Por Aranxa Albarrán Solleiro / Confesiones de turista 

El Estado de México, la entidad más poblada en la República Mexicana con más de 16 millones de habitantes según las cifras expuestas por el Instituto Nacional de Geografía e Historia, cuenta con diez Pueblos Mágicos los cuales lo catalogan también, como el estado con mayor número de destinos culturales y turísticos para visitarse. El Oro, Metepec, Malinalco, Tepotzotlán, San Martín de las Pirámides, Valle de Bravo, Ixtapan de la Sal, Teotihuacán, Aculco y Villa del Carbón son los elegidos para enaltecer la riqueza natural, cultural e histórica del territorio. Aunado a la temática concurrida durante la pandemia para incentivar el turismo interno y con ello, mejorar el ingreso económico, los Pueblos Mágicos han sido principales espacios para mejorar el desplazamiento de las personas y aludir al turismo rural y sustentable. Sin embargo, ¿qué tanto han sido gestionados de manera precisa?

De acuerdo a lo mencionado por DataTur, el portal informativo de estadística turística en México, los principales estados con mayor número de afluencia turística son: Baja California, Jalisco, Ciudad de México, Quintana Roo y Nuevo León, dentro de los cuales no figura el Estado de México.

Durante el año 2018 y 2019 el Estado de México recibió durante el último año, un total de 17 millones 16 mil 596 visitantes y de ellos, 8 millones 848 mil 983 fueron turistas, es decir, los que pernoctaron al menos una noche, y 8 millones 167 mil 613 fueron excursionistas, que regresaron el mismo día a sus lugares de origen según datos de la Secretaría de Turismo.

A través de un estudio realizado por la Facultad de Turismo de la Universidad Autónoma del Estado de México, la mayoría de los Municipios no están preparados ni en capacitación del personal ni mucho menos en infraestructura para recibir a visitantes. Para que un Pueblo Mágico reciba tal categoría necesita contar con al menos cuatro atractivos incluyendo recursos naturales, históricos y culturales. Además de contar con más de 200 habitaciones en establecimientos de hospedaje, los cuales permitan el alojamiento de las personas.

El Oro, por ejemplo, cuenta con 211 cuartos de hospedaje, en donde durante los años 2002 al 2014 contaba con 65 con base en el Programa Municipal de Desarrollo de El Oro en 2017. Dicho aumento conllevó a la transformación de espacios al sector de alojamiento, en donde se hizo compra de casas y haciendas o incluso se convirtieron espacios religiosos a atractivos turísticos con la intención de llegar a la cantidad establecida por la SECTUR.

Juan, María y Socorro quedaron sin hogares por una paga que tuvieron por convenio con la Secretaría para la compra de su inmueble y fuera considerado como lugar de alojamiento para visitantes, siendo en su mayoría de veces administrado por empresas extranjeras.

La derrama económica recibida por flujo de turistas en la entidad mexiquense el año pasado, fue de 14 mil 75 millones de pesos, mientras que los excursionistas aportaron aproximadamente la mitad de dicha cifra: 7 mil 524 millones, cantidades que, en conjunto ascienden a 21 mil 599 millones de pesos. No obstante, los Pueblos Mágicos se regocijan del embellecimiento de sitios a manera de promoción para que el primer encuentro de los foráneos sea en todo momento dichosa.

Calles empedradas, colores monocordes en las casas y un desarrollo de actividades que enfaticen en las tradiciones de los sitios. Como si la celebración de los santos patronos sirviera solamente como un filtro para la acumulación de capital.

La aculturación implacable que reciben los locatarios al contar con la llegada de personas ajenas a su entorno, ha provocado que su identidad vaya evaporándose poco a poco, al grado de desear lo que el turista trae consigo. La pérdida de significación a portar su vestimenta se ha distorsionado destinándose a usarlo solo para una fotografía o para recalcar que el sitio sigue siendo auténtico.

La venta de productos tradicionales de parte de los residentes genera en un día de fin de semana alrededor de 500 a 800 pesos, si se recibe la cantidad de visitantes idónea. De lo contrario quedan con la mitad o un poco menos.

La política turística destinada a la gestión de los Pueblos Mágicos, ha provocado destierro, desinterés e incluso un sentimiento de fobia a la actividad y al turista. La creación de barreras simbólicas y la consolidación de una división de clases. Las ganancias de derrama económica son recibidas en gran parte por empresarios externos.

Los intereses por ser el primer estado con más espacios turísticos no va especialmente acorde a su demanda o riqueza, sino a intereses políticos y de iniciativa privada que atentan contra el verdadero valor de los lugares. Confesiones en: Twitter: @aranx_solleiro, Instagram: @arasolleiro, aranxaas94@gmail.com y https://everywherematters.blogspot.com/

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