El presidente que no sirve

ESPADA DE DOS MANOS

Marcelo Fabián Monges

Escritor y Periodista

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

Nada lo puso nunca a López Obrador, políticamente hablando, en una encrucijada peor que el Paro Nacional de Mujeres.

Más descompuesto que nunca, con el gesto de azoro permanente, al menos mientras se refirió al Paro Nacional de Mujeres, el presidente López Obrador salió este viernes a decir en su conferencia mañanera que el Paro Nacional de Mujeres es un ataque a su gobierno por parte de grupos de derecha. Hasta anoche, una de las personas que adhirió al Paro Nacional de Mujeres fue su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, quién después de haber publicado en su cuenta de instagram el cartel con la convocatoria al paro, terminó publicando el cartel contrario, promovido por los bots del gobierno, que dice No al Paro Nacional de Mujeres. Así tenemos que el teléfono descompuesto en el gobierno de López Obrador incluye todos los niveles, hasta el de su propia casa. Claro está que Beatriz Gutiérrez Müller no lo consultó a López Obrador para tomar esa decisión. La tomó por cuenta propia. Y al llegar a la casa, le fue propinada una dosis de ese machismo mexicano que es parte de la base fundamental de la violencia y contra lo que tanto se ha luchado, imponiéndole la decisión contraria a la que ella había tomado. Porque nadie en su sano juicio podrá creer que la esposa del presidente, por cuenta propia, quiso pasar tamaño papelón ante los medios de comunicación que ya se habían hecho eco de su decisión y ante el pueblo de México en general. Nadie elige el camino de la propia vergüenza por elección propia. Así la humillación hacia las mujeres de parte de López Obrador, que comenzó pidiendo que no le pinten las paredes del Palacio Nacional, en vez de reparar en el hecho de que las están matando, y siguió culpando al neoliberalismo por los crímenes contra las mujeres, se extendió hasta el ámbito familiar, y encontró una víctima más en su esposa, que seguramente se vio forzada a desistir de apoyar una medida enorme, histórica, como el Paro Nacional de Mujeres.

Nada lo puso nunca a López Obrador, políticamente hablando en una encrucijada peor que el Paro Nacional de Mujeres. Pero no porque quienes han convocado a ese paro busquen defenestrar a su gobierno, sino por su falta de empatía con los crímenes permanentes hacia las mujeres y sus reacciones patéticas ante los reclamos de las mujeres y por su negativa a asumir el tema y tomar decisiones para evitar estos crímenes.

Es que frente al crimen no hay medias tintas. El asesino te mata y tienes que hacer algo para evitarlo. Y los asesinos siguen matando y López Obrador no sabe hacer ninguna otra cosa que prodigar culpas, como lo hace en casi todos los temas que tiene que abordar por el enorme fracaso de su gobierno.

Repartir culpas e inventar conspiraciones es algo que le ha funcionado muchas veces en el pasado a López Obrador. Y nadie que sea un buen observador podría negar que tiene excelentes dotes de manipulador. La cuestión acá es que la manipulación no resuelve problemas. Y entonces esta receta de López Obrador, ante los crimenes de mujeres, lo está empantanado y lo irá hundiendo cada vez más. Al menos mientras no tome medidas reales contra los feminicidios, para resolver la crisis de seguridad y de derechos humanos que vive México en general.

Para solucionar problemas enormes como estos, no alcanza, pero para nada, con levantarse un rato antes de la conferencia mañanera, ponerse el traje así nomás, con arrugas y todo, y salir temprano ante los medios para seguir siendo la persona más importante del país, el centro de atención de todo, por encima de las víctimas, incluso de quienes acaban de asesinar. La actitud de López Obrador, ante el crimen en general y ante el asesinato de mujeres en particular reviste una gran impudicia.

Este jueves 20 de febrero, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, el Ministro Arturo Zaldívar, se pronunció diciendo que todas las mujeres que quieran adherir en el Poder Judicial al Paro Nacional de Mujeres tienen toda la libertad para hacerlo. La secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero publicó un tuit que decía textualmente: “solidaria como mujer y a título personal” la institución se integra a esta protesta denominada “Un Día Sin Mujeres”[1].

Pero López Obrador, con una soberbia sin igual, salió este viernes con los tapones de punta en contra de todos, de cualquiera que adhiera al Paro Nacional de Mujeres, diciendo que “la derecha es muy dada a la manipulación y promueven movimientos en contra de los gobiernos progresistas”, agregando “No olviden lo que hicieron con las cacerolas en Chile, para preparar el Golpe de Estado”[2].

De esta manera, López Obrador se coloca otra vez en su papel preferido, que es el de víctima. Acá la víctima es su gobierno, no las mujeres asesinadas, ni las que la violencia machista mata de a diez por día en México. Muestra una vez más la más absoluta falta de empatía por cualquier victima de la violencia, incluyendo mujeres y niños. Mira la realidad a partir de él, exclusivamente, y lo que le sucede a los demás, incluso a los ciudadanos y las ciudadanas que asesinan como por deporte, es algo que le resulta completamente ajeno. Estamos gobernados por un psicópata. Hay que decirlo. La principal característica de un psicópata es la falta de empatía con el dolor de los demás o con el sufrimiento de alguien. Un psicópata no siente culpa. Nadie ha visto en López Obrador desde que este tema pasó a ser parte de la agenda pública y del centro de atención en México, tener la más mínima reflexión, ya no digamos autocrítica de su gobierno, ni siquiera a tomado medida alguna, que no sea culpar a otros, de lo que su gobierno no hace.

Algo que hay que decirle a López Obrador, es que tiene que enterarse que su falta de empatía con los crímenes permanentes de mujeres y de niños, no es culpa de la solidaridad de los demás, de quienes expresando un sentimiento natural de humanidad, se mueven intentando  hacer algo, ante la muerte, el crimen y la impunidad.

Pero ante el crimen uno no puede quedarse sin hacer nada. Ni en lo individual ni en lo colectivo. Como sociedad no se puede decir, mejor desistamos del Paro Nacional de Mujeres porque tenemos un presidente que no entiende. Porque a López Obrador no le gusta. Porque ya regañó a su mujer.

Ni por humanidad, ni por solidaridad con las muertas cotidianas en México, ni por la falta de justicia, ni por sentido de supervivencia como sociedad, uno puede quedarse mirando y decir, no reclamo, no voy a hacer nada, ya me desanimé, porque tenemos un presidente psicópata, incapaz de tener empatía con el dolor de las víctimas de la violencia, pequeño muy pequeño como para indignarse ante un crimen como el de Fátima, una niña de siete años, a la que no fue ni capaz ni de llamar por su nombre, cuando se refirió a ella.

Es por esto que el movimiento de mujeres pondrá al gobierno de López Obrador en untre las cuerdas de una manera sin igual, como no estuvo nunca. Porque el tema, desde su gobierno, no tiene solución y a las mujeres las siguen matando, y ante el crimen no hay más posibilidades que alzar la voz y buscar y exigir soluciones. Mientras más se encierre en sí mismo, mientras permanezca sin tomar medidas que eviten y castiguen de verdad los feminicidios, peor le irá a López Obrador. Porque además, “las mujeres” son millones, no son un grupo reducido como los padres de los niños con cáncer, que él ha vapuleado una y otra vez, mintiendo y culpándolos incluso del desabasto de medicamentos, o de estar financiados por las farmacéuticas.

Con la causa y el tema de las mujeres, mientras más se exprese en contra López Obrador, y siga sin tomar medidas al respecto, mayor será el rechazo, que irá en aumento, hasta dilapidarlo políticamente como no se lo puede imaginar.

Pero bueno, eso es parte de esa Ley natural que dice que cada uno cosecha lo que siembra.

Por lo demás, el Paro Nacional de Mujeres va, porque es un imperativo que nace del instinto de supervivencia, de una parte, justo la mitad o más de la sociedad, a la que desde las instituciones se permite que se asesine impunemente.

Que nadie tenga dudas que pese a la delirante posición de López Obrador de sugerir que el Paro Nacional de Mujeres busca ser el preludio de un Golpe de Estado, el 9 de marzo será una jornada histórica, de la que será testigo el mundo entero, y en la que las mujeres mexicanas dejarán claro su hartazgo por la impunidad, por el machismo en las instituciones, porque las pueden matar por decenas todos los días, como por deporte.

 

Imagen de Marcelo Fabián Monges

Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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