Espada de Dos Manos: El atraco y la confusión en la CNDH

Marcelo Fabián Monges/ Escritor y Periodista

 

Hay señales que no aceptan equivocación. Por ejemplo, si una patrulla de policía se para al lado de una persona que camina por una acera y el sujeto se larga a correr, es porque hizo algo. Nadie que no tenga algo que esconder o haya hecho algo ilegal si ve a la policía se larga a correr. Lo mismo pasa con los políticos, pero de otra forma. Todos sabemos cómo funciona. Si el titular de una dependencia pone a cargo de la administración del dinero a un amigo incondicional, traído de su pueblo o de su ciudad para que se encargue de esta encomienda en particular, lo que piensa hacer es alzarse al menos con una muy buena parte del presupuesto de esa dependencia. Esto es lo que ha hecho Rosario Piedra Ibarra en la Comisión Nacional de Derechos Humanos. La nueva titular de la CNDH nombró al abogado de Nuevo León, Horacio Flores Flores, simpatizante de Morena, como Oficial Mayor de esa dependencia. El Oficial Mayor es quien decide el destino de los recursos, cómo se empleará el presupuesto de la CNDH y si es un amigo desde hace tiempo, incondicional, el que haga esto, para Rosario Piedra mucho mejor. Pero según López Obrador se acabó la corrupción. Tal vez tenga razón en que se acabó la corrupción de los otros, pero ahora empezó la de ellos. De la misma forma, Rosario Piedra nombró como Secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos a Francisco Estrada Correa, un abogado perteneciente a la 4a Transformación.

De esta forma, Rosario Piedra camina a toda velocidad para copar la Comisión Nacional de Derechos Humanos con miembros de Morena, incondicionales, y afines a ella y al gobierno. De esta manera cumplirá, según parece, con su encomienda desde el Poder Ejecutivo, de terminar con los principios de imparcialidad e independencia que requiere ese organismo como parte de su naturaleza jurídica.

Cuentan en la CNDH que Rosario Piedra no quiere dar entrevistas a los medios de comunicación. Que ante cada solicitud de un medio de comunicación de entrevistarla tiene siempre una excusa. El problema de Rosario Piedra Ibarra es que no sabe qué decir en realidad en las entrevistas, afirman adentro de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Para demostrar el total desconcierto de Rosario Piedra Ibarra en cuáles son sus funciones, sus temas y las cuestiones propias de los derechos humanos, podemos ver las recientes declaraciones de ese organismo respecto a la posibilidad de que el gobierno de Donald Trump declare como grupos terroristas a los carteles de la droga mexicanos. Al respecto, en un comunicado, la dependencia consideró que: “el término terrorista genera estigmatización, segregación y discriminación hacia grupos determinados, por lo cual su combate debe guiarse bajo el apego irrestricto a los derechos humanos.[1]

Seguramente hará falta que alguien le explique a Rosario Piedra que las víctimas no son los carteles de la droga en México, sino las personas que son objeto de los delitos de los grupos criminales que operan con una metodología terrorista. De este tamaño es la confusión que tiene Rosario Piedra Ibarra de cuáles son las funciones del organismo que preside.

Más que defender a las víctimas, Rosario Piedra Ibarra parece creer que la función de la CNDH ahora es hacerle el coro a los designios del presidente López Obrador y reformar desde una función moral la voluntad del ejecutivo.

Tamaño problema va a encarar el gobierno de López Obrador si el gobierno de Donald Trump declara como grupos terroristas a los grupos criminales mexicanos, a los que el gobierno de la 4a Transformación no quiere tocar ni con el pétalo de una rosa, más bien los trata como sus grupos consentidos, y para nombrar solo una muestra de lo que hace el gobierno en este tema, hay que decir que solo ha decomisado 4 kilos de droga en un año[2].

El gobierno de López Obrador lanzó una campaña en contra de todos los que propicien la declaratoria de grupos terroristas a los carteles de la droga mexicanos, por parte del gobierno norteamericano, comenzando por la familia LeBarón, quien ha solicitado formalmente dicha declaratoria al gobierno de Estados Unidos. La campaña presenta a quienes propician dicha declaratoria como que están en contra de México. Incluso, entre los personajes que han salido a hacerle segunda voz a López Obrador se encontró al Padre Solalinde, quien salió a pedirle a la familia LeBarón que se defina si está a favor de Estados Unidos o de México. Alguien tendría que explicarle al padre Solalinde que la justicia no tiene nacionalidades, que la familia LeBarón busca justicia porque le asesinaron a 9 integrantes de su familia, a 3 mujeres y a seis niños. Pero para el Padre Solalinde es más importante defender al gobierno con el que simpatiza que defender a las víctimas, la justicia y la vida. Al menos desde que asumió López Obrador. Y es más importante para el Padre Solalinde defender encubiertamente a los grupos terroristas, es decir, a los carteles de la droga mexicanos, que apoyar a una familia que clama justicia por el asesinato de seis niños y tres mujeres indefensas. Porque eso es lo que ha hecho el Padre Solalinde en la práctica.

Así podemos ir viendo que hay defensores de derechos humanos que no lo son tanto, si antes de los derechos de las víctimas tienen que quedar bien con el gobierno.

En este terreno hay que dejar algo muy claro. Todos, absolutamente todos, los que están en contra de que se declaren como grupo terroristas a los grupos de la delincuencia organizada en México, que practican ese terrorismo, son cómplices de la violencia y de ese terrorismo. Esto incluye a periodistas, a políticos, y hasta a Rosario Piedra Ibarra, incluyendo al Padre Solalinde. Son cómplices lo sepan o no, sean conscientes o no, lo son porque en la práctica los están encubriendo, a que no se defina legalmente lo que hacen como terrorismo y por lo tanto, que se pueda actuar en consecuencia. Para nadie debería ser sorpresa que los carteles de la droga en México tienen muchos operadores en los medios de comunicación, como lo tenían en Colombia.

No todos los periodistas que tienen la posición de que no se declare como grupos terroristas a los carteles mexicanos están pagados por el narco, pero sí todos tienen una actitud muy irresponsable, como la que tuvieron los que defendían las sucesivas caravanas migrantes, que por supuesto, estaban organizadas, que desde luego no eran espontáneas y que tenían como objetivo generarle un problema a Donald Trump, que este supo aprovechar a su favor, y generarle un problema al gobierno de Peña Nieto.

Promover que la gente migre, sin tener un plan de contención, para ofrecerles trabajo, salud, vivienda, es un acto de enorme irresponsabilidad. Esta fue la posición de muchos periodistas mexicanos, desde dentro y fuera del país, por el simple hecho de que era más correcto políticamente hacerse los buenos apoyando las caravanas migrantes, que ser responsables exigiendo medidas concretas para atenderlos. Lo mismo pasa ahora con la declaratoria de grupos terroristas a los carteles mexicanos. No hay nada que pueda hacer alguien que dedicarse a asesinar niños. Esto es lo que hacen los grupos de la delincuencia organizada en México. Y esta clase de bestias defiende el gobierno de López Obrador, algunos periodistas renombrados, e incluso la titular de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra.

¿Alguien vio que Rosario Piedra recibiera o llamara  los integrantes de la familia LeBarón?

Por supuesto que no. Julián LeBarón se ha convertido en un símbolo que representa un voz fuerte, en todos los sentidos, que reclama justicia. Mientras Rosario Piedra se ha convertido en el coro del gobierno, tratando de brindarle protección legal a los grupos terroristas de los carteles de la droga mexicanos.

Muy bien hicieron los organizadores de la marcha del domingo 1 de diciembre en contra del gobierno de López Obrador, en poner como centro de la manifestación popular a Julián LeBarón. Mostraron con eso, muy buen tino, olfato político, e hicieron un loable acto de justicia.  

Justo, el día que López Obrador festejaba en el Zócalo capitalino su año de completo fracaso, fue el día más violento de la historia de México, con 128 ejecutados.

Ayer, mientras asistía Julián LeBarón a Palacio Nacional para su reunión con el presidente López Obrador, recibió gritos como: “Eres un culero. Maldito vendepatrias. Lárgate a tu pueblo, vete a EU”, según consiga el periodista Ciro Gómez Leyva. Como sucedió en las redes sociales, el repudio y las manifestaciones de desprecio hacia la familia LeBarón fueron promovidos desde el gobierno de López Obrador. Al igual que ha hecho Morena en cada visita de López Obrador a un estado donde gobierna la oposición, el partido en el gobierno le ha organizado gritos, abucheos e insultos a los gobernadores de la oposición. Lo mismo se hizo ayer desde el gobierno de López Obrador. Para tener en claro la vileza y la traición de la que son capaces. Aunque quieran presentar todos estos actos como espontáneos, hay que tener muy claro que no lo son.

La realidad mata el discurso del gobierno. La 4a Transformación se va derritiendo como una estatua de cera al sol.

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Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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