Madrid, 23 oct (EFE).- William Nicholson, nominado al Óscar por los guiones de "Shadowlands" y "Gladiator", lleva años tratando de exorcizar el dolor que le produjo la separación de sus padres; ahora, pasados ya los 70, ha dirigido su propio drama, "Hope Gap", y por fin, dice en una charla con Efe, lo ha conseguido.
 

"Hacer esta película ha sido una especie de terapia, sobre todo porque cuando trabajas con actores tan magníficos como estos, acabas viendo aspectos, tanto de mi mismo, como de mis padres, en los que ni siquiera había pensado", comenta con Efe vía zoom desde su casa en Inglaterra.

Se refiere a los portentosos Annette Bening y Bill Nighy dan vida a Grace y Edward, y a Josh O'Connor, ganador del premio al mejor actor en el último BCN Film Fest (donde "Hope Gap" fue considerada mejor película), que interpreta a James, trasunto de Nicholson.

La película comienza con los recuerdos de un niño feliz, que observa fascinado los pequeños crustáceos que quedan al descubierto en las rocas de una playa cuando las olas se van; al fondo, una mujer le vigila con media sonrisa.

Ambos tienen detrás los blancos acantilados ingleses de Seven Sisters, un espectacular paisaje que no sólo abraza esta escena, sino que es el parte de la historia del propio Nicholson.
 

"La ubicación la escogí antes de empezar a redactar el guion, pasé varias semanas recorriendo el pueblo para encontrar el lugar ideal de las tomas que yo buscaba; quería que los acantilados fueran otro personaje más".

"Es la ciudad de mi infancia, donde crecí, la última ciudad del recorrido del tren, más allá no puedes ir, el tren se detiene ahí, es como el matrimonio", apunta el guionista, que utilizará varias metáforas más para contar la historia de sus padres.

Hasta ese punto "Hope Gap" es un proyecto personal del reconocido guionista de cintas como "Mandela", "Everest" o "Les Misérables", si bien en la vida real hay dos hermanas que no salen en la cinta. De hecho, Nicholson confiesa a Efe que, de no haber podido dirigirla él, el proyecto no hubiera progresado.
 

"Cuando eres guionista te frustra mucho no poder controlar tu propio material, en estos años he visto a directores hacer trabajos hermosos con mis guiones, pero también alguno que me lo ha estropeado totalmente", se sincera, aunque sonríe y se niega a dar nombres: "No sería justo", dice.

Añade que, por eso, "a lo largo de los años me desesperé por controlar mi trabajo y este en particular era muy personal, muy delicado".

En la película, Grace, la madre, entretiene su tiempo recopilando poesías mientras prepara el inminente 29 aniversario de su boda, tan enamorada como el primer día. Pero Edward, un profesor de historia, se ve desde hace un año con la madre de uno de sus alumnos y es incapaz de confesárselo a su desconcertada esposa, tan religiosa que no concibe el divorcio.

El espectador ve la historia a través de los ojos del hijo, un treintañero que también tiene sus propios problemas para relacionarse, a veces, por lo mucho que se parece al padre, otras, a la madre.
 

"Toda buena película necesita un buen guion, cualquier película, ya sea drama, thriller o de superhéroes -considera el guionista, dos veces nominado al Óscar-, siempre necesitas un buen guion detrás, por eso hay tantas películas malas", comenta con sorna, muy serio, haciendo gala de su humor inglés.

Un humor que se vuelve ácido en algunas de las escenas más duras en las que, de modo inteligente, provoca la carcajada. "Quería que hubiera tanto sentido del humor como fuera posible. Cuando tratas con tanto dolor a veces es imposible soportarlo, no se puede mostrar dolor todo el tiempo. Tienes que ir, venir, ir, venir... y eso acaba intensificando esa sensación", apunta.
 

"De hecho, mi madre era una mujer muy divertida y mis dos hermanas me han criticado, entre otras cosas de la película, que no haya mostrado esa faceta de nuestra madre".

Nicholson afirma que está llevando mal la pandemia, "es duro, triste -dice-, pero no lo siento así por mi, sino por toda esta gente joven que está perdiendo su trabajo y parte de su vida".
 

"Yo ya he vivido la mía y ha sido una buena vida, no me quejo. Soy escritor, guionista, me encanta escribir y disfruto redactando historias, pero me ha encantado dirigir mi propia obra".

Y a sus 72 años afirma que no se retirará nunca: "cuanto mayor me hago, más cosas tengo que contar y más seguro estoy de lo que quiero explicar", resume el cineasta, que presume de misión cumplida.
 

"Me encanta que el público encuentre esta película liberadora al final, porque mi intención era lanzar el mensaje de que podemos sobrevivir a todo, podemos ser libres, vivir nuestra propia vida a costa de lo que sea". La cinta se estrena en cines en España el próximo viernes, pero no hay aún fecha de estreno en América.

 

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