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El Paso,Texas.- En esta frontera Juárez-El Paso se vive una dualidad; por un lado, el miedo a otra matanza, y por otro, el deseo de continuar una vida normal, que incluye los paseos, las visitas al otro lado de la frontera y las tradicionales compras.

En el centro comercial Cielo Vista, de El Paso, donde el sábado 3 de agosto el joven supremacista Patrick Cruisius atacó a balazos a compradores de Walmart, con saldo de 22 personas muertas y 24 heridas, regresó el movimiento normal de compradores mexicanos y estadunidenses.

Mientras los gobiernos de ambos países dictan sus discursos en medio de la campaña por la Presidencia de Estados Unidos, las comunidades juarense y paseña, dan vuelta a la página de la masacre y emprenden sus actividades normales.

El Paso, cuya población la integran 80 por ciento de latinos, sigue vibrante la vida.

Sólo en el memorial dedicado a las víctimas se observa a los residentes llorosos y apesadumbrados; después de ahí sigue la normalidad en los centros comerciales, como si nada hubiese pasado.

El llamado a aplicar un boicot, hecho por Rosa María Valdez, viuda de Alexander Hoffmann, el ciudadano alemán víctima del odio racista, no fue escuchado.

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El cruce a Estados Unidos por los cinco puentes internacionales se mantiene, y en el Paso del Norte los peatones hacen fila para cruzar a hacer compras, como ha sido la costumbre desde hace décadas.

Al efectuar un recorrido por algunos centros comerciales se observa esta realidad, como lo expresa José Acosta, ciudadano estadunidense que vive a caballo entre El Paso y Ciudad Juárez.

“Allá tengo mi dinero en el banco, al rato me voy para allá. Aquí es la primera tragedia, nunca se había visto, ya lo que pasó, pasó. Estamos superando esta tragedia. Con Dios vamos a seguir adelante”, asegura mientras le bolean los zapatos en la plaza principal de Ciudad Juárez, a unos metros de la línea fronteriza.

María Sánchez camina de prisa acompañada por dos nietas, vino a Ciudad Juárez a que le hicieran un tratamiento dental a una de ellas y accede a conversar mientras se dirige de regreso a El Paso, donde radica.

“Qué vamos a pensar, todo eso es culpa del viejo trompudo (Trump). Ahorita ya no, yo no tengo miedo, mi patrona ahí me recogía (en el Walmart) cada ocho días, pero ahora me dice que me vaya a otra parte, porque le da miedo, así que donde ella diga”, expresa la mujer.

Marina Luna vive en Ciudad Juárez, pero tiene tres hermanas radicando en El Paso. A ellas les da miedo cruzar hacia el lado mexicano, a ella ir al lado estadunidense.

“Uno nunca sabe cuándo van a pasar esas cosas. Pobre gente, de todas maneras, en mal momento llegaron ahí. Una amiga mía estaba comentando, 'fíjese, yo iba a ir en la mañana con mis hijos a esas horas y ya no fui'. Y ya no le tocó'. Sí me da miedo, no quiero ir para allá.

“A mi hermana le da miedo venir para acá, que cierre este señor (Trump) el puente, y quién sabe qué. Unos tienen miedo de ir allá y otros de venir para acá”, resume Luna.

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Marco Gómez maneja su camioneta, está esperando ingresar a Estados Unidos por el Paso del Norte y platica a Notimex que se temen más ataques.

“Muy trágico y sí, claro, está latente (el riesgo). En cualquier momento, en cualquier lugar de Estados Unidos; la gente está muy enardecida con las declaraciones de Trump".

“Era de esperarse, nosotros tenemos que estar trabajando, yendo y viniendo. Pudo haber sido allí o en otro lugar”, dice al señalar que tiene que seguir cruzando al lado estadunidense por razones de trabajo.

A Gómez le acompaña Lorenzo Sánchez, quien dice que la tienda Walmart, escenario del tiroteo, debe seguir abierta. “¿Claro, por qué no? ¿Qué tuvo que ver la tienda?”, puntualiza.

Catalina Domínguez camina por el puente que cruza hacia El Paso, considera que no habrá otro ataque porque el del sábado anterior está muy reciente, “todo estará bien, ya cuando le toca a uno, le toca, y pues ahorita (otro ataque) no creo”.

Clarisa Flores, pertenece al cuerpo de Bomberos de Socorro, Texas, ella participó en la carrera celebrada a una semana del ataque, y que concluyó en el memorial colocado cerca de la tienda Walmart.

Flores corrió una milla y media (2.4 kilómetros) cargando todo el equipo para mostrar su apoyo a las familias de las víctimas de la masacre.

“Es apoyo moral para las víctimas, nomás para decirles que estamos aquí. Participamos de El Paso, West Valley, Glee. Estuvo muy fuerte, pero estuvo bien”, responde agitada mientras se quita el pesado equipo de bombero.

La compañía de servicio de transporte urbano, SunMetro, también fue tocada por el asesino de Walmart.

Uno de sus choferes, retirado hace seis años, murió en el tiroteo. Por ese motivo todos los autobuses llevan su nombre, Esteban Benavides, y un mensaje solidario a las 22 víctimas.

Uno de los conductores que lo conoció, lo describe como “un señor con mucho corazón”.

Roberto prieto es español, pero tiene 35 años de vivir en México y expresa su repudio a lo sucedido en El Paso y a la política antiinmigrante del presidente de Estados Unidos.

“Hay que unir, no separar, no hacer muros, no hacer pendejadas. Eso fue hace siglos y ya los tiraron. ¿Qué, vamos a hacer uno nuevo? ¡Por Dios! Esa persona (Trump) representa a gente muy seria en ese país y no está dando la altura que se tiene qué dar”, explica.

A Prieto le extraña que el atacante no fuera detectado por las autoridades y que pudiera entrar a la tienda libremente armado con un rifle de asalto.

“Me parece una verdadera aberración que un chamaco de 21 años pueda hacer una cosa así, sin que alguien denunciara antes que ese hombre estaba mal de la cabeza".

“El problema no es él, el problema es que ahora se está prendiendo por toda la Unión Americana ese fantasma de la gente que no se atrevía y se está  atreviendo; nosotros, los latinos, la verdad no tenemos culpa de nada de eso”, dijo.

Adela Torres, espera el autobús en la terminal cercana a la tienda donde ocurrió el ataque, dice que no tiene palabras para “described” (describir) todo lo sucedido.

“Ese mismo día el sábado pasado, apenas yo me iba a bajar del bus y me iba a ir para allá, pero algo me detuvo y siempre no fui, a la mejor no estuviera aquí tampoco”, dice mientras mira hacia el lugar donde se ubica Walmart.

María Roacho la acompaña e interviene en la entrevista: “Ya basta de racismo, de tanto odio, somos todos uno solo, ante Dios, ante él todos somos iguales ¿por qué hacen diferencias, si mi padre nos quiere a todos por igual? ¿Quiénes son los de la Tierra para hacer diferencias?”, reclama.

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