Por Aranxa Albarrán Solleiro / Confesiones de turista

Cortázar nos decía: los viajeros, expresado en el grupo de los famas y los cronopios, es que los primeros tiene un deseo, exigencia y suerte creada por ellos mismos, mientras que los segundos, dejan al azar –básicamente- su éxito en los viajes. Para ilustrarlo mejor vamos a entenderlo como los turistas de sol y playa y los turistas que acuden a un turismo ecológico y rural.

Los que planean con fervor sus vacaciones o días de descanso en un hotel “all inclusive” donde tienen todo, el espacio perfecto para crearnos el ambiente ideológico de que cada elemento desarrollado ahí, es lo que verdaderamente existe y se vive en el destino de origen. Viajan unos cientos o tal vez miles de kilómetros para encerrarse en un mundo simulado y extraordinariamente perfecto, creándoles en el imaginario que Cancún es agua celeste, arena de textura de talco y filetes al mojo de ajo perfectamente cocinados. Su gente sí, es amable, sonriente y amigable, nos responden a todo que “sí” y nos traen lo que pedimos en un tiempo record que nos hace enaltecer al sitio donde llegamos. Si nos va mal, entonces todo el destino es así, si nos va bien, la gente es dulzura, solamente dulzura.

Los cronopios, fanáticos innegables de la riqueza natural y sus encantos. Se desplazan, en su mayoría, en auto propio o si no, se rentan una “van” que les permita llegar a aquel recóndito pueblo con encantos de cuentos, su paquete es armado desde casa unos meses antes, planean la ruta, las paradas e incluso hasta los espacios ideales para capturar fotografías. “Imagínate, nos vamos a tomar una foto justo al frente de la Parroquía de San Francisco de Asís de Cuetzalan, donde se perciban bien las vendimias de los domingos. Nosotros conviviendo con la gente, aprendiendo cómo hacen tortillas mientras amasijan nuestras quesadillas, conversando con las señoras que se dedican a la elaboración de medicina tradicional, que nos vendan hierbas para cuando estemos enfermos y nos instalamos en el hotel ecológico que nos permita vivir la experiencia de desconectarnos del mundo porque no tendremos internet por lo menos cuatro días.” Aquí, si nos va bien, entonces supimos elegir correctamente, si nos va mal, nos equivocamos y no volvemos.

El turismo es así, la idea errónea -a mi parecer- de rescatarlo y no reestructurarlo, me parece que sería uno de los peores escenarios del sector. No se puede dejar de lado todo el daño causado a mares, a poblaciones y a animales solo para ser partícipes de una producción de capitalismo salvaje. Acumulación por despojo, porque Don Pedro, Doña Soco y Don Federico siendo mazahuas, mayas u otomíes, entregaron lo poco que tenían heredado de sus padres o abuelos solo porque el inversionista (en su mayoría de capital extranjero), quiso instalar su producto turístico de 45 hectáreas para acercar un poco al huésped a la naturaleza instalada.

En 2017, México perdió 253 mil hectáreas de bosque y selva para construir establecimientos turísticos, en su mayoría hoteles, de los cuales 95 mil de los 253 mil mencionados, fueron considerados para ello. El despojo por acumulación como lo menciona el teórico irlandés John Holloway, menciona que una de las formas privilegiadas de la lucha de clases, se centra en desterrar a los más necesitados de sus pertenencias, entendidos en términos formales: es expresado en la expulsión forzada de campesinos y pueblos originarios, en la pérdida de los derechos sobre lo común y el de la transformación de las diversas relaciones de propiedad a una sola: la privada, esto por dar tan solo algunos ejemplos.

No obstante, si pensamos en la contradicción del capital como una contradicción entre capital y naturaleza, es probable, que podemos perder de vista que: es nuestra responsabilidad lo que está pasando. Somos la única especie animal -porque también lo somos-, que está destruyendo al planeta. Por tal razón, somos los únicos que tenemos la capacidad de parar la destrucción existente. Crear una distinción de responsabilidades entre una forma de vida y otra y no olvidar que nuestras acciones en el presente, repercuten en gran parte a escenarios futuros.

En este sentido, el turismo derivado de la crisis pandémica, debería crear la prohibición total de acciones de todos sus actores (población, empresarios, políticos y turistas) que amenacen con el daño a los recursos naturales y sociales, una mejora en la política turística y decidir para retomar la idea inicial, si seremos famas o cronopios.

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