Por Gerson Gómez Salas

Todos son unos cabrones. Hijos de la chingada. Avaros y codos. Además comen platillos muy extraños. Les ponen huevo cocido a todos sus alimentos y caldos.

Se fijan demasiado en el dinero, cuentan los centavos. Casi no dejan propina. Desde la llegada de ellos a Monterrey se partió en dos el tiempo.  Antes de los coreanos y después de los coreanos.

Ahora en todas las calles te tropiezas con ellos. Si te decides hacer el súper en San Pedro, en ese establecimiento asisten los gerentes y los directivos. Se han multiplicado como los duendes. Levantas la vista en la sección de alimentos orgánicos y abren los ojos por el precio. Lo bueno cuesta caro. Eso no parecen entenderlo.

Los domingos salen a caminar al barrio antiguo. Por manadas los vez en los puestos de los artesanos. Les gusta mucho lo de Frida Khalo, las reproducciones de sus cuadros o sus fotografías. Las antigüedades de la vida en occidente y los alimentos de la zona.

Toda la zona norte es común verles manejando. De Apodaca hasta Pesquería. Se instalaron  a sus anchas. Como no, si el estado les regaló los predios y hasta los exentó por veinte años de la mayoría de los impuestos. Ni predial ni sobre la renta. Nada más por instalar una planta de automóviles.

A los pobres mexicanos les ofrecieron chamba de obreros. De capataces y de afanadores. Son muy pocos los profesionistas. Si lo hay, sobretodo del ITESM o de la UDEM, a los de la UANL con dificultad los contemplan. 

No les gusta la dificultad para aprender idiomas. Los ven por debajo. Sin deseos de progresar. A eso vinieron los surcoreanos: ellos viven para trabajar. Nosotros solo vivimos para comer.

Desde antes nos bombardearon con sus melodías melosas en youtube. Con su K-Pop le tunden de fea manera a los grupos americanos. Pero si hasta se visten con las mismas marcas. Bailan idénticos a los new kids o a los menudos. Se tiñen los cabellos de colores claros. Ágiles y livianos, con voces trabajadas en efectos de regetonero.

Trajeron a México a BTS y enloquecieron las jovencitas. Imaginan saliendo de un complejo de departamentos, como Dreams Lagoons, en Apodaca. ¿No te has enterado? 

Es un conjunto habitacional de puro lujo, para coreanos, hasta con playa artificial, como si estuvieran viviendo a las orillas de Cancún. Dicen los pocos mexicanos, sus vecinos de colonia, es un desastre de tanto ruido y fiestas. Salen volando las botellas de cerveza y a veces huele a mariguana.

Aprendieron mega rápido las mañas de nosotros. Hay muchachas enloquecidas por irse a la cama con alguno de ellos. 

¿Te imaginas el mestizaje? Prietos con los ojos rasgados. Batallando para decir las eñes y las erres. La carrilla es el bullying de ahora. Por cualquier comentario te andan llevando a la dirección. 

Los colegios han tenido clausulas para permitir inscripción extemporánea a todos los hijos de los coreanos. Tan solo en la planta los tres mil parecen hormigas en sus zonas de trabajo.

Los escuchas gimotear en su idioma, como si estuvieras viendo Monstruos del Espacio o la Señorita Cometa. El futuro ya no alcanzó. Toda Pesquería llena con anuncios en castellano y en coreano. 

No necesitamos de terminators o de apocalipsis. Con los coreanos vamos a tener. Imagina si terminan comprando todo Nuevo León. Lo pueden hacer con la mano en la cintura. 

A todas horas escucharemos K-Pop en vez de música norteña. Las películas todas tendrán héroes de ojos rasgados. Los conciertos en la Arena o en el Banamex sintonizando a BTS mientras La Trakalosa de Monterrey se queda sin chamba.

A eso nos exponemos. Nuestras hijas ya decoraron sus recámaras con afiches de los coreanos. Sueñan con llevar en sus panzas el amor erótico de esa gavilla de artistas.

Ni modo. Se me acabaron los quince minutos de descanso. Vamos a seguir lavando los platos en la cocina. Chitón. Ningún comentario sobre lo hablado. Deben tener audio las cámaras instaladas y esos cabrones no perdonan nada. Nada. Lealtad absoluta. El jefe es la máxima autoridad. Por encima del presidente.

Leen los labios cuando les hablas de frente. Quizá hasta te esculquen en pensamiento mucho tiempo antes de decirlo. La automatización en todas las áreas. Menos en las importantes. 

Nosotros les limpiamos el culo. Les alimentamos con el sol de Monterrey. Deberían ser menos alzados. Dar quebrada a los empleados y, sobre todo, no olvidar lo principal. Ellos vienen de paso. Nosotros tenemos más de 400 años en estas tierras y vamos a seguir aguantado cabrones. No importa sus colores o sus gustos. Les vamos a dar batalla. Igual y podemos hacer una excepción: si nos invitan a nadar en su playa artificial. 

Organizamos la carne asada y hasta invitamos a unas primas para divertirse con los nuevos amigos.

 

Importante: Este contenido está redactado en sentido literario y es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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