Espada de Dos Manos: El Presidente Vil

Por Marcelo Fabián Monges / Escritor y Periodista

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra vil significa:

1. adj. Bajo o despreciable.

2. adj. Indigno, torpe o infame.

3. adj. Dicho de una persona: Que falta o corresponde mal a la confianza que en ella se pone.

 

Bueno fuera que al decir el Presidente Vil estuviéramos hablando de Bill Clinton, o de Bill López Obrador y esto fuera tan solo parte del nombre propio. Pero no. Lamentablemente cuando digo el Presidente Vil quizá sea la descripción más precisa que pueda haber de López Obrador. 

López Obrador, con su sonrisa mordaz, burlona, todas las mañaneras, no se diferencia de fondo mucho con el Guasón, ese personaje encarnado espectacularmente por Joaquín Phoenix. Y representado también por el actor Cesar Romero, en el Batman de la década de los años 60, en la serie de televisión, después por Jack Nicholson: Batman 1989; por Heath Ledger, en The Dark Knight 2008, y también por Jared Leto, en el escuadrón suicida 2017. 

Para mí el mejor de todos ha sido Heath Ledger, el de Batman El Caballero de la Noche, con una actuación incomparable. 

Pero López Obrador es un versión local del guasón, berreta, vulgar, de cuarta, que se presenta todos los días temprano, es su conferencia de prensa mañanera sin pintura, muchas veces sin libreto previo, otras muchas veces sin haber leído ni los diarios, y siempre culpando a otros de los fracasos de su gobierno, repartiendo acusaciones sin pruebas y condenas sin causas hacia un lado y hacia otro. Durante su actuación cada mañana, López Obrador destila vileza como respira. Disfrazado en un ropaje siempre mal alineado, mal parado, haciendo señales de importancia con las manos llenas de dedos torcidos, experto en excusas, López Obrador se da el lujo de llevar a cabo sus venganzas personales desde Palacio Nacional, en contra de quienes durante sus reiteradas campañas presidenciales han sido, o al menos él considera que han oficiado como sus adversarios. 

Si el Guasón de López Obrador logra disfrazarse con éxito, de ser un adulto mayor con buenas intenciones y con un corazón benéfico, es gracias a dos cosas únicamente, a no llevar el rostro pintado como el personaje de la película, y gracias a la inocencia y la buena voluntad de los mexicanos que siguen esperando ver en él al salvador del desastre de la corrupción y la ineptitud, o al rayo de esperanza con el que se inscribió en el imaginario colectivo mexicano para postularse como un político diferente, que no es “igual a otros”.

Efectivamente, López Obrador no es igual a otros. No es igual en absoluto a ninguno de sus predecesores. Es absolutamente peor. Frente al desabasto de medicamentos para los niños con cáncer, López Obrador ha culpado a los padres de los niños, a las farmacéuticas, llegando a inculpar incluso a los médicos, como ha sido el caso del Director del Hospital Infantil, Federico Gómez, el Doctor Jaime Nieto Zermeño, apoyado ampliamente por todos los médicos y enfermeras de su hospital. Pero fuera del reparto de culpas inmerecidas e injustificadas, de la injuria permanente, de las descalificaciones, y de las acusaciones de corrupción para todos lados, López Obrador no ha resuelto la falta de medicamentos para los niños con cáncer. Y no la ha resuelto porque no le importa resolverla. Porque los niños con cáncer no votan. Al guasón criollo no le sirven los niños con cáncer. 

Pero la vileza de López Obrador no se restringe a un solo rubro, ni a los problemas en un ámbito específico, únicamente. Este domingo llegó a Palacio Nacional la marcha por la Paz convocada por el Poeta Javier Sicilia y por los integrantes de la familia LeBarón. Tanto la marcha, como ellos, representan y son la voz de todas las víctimas de la violencia en México. Unos 288 mil asesinatos dolosos según los datos del INEGI, si sumamos todos los muertos de cada año desde el 2006 hasta diciembre de 2018. A esto hay que sumarle los asesinatos cometidos durante el gobierno de López Obrador, que son más de 35 mil. A esto hay que sumarle que, según datos oficiales de este gobierno, en México hay más de 60 mil desaparecidos y más de 40 mil cuerpos sin identificar. A esto hay que agregarle también los muertos que yacen en las fosas clandestinas, que al menos son 3,024 fosas clandestinas. A estas fosas clandestinas que ya se conocían a principios de 2019, hay que sumarle otras 222 fosas clandestinas más, que se han encontrado durante este gobierno en 81 sitios de distintos estados del país. 

Es decir, la tragedia de la violencia en México, en números de personas asesinadas, supera ampliamente los números de los muertos de las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Esto, incluso, si consideramos los muertos por la radiación en los años posteriores a las dos explosiones atómicas sobre estas dos ciudades japonesas. 

Ante esto, este domingo llegó a Palacio Nacional una marcha, pacífica, sensata, convocada por Javier Sicilia y por Adrián LeBarón. Una marcha que pretende poner en el centro de la atención la tragedia nacional, la crisis de derechos humanos, y los problemas de la inseguridad que siguen creciendo y lo hacen de manera imparable. Javier Sicilia comenzó esta ruta después que en marzo de 2011 le asesinaran a su hijo Juan Francisco Sicilia Ortega; Adrián LeBarón lo hace después de que a principios de noviembre de 2019 le asesinaran a seis niños y tres mujeres integrantes de su familia. 

Como antecedente a lo que sucedió este domingo hay que tener en cuenta que si López Obrador se ha visto obligado a atender a la familia LeBarón y a escuchar sus reclamos de justicia ha sido por exigencias del gobierno de Estados Unidos, puesto que también son ciudadanos norteamericanos y desde allá, frente a la ineptitud permanente del gobierno de López Obrador para investigar, y a la falta de voluntad, desde el norte comenzaron los reclamos. 

Ese es el contexto en el que llegó este domingo la marcha por la Paz a Palacio Nacional, que había partido el día jueves desde la Ciudad de Cuernavaca,  Morelos, y que dieron en llamar: “La Caravana por la verdad, la justicia y la paz”.

Ante esto, López Obrador anunció que no los iba a recibir, que tenía miedo de que hicieran un show, eso es lo que expresó aunque en otras palabras, y que ante esto debía cuidar la “investidura presidencial”, algo que parece no preocuparle en lo más mínimo cuando hace el ridículo con panes colgados en la cabeza. 

Pero lo peor llegaría este domingo. El Guasón del Palacio, es decir López Obrador, mandó a sus seguidores y a sus grupos porriles, a agredir a los integrantes de la marcha por la Paz. 

De ese tamaño es la vileza de López Obrador. Manda a agredir a los familiares de las víctimas, en vez de escucharlos, atenderlos y de ofrecerles soluciones. 

Es que los familiares de los asesinados y desaparecidos exigen un cambio de estrategia en lo que el gobierno de López Obrador está haciendo en materia de seguridad. Y cambiar de estrategia implicaría acabar con un enorme negocio que es el de no perseguir a ningún capo del narcotráfico y no incautar droga en ningún lugar. Esto por mencionar solo algunos de los negocios que implica la actual estrategia. Porque nadie sensato puede pensar que esto el gobierno de López Obrador lo hace gratis a cambio de nada. Este es el motivo por el que la marcha por la Paz, de Javier Sicilia y Adrián LeBarón “ofende” tanto al gobierno de López Obrador. 

La agresión de los porros y simpatizantes enviados por el gobierno de López Obrador a los integrantes de la marcha por la Paz, es uno de los mayores actos de vileza ejercido por este gobierno, desde que asumió y de los que sean capaces. No será el final lamentablemente de este tipo de actitudes de López Obrador. 

El Guasón del Palacio Nacional, tiene distintos trucos y recursos para conservar su imagen de benevolente. Tiene, por un lado, las encuestas que le dan el 70 por ciento de aprobación en el mundo de la ficción pagadas desde el gobierno. Tiene la proclamación de abrazos y no balazos en los discursos mientras ataca permanentemente a cualquiera que le marque sus errores, que lo critique o que considere opositor. Y cuenta también con la inocencia y buena fe de miles de mexicanos, que al verlo sin pintura en la cara, como el guasón de la película, no pueden creer su vileza deliberada, mientras él sigue prodigando felicidad y bienestar para todos, mientras siembra discordia y desparrama frustración y resentimientos como si fueran flores. 

Para los que tengan dudas del verdadero perfil de López Obrador mi recomendación es que miren Batman el Caballero de la noche, la pueden ver en HBO, para los que no la han visto, para los que la vieron, la recomendación es que la miren de nuevo. Ahí podrán ver en la actuación de Heath Ledger haciendo del Guasón la forma de gobernar de López Obrador. Claro, López Obrador es infinitamente más burdo, más vulgar, con recursos muchos más limitados que esa magistral representación del Guasón. Y sobre todo, es mucho menos auténtico, es un hipócrita disfrazado de benefactor. Con esa forma de gobernar canceló el Seguro Popular, dejando a más de 50 millones de mexicanos sin cobertura médica. Total, dentro de un año según él, el INSBI ofrecerá atención médica gratuita para todos los mexicanos. ¿Y entonces por qué no dejó el Seguro Popular hasta dentro de un año, hasta que el INSABI les dé esa cobertura médica? Mientras tanto, morirán miles de personas por falta de atención médica. La respuesta a esta pregunta, lamentablemente es, porque López Obrador primero destruye, y después se burla y se ríe desde el púlpito presidencial. Solo que lo hace sin pintura en el rostro. 

López Obrador

Imagen de Marcelo Fabián Monges

Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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