El FONCA –Fondo Nacional para la Cultura y las Artes-, reactivó sus creaciones artísticas donde participan tutores y becarios a través  de plataforma digitales.

 

Con ello se espera la continuidad de los programas, con las medidas adecuadas, para seguir fortaleciendo el crecimiento de las disciplinas y la diversidad de los quehaceres artísticos.

Entre los tutores se encuentran Jésica Elizondo y Pablo Rangel Juárez, quienes se han adaptado a las circunstancias para seguir creando y preparar a los nuevos becarios, hombres y mujeres. En sus producciones.

Jésica Elizondo, artista lumínico escénico y miembro del FONCA, tiene a su cargo a ocho becarios, por lo que manifestó:

“En una cuestión pandémica como la que atravesamos, el esfuerzo que está haciendo el FONCA para poder realizar los encuentros es muy valioso. Nos hemos tenido que enfrentar como artistas escénicos a desarrollar otros tipos de lenguaje, actualizarnos y aprender, ya que el lenguaje que normalmente utilizamos para crear nuestras piezas narrativas, es totalmente distinto a lo que ahora se utiliza en una video-danza o video-arte”.

 

Con 15 de experiencia en este ambiente, la miembro de los creadores de arte, comunicó:

“También nos ha motivado a replantear nuestros modos de producción, las narrativas y lo que deseamos comunicar al público, y cómo se lo debemos comunicar. Antes el proceso era en persona, nos reuníamos y de alguna manera eran mucho más ricos”.

 

Entre los procesos que tenían están el cambio de referentes, la conceptualización espacial, lumínica, dramaturgia de la pieza y entrenamientos.

“Como entrenadora de danza, nos adaptamos a hacer los programas por medio de la computadora, lo cual nos hace ser más creativos, aunque sí es más difícil. Se acaba la experiencia de tocar al otro, de abrazarlo y dirigirlo. Es otra experiencia”.

 

Asimismo, Jésica dijo que entre otros quehaceres para grabar bien los videos virtuales, tuvo que especializarse en cómo implementar la luz natural en los hogares, para utilizarla como medio comunicador a través de las piezas que van haciendo. Es decir, hacemos ejercicios de observación de cómo transita la luz en nuestros espacios y cómo lograr que los videos sean una parte esencial del trabajo”.

Por su parte, Pablo Rangel, de danza contemporánea, agregó:

“Ha sido problemático por las cuestiones técnicas. La danza es una escena viva y es complicado transmitir toda la energía que tienes en vivo, ahora a través del video. Esta pandemia nos ha hecho resinificar los contenidos que creamos, tener otra visión para poder llevar el quehacer escénico a diferentes medios o áreas”.

 

Aunque también manifestó que tienen ventajas como el no estar solamente focalizados en la Ciudad de México.

“Ya que a veces ha tenido alcances a nivel internacional la transmisión. Ni el idioma nos bloquea los países, pero la desventaja es que no todo mundo tiene acceso a estos medios o puestas escénicas”.

 

Con 26 años siendo artista de la danza, comunicó:

“Ha sido un cambio muy extremo, ya que además nos ha hecho tener una visión de cine y video diferente a estar en un teatro y ver de manera directa lo que el artista propone. En esta situación tenemos que ser más detallistas, por ejemplo, con las manos, los pies, pero también se puede perder la obra en su totalidad si no se visualiza bien lo que se presenta”.

 

Por lo que hacerlo desde casa, ha implicado tener que hacer escenografías en sus salas, recámaras u otros espacios.

“Esto es una nueva forma de hacer arte. Pero cuando estás en vivo das todo lo que debes dar, mientras que virtualmente no se muestra bien el trabajo. En vivo sientes la energía de la gente, sientes los silencios, las emociones, hay mucha interacción con el público. Una parte bella es cuando sales de los camerinos después de la función, la gente se te acerca y te retroalimenta, esa parte humana es la que se está perdiendo”.

 

Pero a la vez, dijo Pablo que esto es histórico, porque "ahora los becarios son los hijos de la pandemia, un punto de partida hacia las nuevas generaciones y decir que sí se pueden hacer las cosas. No es un sentido negativo sino positivo, porque se crearon nuevas formas de hacer arte”.

 

Jésica Elizondo, artista lumínico escénico.

Pablo Rangel, con arte propositivo ante la pandemia.

 

Texto por Promoción de Espectáculos

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