Espada de Dos Manos: El Gran Egoísta

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

Por Marcelo Fabián Monges/ Escritor y periodista

¿Qué persona que no fuera un ser despreciable y miserable le quitaría el dinero a alguien que está enfermo de cáncer y que lo tiene destinado para sus medicamentos? ¿Quién podría ser un ser tan inhumano como para robarle el dinero para sus medicamentos a niños con cáncer? Bueno, con la mala noticia que esa persona existe, se llama Andrés Manuel López Obrador y vive actualmente en “modo austero”, en Palacio Nacional, con una partida secreta de unos 90 mil millones de pesos anuales, unas 23 veces más abultada que la tenía Salinas de Gortari.

Distintos medios de comunicación han dado cuenta de cómo el gobierno de López Obrador ha dejado sin medicamentos a los niños con cáncer. Un tema que viene desde hace tiempo, más precisamente desde que asumió este gobierno, y que López Obrador trata de tapar mintiendo y ocultando la realidad. Los padres de los niños con cáncer han ido al Senado, a Palacio Nacional, reclamando medicamentos para sus hijos con una enfermedad terminal. La respuesta del gobierno de la 4a Transformación (de lo bueno en ruina) en todos los casos ha sido la indolencia. Ahora a 42 niños que eran atendidos en el Hospital Infantil de México Federico Gómez los dejaron sin los medicamentos que permiten que les realicen sus quimioterapias[1].

Para toda respuesta sobre este tema, López Obrador dice que es porque está combatiendo la corrupción, porque antes había muchos abusos. Lo primero que hay que decir es que no es cierto. López Obrador no combate la corrupción en ningún orden, con excepción de determinados casos que constituyen sus venganzas personales. Lo segundo que hay que señalar es que si fuera cierto, su método de combatir la corrupción consiste en matar niños para que los productores y distribuidores de esos medicamentos no sigan ganando con lo que producen y hacen. Porque por más lejanos que nos parezcan, por más que esos niños sean hijos de otros, esos niños mientras no reciben su medicamento se están muriendo.

Pero López Obrador, todas las mañaneras, como en una obra que mezcla muy bien la tragedia con la comedia, se postula como el gran humanista, y lanza en cada acto, palabras como bofetadas donde afirma que primero los pobres. Al parecer, para López Obrador entre los niños con cáncer y los enfermos que antes eran cubiertos por el Seguro Popular no hay ni niños pobres ni familias pobres.

Un reportaje publicado en su informativo de la noche por Ciro Gómez Leyva este martes 7 de enero, da cuenta cómo en el Hospital General de la Ciudad de México le cobran por todos sus servicios a quienes van a atenderse, y en muchos casos ni siquiera así les prestan los servicios. Esta es la realidad de quienes antes eran cubiertos por el Seguro Popular y ahora quedaron a expensas del Instituto Para la Salud para el Bienestar. Que no es otra cosa que un nombre rimbombante y una ocurrencia que no está ni organizada ni es cierta, como la mayoría de los proyectos de López Obrador.

Al Seguro Popular lo destruyó porque lo creó Felipe Calderón y todo lo que crearon los que llegaron antes que él, para López Obrador tiene que ser destruido, y ser reemplazado por algo nuevo, que va a crear él, aunque no sepa ni cómo y en la realidad ni funcione. Pero desde el púlpito presidencial es lanzado a toda prueba, mientras en la realidad millones de mexicanos han quedado sin cobertura médica.

Este viernes 9 de enero se estarán manifestando frente a Palacio Nacional médicos y enfermeras de las 300 clínicas del IMSS del programa Prospera, que quedaron sin empleo porque López Obrador, en otra de sus acciones humanistas, canceló dicho programa.

Ante reclamos anteriores de estos médicos y enfermeras, Zoe Robledo, titular del IMSS, afirmó que serían reintegrados y recontratados. Una solución solo para el discurso porque en la realidad todavía no ha sucedido.

Pero en la conferencia de prensa mañanera de este miércoles 8 de enero, López Obrador amaneció con una solvencia fuera de serie para mentir sobre el tema. Afirmó que en realidad son víctimas de una “campaña” y que la supuesta falta de medicamentos en realidad es combate a la corrupción.

Entonces comenzaron las preguntas en voz alta: ¿Le mienten al presidente? Tanto en redes sociales, en los medios de comunicación, hasta un tuit del expresidente Felipe Calderón se pregunta eso. De parte de Calderón constituye más bien una pregunta política, para no hacer la acusación directa. La realidad es como afirmaba López Obrador, cuando decía, “no hay nada de lo que no esté enterado el presidente”. La verdad es que López Obrador ha escuchado estos reclamos sobradas veces, en la Puerta de Palacio Nacional, en los medios de comunicación, los ha visto en el Senado de la República. No es posible que no sepa lo que sucede sobre el tema. Lo que sucede en realidad, es que López Obrador es todo lo contrario de lo que decía ser, incluso cuando dice que es un “humanista”. Hay que ser muy vil y muy miserable para practicar el humanismo abandonando a los enfermos y dejando a los niños con cáncer sin medicamentos.

A todo esto hay que sumarle los cuatro mil millones de pesos que López Obrador le quitó al Instituto de Cancerología en el presupuesto del año 2020, al que se le asignó ahora un presupuesto de mil 409 millones de pesos.

Pero compilar los desaguisados de López Obrador desde el 1 de enero, aunque cuando llevamos muy pocos días de este año nuevo, puede resultar malo para el hígado o para la salud emocional y psíquica.

Hace tan solo unos días, López Obrador afirmó que “la inseguridad y los problemas del país no le quitan el sueño”[2].

Con un promedio de cien asesinatos por día, López Obrador se permite decir esto. Y es comprensible, porque para todo gran egoísta está primero él, y después él y luego también él. A López Obrador los problemas del país no le quitan el sueño porque él ahora vive en un Palacio, hace todo lo que quiere, incluso por encima de la Ley y de la Constitución, destruye presupuestos e instituciones para armar su aparato clientelar y perpetuarse en el poder. Y entonces sus propios deseos y sueños, van a toda máquina, con 90 mil millones de pesos en el bolsillo de su partida secreta mientras sigue declamando austeridad, combate a la corrupción, primero los pobres, y esas muletillas del manual populista, aunque en la práctica haga todo lo contrario.

Tal vez el gobierno y López Obrador y los resultados que está obteniendo, y los que obtendrá, se puedan resumir en una sola imagen, que podría ser para un monumento al ridículo, y es esa foto en donde a López Obrador en un acto en Veracruz le colgaron unos panes en la cabeza, y otros en el pecho atados con hilos adornados con flores. Un presidente y un gobierno que no tienen sentido del ridículo.

López Obrador debería ser consciente que su imagen es la imagen del país y de todos los mexicanos. Y si no le interesa cuidar su imagen, porque cree que está por encima de todo, incluido el ridículo, debería cuidarla por todos los ciudadanos mexicanos, no solo por quienes lo votaron.

Pero en la cuarta transformación parecen expertos en vergüenzas, y no precisamente en honores.

Ahí está el Embajador de México en Argentina, todo un ejemplo, quien primero se robó un libro en Buenos Aires, después una playera en un negocio del aeropuerto y después terminó también acusado de acoso sexual[3]. La Cancillería de Marcelo Ebrard ya va siendo una experta en el tema, desde el episodio de “Lord Cacahuates”, pasando por el Cónsul de México en las Vegas, Víctor Barrera Castro, quién pasó de agresor sexual a Cónsul. Hasta llegar al episodio de este martes en Palacio Nacional con la Embajadora de México en Estados Unidos Martha Bárcena, a la que, como no es condescendiente con Marcelo Ebrard, la sentaron en la penúltima fila, y los terminó exhibiendo en redes sociales[4]. Todo un estuche de monerías la Cancillería de Marcelo Ebrard.

 

La CNDH

No conforme con haber puesto una incondicional como titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, ahora Morena pretende legislar para que dicha Comisión pase a ser una Defensoría del Pueblo, al estilo la que tiene Venezuela, que por supuesto defiende al gobierno de Maduro y no al pueblo. De esta forma quien la presida podría ser nombrado directamente por López Obrador, sin necesidad de que el Senado apruebe una terna. Algo así como que si hay un obstáculo en la Ley, quitemos la Ley, parece ser una de las premisas de acción del gobierno de López Obrador.

Nos cuentan que el día martes 17 de diciembre, durante el desayuno que la CNDH ofreció a quienes trabajan allí, realizado en el Lienzo Charro del Pedregal, Rosario Piedra leyó unas páginas que evidentemente ella no había escrito, que no sabía ni lo que decía, que leía con dificultad y que posteriormente la fueron presentando con cada uno de los trabajadores de la Comisión, sobre todo con los visitadores y con los directores. Pero tan solo dos horas después, sacó un comunicado de prensa despidiendo a los visitadores, y según el comunicado, a los directores generales. Algo así como la puñalada después de la cortesía.

Cuentan que los asistentes se quedaron perplejos de cómo en el evento Rosario Piedra balbuceaba lo que leía. Pero la sorpresa mayor vendría después con los despidos.

Ahora Rosario Piedra atiende la sede en la calle Cuba 60, y lo hace con una visión pequeña, con un equipo reducido como su propia visión de las cosas, que es el que ella ha llevado y que es con el único que habla.

Acostumbrada en teoría a las reuniones de “Eureka”, en teoría, en la realidad Rosario Piedra pasó de desempeñarse como ama de casa a titular de la CNDH. Ser ama de casa es una tarea noble y necesaria. Hace falta al menos una en cada casa y un hombre que sea un buen compañero para acompañarla. Pero lamentablemente no es una tarea que capacite a alguien para presidir un organismo como la CNDH.

Frente a los nuevos desafíos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y de las necesidades del país y de esta sociedad, hay que preguntarse por qué no se pronuncia Rosario Piedra por temas como el de los niños con cáncer y la falta de medicamentos. Hay que preguntarse si se va a pronunciar sobre el informe que acaba de publicar la Secretaría de Gobernación, desde el área a cargo del Subsecretario Alejandro Encinas, sobre desapariciones y hallazgos de fosas clandestinas, porque el informe no muestra una metodología clara, no especifica cómo obtuvieron esa información, entre muchos otros detalles por aclarar.

Rosario Piedra se pronunció por los matrimonios gay en Puebla. Pero al parecer para la nueva titular de la CNDH hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Los de primera son todos los que no tengan algo en contra del actual gobierno, y sobre sus casos se podrá pronunciar sin problemas. Los ciudadanos o humanos de segunda para Rosario Piedra son todos aquellos cuyos temas cuestionen al actual gobierno. A ellos pasará al parecer sin escucharlos ni verlos.

 

Espada de dos manos

 

Imagen de Marcelo Fabián Monges

Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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