Por Francisco X. López

El que una persona decida aislarse puede obedecer a muchas y diversas causas, pero en esta ocasión recordaré una historia que tuvo su origen en una guerra, un conflicto ideológico, el odio y el miedo.

¿Pueden imaginar no una comunidad o un país, si no un planeta entero donde todos los habitantes vivan en absoluta soledad, pero acompañados únicamente por robots y limitando su contacto con otros seres humanos a videollamadas? Este escenario fue presentado por John Byrne en 1986, cuando se le encargó el relanzamiento de Superman posterior a Crisis en Tierras Infinitas.

Atrás quedaba la sociedad futurista e idealista que en los años 50 y 60 representaba el sueño de una humanidad perfecta. También se dejaba en el baúl de los recuerdos la versión de los 70, la cual era una fantástica representación de la historia de nuestra civilización.

Krypton es un planeta desierto y estéril, cuyos habitantes vivían en enormes torres y nacían en laboratorios que buscaban las mezclas genéticas más favorecedoras. Esto se dio después de una cruenta guerra que casi extermina a su población y, tras la cual, la sociedad y la cultura se decidieron por un distanciamiento casi total y un protocolo social estricto que eliminaba el contacto físico. 

Un año después, haciendo equipo con el dibujante Mike Mignola se exploró esta historia ofreciendo un vistazo a la juventud de Jor-El, el futuro padre biológico de Superman, quien en la soledad de su torre desarrolla interés en la historia antigua, fascinado por una era lejana y casi olvidada la cual encuentra heroica y romántica.

El joven se recluye aún más en sus aposentos, explorando los oscuros secretos de su sociedad, ademas de atreverse a algo impensable: Enamorarse y tener un hijo, al principio por un requisito social y demográfico, pero al final por decisión propia.

Esta historia convirtió el término Lógica Kryptoniana en un sinónimo de el pragmatismo extremo, en el cual el pensamiento científico queda por encima de cualquier sentimiento e instinto humano, tornando los habitantes del planeta verde en seres que sólo buscan la satisfacción intelectual.

Más que curioso resulta ver cómo, una vez más, una simple historia de ciencia ficción y superhéroes no sólo refleja de una manera torcida, sino que se adelanta a lo que algunos piensan será el escenario de las grandes ciudades. Individuos que coexisten a fuerza, pero buscan en la soledad de sus espacios privados abstraerse de la locura de una comunidad superpoblada.

¿Acaso existe una diferencia sustancial entre un joven Kryptoniano estudiando videograbaciones milenarias y un oficinista poniendo seguro a su puerta para sumergirse en una campaña en línea con un videojuego de guerra?

¿No se han preguntado si dedican más tiempo a enviar mensajes de audio y videos de historias que compartiendo tiempo y espacio con los amigos y familia?

El distanciamiento social es algo que ya existe, sólo en formas más sutiles que las avizoradas por la ficción. Es difícil adelantar cuánto cambiarán nuestras dinámicas sociales y culturales una vez pasada la pandemia, pero para algunos, las cosas no volverán a ser las mismas.

Imagen de francisco.lopez

Francisco Xavier Lopez Martinez


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