Marcelo Fabián Monges / Escritor y periodista

 

Suena muy fuerte. Pero hay que decirlo como es. Hay zonas entras de México donde el Estado de Derecho ha sido suplantado por un Estado de Barbarie.

Según el diccionario Barbarie se define como “Actitud de la persona o grupo que actúan fuera de las normas de cultura, en especial de carácter ético, y son salvajes, crueles o faltos de compasión hacia la vida o la dignidad de los demás. "exhala el último suspiro, con la pluma todavía en la mano, mostrando el valor moral de la razón frente a la barbarie y al crimen" / Estado de incultura que padece una persona o un grupo”.

Nada muestra mejor que el Estado de Barbarie es una realidad en muchas zonas de México que la masacre a la familia LeBarón, donde mataron sin ninguna consideración a mujeres desarmadas y a niños.

Decir que México es un Estado fallido termina siendo una clasificación, o una descripción, nimia, superficial, ante lo que significa nombrar o describir a una sociedad en donde el crimen organizado asesina sin ningún pudor, a mujeres y a niños inocentes, o amenaza con asesinar a familias enteras, incluyendo esposas e hijos inocentes, como hizo el cartel de Sinaloa en Culiacán con las familias de militares, para liberar al hijo del Chapo Guzmán.

Y en este contexto, el presidente López Obrador, con su estrategia de seguridad (que no tiene ninguna) de caricatura, es el primer promotor de la barbarie. Lo es en el sentido de que no tiene ni la voluntad ni la intención de perseguir a los delincuentes, y en vez de eso, como todos sabemos, propone su ridícula estrategia de abrazos y no balazos, y de denunciarlos con sus mamás o con sus abuelitas.

La promoción de la barbarie desde el gobierno de López Obrador se realiza no haciendo nada en materia de seguridad, ofreciendo conferencias de prensa con mapas, power point y gráficas que no resuelven nada, porque no detienen a nadie.

Al terrible fiasco del operativo fallido en Culiacán, que dejó a la sociedad mexicana a expensas del crimen organizado por el accionar fallido del gobierno de López Obrador, donde la ciudadanía y el mundo pudo ver cómo las fuerzas federales se rindieron ante un grupo criminal, abandonando de esta forma el monopolio de la fuerza por parte del Estado, se le suma ahora la terrible masacre de la familia LeBarón.

El mundo observa con completo azoro cómo en México se asesinan mujeres y niños indefensos e inocentes, mientras su gobierno no hace nada, ni para detener a los asesinos, ni para terminar con la delincuencia.

Hay que prestarle mucha atención que la falta de indignación generalizada en la sociedad mexicana, la falta de capacidad de movilización espontánea frente a esta barbarie, la falta de ánimo y de voluntad para exigir justicia, es parte del problema, es parte de lo que ha permitido que en México se llegue a esta situación.

Hechos como el crimen de la familia LeBarón en países como Francia, Argentina, Brasil, Canadá o Estados Unidos, hubieran provocado una enorme movilización en reclamo de justicia en la mayoría de su territorio nacional. En México no. La sociedad observa absorta la tragedia y la barbarie, así como los desatinos constantes de su gobierno, como si de verdad fueran espectadores ajenos a su propia tragedia.

Parte de la tragedia sin duda, a esta altura, es que siga en su puesto un funcionario como el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, quien en la conferencia de prensa de este miércoles 6 de noviembre, ha continuado insistiendo en que el ataque a la familia LeBarón fue probablemente una confusión. Que los criminales confundieron a la familia LeBarón con un grupo del crimen organizado. Desde la misma familia LeBarón ya le han aclarado al secretario de Seguridad, también en los medios de comunicación, que no fue ninguna confusión. Acaso ¿No vieron los asesinos que a quienes estaban masacrando eran mujeres y niños desarmados? Sí los vieron. Lo cuentan los testimonios de los niños sobrevivientes. ¿Acaso cuando una de las mujeres se bajó con las manos en alto y la acribillaron igual, no les alcanzaba con ver que era una mujer desarmada, que no les estaba haciendo nada?

El hecho de que la masacre de la familia LeBarón indigne mucho más a las sociedades de otros países, que a la misma sociedad mexicana, quiere decir que acá se ha tomado el crimen, la barbarie como normal, y eso habla de que hay cosas que están profundamente enfermas en esta sociedad.

Por otro lado, desde el lado de Estados Unidos, se deberían declarar a todos los carteles de la droga mexicanos y a todos estos grupos criminales, como grupos terroristas y tratarlos como tal, puesto que eso son. Lo que hacen no es ninguna otra cosa que terrorismo puro y duro.

Respecto al gobierno de López Obrador, si desde allí se piensa que podrán seguir sin estrategia de seguridad alguna, deberían tener claro en primer lugar que la situación se va a continuar agravando, como lo viene haciendo, y que esto desembocará en hechos de proporciones más grandes e indeseables, que no porque desde Palacio Nacional López Obrador esté en su zona de confort, el Estado de Barbarie que se extiende por el territorio mexicano no le terminará moviendo todo el tablero político y social del país, incluyendo lo que decida hacer Estados Unidos. López Obrador y su Gabinete de Seguridad no parecen tener claro en ningún lugar, que de lo que suceda en México, también depende la seguridad de ese país. En el gobierno de López Obrador no parecen ni estar enterados de esto.

El utilizar las conferencias mañaneras por parte de López Obrador, después de la matanza de la familia LeBarón, para echarle culpa a los expresidentes, es otra muestra clara, de que no está a la altura de las circunstancias. Y lo peor es que todo indica que tampoco lo podrá estar de ninguna manera en el futuro.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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