóstico que le dieron fue basado en su sobrepeso (en ese entonces pesaba 80 kilos),  le dijeron que solamente tenía grasa. Siete meses después detectó una “pequeña bolita, que ya era un pedazo de carne”; notó además que su seno derecho había aumentado de tamaño considerablemente. Acudió de nueva cuenta a la clínica.  En el lugar le realizaron un ultrasonido y una mastografía, trasladaron sus estudios al área de ginecología, para agendarle una cita para otros análisis debido a que “había sospecha de algo”, aunque no le informaron cuál era la situación exacta. Luego de seis meses, acudió con su cita al oncólogo donde le realizaron una biopsia, actividad que consiste en sacar líquido de su seno, que en este caso ya se encontraba bastante abultado, mediante una aguja. 

Después de mes y medio, le entregaron sus resultados: Negativo. Todo normal en Laura. El único consejo fue bajar de peso. No obstante, a los dos meses le llamaron para informarle que los estudios no “eran muy confiables” y que tendrían que realizarle otra biopsia.

Ya en febrero del 2015, el resultado fue positivo. Tenía carcinoma infiltrante letra “C”, un cáncer parecido y cercano al mortal. Había fuertes posibilidades de curarse: mediante una operación radical, la cual consistía en retirar todo su seno.

La operación fue el 27 de marzo del 2015. Laura asegura que le tomó dos años recuperarse. Su tratamiento posterior consistió en ocho quimioterapias y 25 radiaciones diarias en el centro médico. 

La razón del régimen tan estricto era que el tumor, a pesar de la cirugía, ya estaba rozando el hueso. Temían que se propagara aún más el cáncer. Otra medida fue consumir el medicamento “letrozol”, durante cinco años, para aquietar las hormonas, pues, según le explicaron, el cáncer es hormonal.

“Ahora voy a cumplir tres años de estar bien”, afirma Laura, refiriéndose a la fecha de su cirugía.

La sobreviviente finaliza la entrevista con un mensaje a las mujeres que padecen cáncer de mama:

“Deben de tener mucha fe en Dios, no se dejen abatir por la tristeza. Hay instituciones, como Inmujeres CDMX, que nos ayudan. Cáncer no es muerte, hay un antes y un después, y tenemos mucho que hacer”.

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