La Doctrina del Shock, aplicada por el gobierno de López Obrador

ESPADA DE DOS MANOS

Marcelo Fabián Monges

Escritor y Periodista

 

López Obrador necesita urgente un distractor monumental para librarse de los cuestionamientos que le llueven por todos lados y que van dejando su popularidad por el suelo, sobre todo, por el terrible boquete que le abrirá políticamente en Palacio Nacional el Paro Nacional de Mujeres, la violencia en aumento y los feminicidios permanentes y sin resolver. En ese contexto, el coronavirus a López Obrador le viene como anillo al dedo. Así que el crucero Meraviglia que llegó a Cozumel, con coronavirus o sin él, va. El crucero rechazado por varios países le sirve a López Obrador para hacerse el humanitario ante el mundo, mientras en México deja a los niños con cáncer, a las mujeres con cáncer, sin medicamentos, y a más de 50 millones de mexicanos que pertenecían al Seguro Popular sin cobertura médica.

López Obrador permite el desembarco en Cozumel del crucero en el que se sospecha hay casos de Coronavirus, argumentando que no hacerlo es inhumano. Una postura difícil de contradecir desde la solidaridad y desde lo moral. Una solidaridad que él no practica con decenas de millones de mexicanos, como ya se ha dicho y se ha visto. Ahora bien, ¿No es inhumano para con los mexicanos traer el coronavirus en barco y que terminen muriendo cientos o miles de mexicanos por esa causa? Nuevamente estamos ante el dilema de si primero está la seguridad o la solidaridad, como en el caso de los migrantes. Pero los que opinan desde la corrección política dirán que primero está la solidaridad, mientras que ellos al estilo López Obrador, practican la solidaridad con el dinero de los otros, porque nadie ha visto que uno solo de estos “formadores de opinión” que se han cansado de defender las caravanas migrantes, lleve a un solo migrante a su casa. Las caravanas migrantes cesaron, no por la sensatez de López Obrador, sino por órdenes de Donald Trump. El coronavirus plantea desafíos que deberían ser tomados en cuenta también desde el punto de la seguridad nacional. Todo esto, mientras la Organización Mundial de la Salud declara que “el coronavirus no es una gripe y es muy peligroso”. Pero López Obrador no entiende de eso, y si alguien tiene alguna duda, le puede preguntar a Ovidio en Culiacán.

Este miércoles López Obrador, nada menos que el presidente de la República, dijo en su conferencia de prensa mañanera, que de los cien asesinados que tiene México en promedio por día, “entre el 50% y el 60% estaban bajo los efectos de las drogas o el alcohol”. Lo que representa decir, algo así como que si a usted lo matan en el México de López Obrador, casi seguro, al menos en un 50 o 60 por ciento es culpa suya. Con declaraciones como estas, entre el 50 o el 60 por ciento de los 100 mexicanos asesinados diariamente en México, ya no solo son víctimas de la violencia y del crimen organizado, también son víctimas de López Obrador. Estas declaraciones de López Obrador son una grave afrenta a las víctimas de la violencia en México, y un agravio al dolor de sus familiares. Y estas declaraciones significan además que mientras López Obrador esté en el poder, la sociedad mexicana no obtendrá justicia, en ninguna de sus formas, menos, en el caso de las víctima de la violencia, esto debido a dos razones, la primera es crónica, el aparato de justicia mexicano solo brinda justicia en el 1 por ciento de los casos, como se reconoce de manera oficial, y la segunda es que para el presidente, al menos en el 50 o 60 por ciento de sus casos, los asesinados son culpables de su propia muerte.

La infamia de López Obrador es una violación a la presunción de inocencia de las víctimas, una violación a sus derechos humanos, como el derecho al honor, aún cuando estén muertos, y una falta de respeto que viola cualquier sentido de humanidad, porque aun si fuera el caso, de que alguien es asesinado como consecuencia de que estaba borracho o drogado, es algo absolutamente inaceptable desde el punto de vista jurídico, moral, y humano.

Este miércoles, desde el gobierno de López Obrador se lanzó al ruedo para integrar el Comité Técnico de Evaluación de los aspirantes a consejeros del INE a John Ackerman. Un personaje que no necesita presentación, pero como referente, lo primero que se puede decir de él es que es uno de los defensores más fanáticos y vehementes de la 4a Transformación, acostumbrado a defender lo indefendible del gobierno de López Obrador hasta el ridículo. Si algo deja claro el gobierno de López Obrador postulando a John Ackerman para integrar el Comité Técnico de Evaluación de los aspirantes a consejeros del INE, es que se quiere alzar con la democracia mexicana. El que tenga dudas de esto, después de los intentos del gobierno de López Obrador por querer manipular al INE, al punto de pretender nombrar como parte del Comité a alguien que es algo así como el menos imparcial de todos los candidatos parciales posibles. Más allá de eso, más extremo, solo sería que pretendan nombrar a los hijos de López Obrador como conejeros del INE, con el cuento de que es para garantizar la imparcialidad, “porque ellos son distintos, no son como los otros.”

John Akerman es una eminencia en maromas defendiendo la 4a Transformación, al que los argumentos no le importan, incluso si hace el ridículo, lo importante para él es quedar bien con el patrón.

La propuesta llegó de manos de Rosario Piedra Ibarra, alguien que no tiene facultades para proponer integrantes del Comité Técnico para elegir a los aspirantes a consejeros del INE. Rosario Ibarra deja claro una vez más que no tiene ni la más mínima idea legal, de para qué preside la Comisión Nacional de Derechos Humanos, ni para qué sirve esta.

Pero proponiendo a John Ackerman, lo que está haciendo el gobierno de López Obrador, además, es aplicando “La doctrina del shock”. Esta “doctrina” se describe perfectamente en el libro de Naomi Klein, que lleva ese nombre.

Nada más que hay un detalle. La doctrina del shock sostiene que determinadas políticas económicas, como las de la “Escuela de Economía de Chicago”, han sido impuestas aprovechando impactos de psicología social, no por ser populares. La novedad acá es que la “Doctrina del Shock” no es solo empleada por el neoliberalismo, sino también por gobiernos que se dicen de izquierda, como lo fue el de Cristina Kirchner en Argentina, y ahora el de Alberto Fernández, como lo es el de Maduro en Venezuela, y el de López Obrador en México.

El shock y el impacto social en este caso está en presentarse y actuar de manera avasallante, más allá de las razones, imponiendo lo que le conviene al gobierno sin importar el equilibrio republicano, incluso mucho más allá de la preservación de las instituciones para la conservación de la democracia.

La aplicación de la “doctrina del shock” de parte del gobierno de López Obrador se hace instalando propuestas con total descaro, por ejemplo al propiciar personas que no revisten los condiciones necesarias para un cargo e imponiéndolas igual. Lo hicieron en el caso de Paco Taibo II, lo hicieron en el caso de Rosario Piedra Ibarra, y de tantos otros. La sensación que generan en el consciente colectivo es de que contra ellos no se puede hacer nada, de que son imparables y por lo tanto, tienen la razón. Lo cual es una verdadera falacia, pero les alcanza y les sobra para lograr desanimar cualquier posible resistencia social masiva o seria en lo colectivo.

La “doctrina del shock” se aplica desde el gobierno de López Obrador con una máxima que se podría denominar como: “a mayor problema, mayor cinismo”. Es la forma en que actuó López Obrador en el caso de las 25 casas de Manuel Barttlet por ejemplo. Ahí pueden estar las casas, ahí pueden estar las pruebas, ahí está lo indefendible, pero para exonerarlo de todo eso la bendición del caudillo basta.

Así se desmiente y se injuria a los padres de los niños con cáncer, se insulta desde el púlpito presidencial y con voceros a modo a cualquier crítico u opositor y se va logrando imponer una “realidad oficial”, basada en un “relato” que es sobre todo el del presidente, y que en nada importa si coincide o no con lo que vive el ciudadano común todos los días.

La “doctrina del shock” empleada desde el gobierno de López Obrador se aplica de numerosas formas. Por ejemplo, generando muchos temas polémicos a la vez, a los que la oposición no tiene ni tiempo de responder por todos, y menos aún la sociedad civil. Cuando la sociedad civil se enfoca en un problema grave como los feminicidios, el gobierno de López Obrador genera otros tres o cuatro temas preocupantes para la sociedad como distractores, desde lanzar a John Ackerman para integrar el Comité Técnico de Evaluación del INE, hasta la aceptación del crucero con coronavirus. Lo que logra en el comportamiento colectivo es lo que consigue un loco en una familia, o alguien que se hace el loco en el núcleo familiar, desequilibrar, manipular y controlar.

Esto es un juego muy difícil de desentrañar primero, y de neutralizar después, hay que decirlo.

Mientras López Obrador genera distractores escénicos en las conferencias mañaneras o con actos faraónicos con las centrales sindicales al estilo el PRI, o con la rifa del Avión Presidencial (que no es tal), pasan a un segundo plano los reclamos feministas, el Paro Nacional de Mujeres, los crímenes que indignan a la sociedad, la falta de medicamentos, el crecimiento cero, etc.

Para poder resistir al empleo de la doctrina del Shock empleada por el gobierno de López Obrador, en primer lugar hay que descifrar su juego, saber perfectamente cómo es, cuáles son sus características y cómo lo emplea. Y en segundo lugar, hay que generar mecanismos de resistencias que contradigan de manera contundente esas acciones, preparadas desde el gobierno para impactar psicológicamente en la población como para desanimar, imponer, controlar, manipular, etc.

La herramienta más útil para neutralizar el la práctica el empleo de la doctrina del Schok de parte del gobierno de López Obrador será la movilización masiva y permanente, que cuestione las decisiones equivocadas tomadas desde el gobierno, que le pongan un freno al atropello que significa una falta de respeto para la democracia y los ciudadanos todos como la postulación de John Ackerman para elegir consejeros del INE, por la adhesión del personaje a Morena y su falta de imparcialidad.

Sin respuestas contundentes, sin movilizaciones permanentes, López Obrador seguirá aplicando la doctrina del Shock, produciendo veinte hechos mientras la oposición todavía no es capaz de contestar el primero. Eso ha hecho desde que asumió el gobierno hasta ahora, y no hay en el horizonte político quién lo frene, ni la oposición, ni una sociedad movilizada, ni el Poder Judicial, ni nadie. Así que si quieren seguir viviendo en democracia, los ciudadanos mexicanos tendrán que salir de su zona de confort y salir a defender la democracia, o tendremos López Obrador y cuarta transformación para rato.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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