Por Mike Volta

Definitivamente, estimad@ lector@, un signo distintivo de una gran generación en un fino pensamiento expresado en caricatura lo fue el recién fallecido Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido bajo el seudónimo de Quino.

Su obra más conocida es la tira cómica Mafalda, publicada entre 1964 y 1973, la que durante años fue leída por generaciones subsecuentes que desarrollamos un enorme cariño por los personajes de esta magnífica serie.

Con retratos de la vida cotidiana de la clase media en Argentina y en América Latina de esos tiempos y actuales, irremediablemente con gran cobijo en México.

Siendo considerado como “el dibujante más internacional del idioma español”, quizá el mismo Quino jamás dimensionó lo que su obra sigue haciendo durante generaciones.

Quino fue atinado en seleccionar y concebir muy bien la carismática personalidad de cada uno de sus inolvidables y risueños niños, retratando sus anhelos y sus ocurrencias, haciendo unos infantes tan humanos y adorables que era imposible no leerlos.

Leer a Quino era entrar en empatía con un pensamiento agudamente crítico, político, compasivo, económico, del ambiente internacional de entonces y que continúa hasta nuestros días.

El planteamiento de los problemas mundiales desde la óptica de una aguda niña latina amante de los Beatles, como cualquier otra que, curiosamente, concebida como un personaje para una malograda campaña publicitaria de electrodomésticos, se transformó en la cara principal de un grupo de niños que se convirtieron en verdadero fenómeno de crítica mundial, de los grandes dilemas, del hambre, de las guerras, del capitalismo, los tiranos comunistas en la humanidad y conmovía  hasta la terrible debacle de tener que comer su sopa, gran martirio.

Sus padres preocupados por la educación, el trabajo, el dinero y el amor, criticando las noticias y los políticos del momento y perdiendo juventud y juicio con cada pregunta o duda existencial de su hija; llegando al patético uso del NervoCalm.

La descendencia española del autor, expresada a la maravilla con el hijo del tendero, Manolito que vende muy barato y que entiende las finanzas de los abarrotes como nadie, al ser dotado de una inteligencia maravillosa; o que tal el hermoso cabello de hojas de Miguelito, con la simpleza para entender la vida sin complicaciones, no como el buen Felpillo enamorado como nadie y con una fantasía envidiable; casi tan grande como sus incisivos centrales que le daban un toque característico de gran buen humor.

Susanita esa gran niña filantrópica y soñadora de los grandes vuelos viajes y despilfarros, muchos hijos y la vida ideal…

Podría pasar enormes páginas comentando lo que Quino me dejó... Ahora que nos ha dejado ¿qué podrías comentar?

¡Que se libere el Kraken!

Imagen de miguel.contreras

Mike Volta


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