Por Mike Volta

Hizo ya bastante tiempo que José José había dejado de brillar. 

Los últimos años de su vida, marcados aún más por el escándalo, el morbo, la invasión a la vida privada de alguien que tuvo el gran Don y con él la terrible maldición de no saber explotarlo, más por humildad, debilidad e ignorancia que por mala fe. 

Ojalá pudiera hablarse solo de su música y de su gran don de gentes; eso intentaré hacer en esta ocasión. 

José José encarnó en si el romántico sentir del pueblo de México, su única forma de interpretar esas grandes canciones que hoy lo inmortalizan aún más, permitió que muchos hombres volcaran en esas piezas, la parte débil que el supuesto “macho” mexicano se negaba a aceptar, y demostrar con facilidad. 

Con las canciones de José José, el varón permite la apertura de su corazón con la esperanza del amor, pero también con la resignación al olvido, al desprecio, al desdén. Con José Jose, podríamos decir que esta socialmente permitido enamorarse, ilusionarse, entregarse, abrirse completamente ante la pareja, ante otros, ante la crítica, y también mostrarse con el sufrimiento a flor de piel, el cruel desamor, el tormentoso remordimiento y autoflagelación consentida y promovida para vivir el lado masculino del completo de Marga López y Dolores del Rio. Un verdadero Nazareno del desamor. 

Y resulta evidente esa fascinación auto destructiva del mexicano en las canciones de José José, y de ahí que para facilitar esa comunicación y asimilación de “yo” destruido, implicaba desde luego hacerlo a través de las patologías. 

Adicción al sufrimiento, al amor mendigado desde el pecado, la incomprensión de la pareja que nunca entiende que la mayor demostración de amor, sólo se da a través del exceso en la autodestrucción. 

Tírame, písame, patéame, humíllame, pero no me dejes... 

José José al estilo del Blues del gran “Encías Sangrantes” tuvo ese gran éxito al tener la mala suerte, no de sentirse mejor sino de hacer que otros se sintieran peor; la suerte de usar ese talento para lograr ese desahogo de las penas masculinas a través del alcohol y la música. Una combinación casi inseparable. 

Lo que sí es indiscutible, era su gran calidad humana, para apoyar a la gente cercana, al grado evidente de abusos, pero hay historias conmovedoras de apoyo de Pepe a sus músicos, a quienes dicen siempre trató y comprendió y se identificó con ellos. 

Un verdadero maestro de las cuerdas, el bajo y la guitarra que sin siquiera verlas podía interpretar cantando y tocando de forma magistral. 

Haciendo suyas las composiciones de grandes talentos, dando su estilo y su maravillosa Voz en múltiples estilos, deja un colosal e inigualable legado musical, y habrá Pepe para rato porque prácticamente en todas las reuniones se le dedica tiempo a su obra; Tríos, Mariachi, Chinacos, jarocho, Norteño, Grupero, Rockero etc tendrán en su repertorio al menos una “de José José”. 

Muere el hombre y sigue la leyenda. 

Y si ya es la hora de estar borrachos y doloridos en la fiesta tengan cuidado de poner a José José porque es LIBERAR AL KRAKEN!!!! 

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Imagen de miguel.contreras

Mike Volta


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