Por Marcelo Fabián Monges / Escritor y periodista

Espada de Dos Manos

12 de octubre de 2020

 

Primera escena. El Gobierno de López Obrador tramita con el Vaticano una entrevista con el Papa Francisco.

Segunda escena. Llega Beatriz Gutiérrez Müller en representación del gobierno de México con actitud supuestamente cordial con el Papa Francisco.

Tercera escena. El Papa Francisco le sonríe a Beatriz Gutiérrez Müller como quien ofrece bondad y espera buena fe de quien lo llega a visitar.

Cuarta escena. Beatriz Gutiérrez Müller saca de una carpeta, a modo de puñal, una carta escrita por su marido, el presidente de México, donde le solicita al Papa que pida perdón por la conquista de América.

De esta forma, el gobierno de López Obrador, convierte la visita al Papa Francisco en una traición. A nadie se le ocurriría que si el Vaticano hubiera conocido las verdaderas intenciones de la visita de Beatriz Gutiérrez Müller al Vaticano, le hubieran concedido la entrevista con el Pontífice. Hubieran dejado que López Obrador y todos los personajes cercanos a él o vinculados a su gobierno, que se quieran prestar a tratar de consumar este nuevo circo lo hicieran desde lejos, por medio de la prensa.

Cuando alguien le brinda una entrevista a alguien, y con mucha mayor razón en ese nivel, lo que espera no es una bofetada, una afrenta. Pero en esto convirtió López Obrador la visita de su esposa al Papa Francisco.

Lo único que muestra este “gesto de Estado”, esta “acción del gobierno de México”, es la bajeza de López Obrador, su condición de ordinario, la vileza taimada de quien pretende hacer de la traición un gesto heroico.

¿Alguien en los medios de comunicación mexicanos, muchos sumisos ante el poder hasta la ignominia, se pregunta si la entrevista al Papa fue solicitada para pegarle una bofetada a Francisco?

Muy difícil creer que una “artista”, una “cantante”, una “escritora”, como Beatriz Gutiérrez Müller no tenga sentido del ridículo para ir disfrazada con los atuendos con los que se ha presentado en su gira por Europa. “Cada atuendo supera al anterior” escribió la usuaria de twitter @rosym_ss

Ante el presidente de Italia se presentó vestida “de Obispo.” Ante el Papa Francisco, disfrazada como “La Chavelita” ese épico personaje creado por Héctor Suárez y Alejandro Licona, interpretado por Nora Velázquez, y que se presentara por primera vez en el programa “Humor es… los comedianes” y posteriormente hiciera reír a todos en “La Casa de la risa”. Sobraron los memes en las redes sociales con esta analogía.

Así se explica mejor los odios antiguos de la familia presidencial, por cualquiera que tenga buen gusto, que haga de la elegancia y el buen gusto un hábito, ya no digamos que fuera guapo o guapa.

La única explicación es que la forma de vestir de Beatriz Gutiérrez Müller fuera una imposición de su marido López Obrador, quien pareciera tener cierta predilección por el ridículo, así como hay gente que elige el buen gusto, López Obrador elije hacer el ridículo. Tal vez para López Obrador hacer el ridículo es algo que se condice con hacerse la víctima, una actitud que ha elegido desde hace mucho tiempo como técnica política.

Lo cierto es que es muy lamentable que Beatriz Gutiérrez Müller se preste que las imposiciones de su marido y este la convierta en el hazmereir de los mexicanos y del resto del mundo.

Lo único bueno “del estilo de vestir” de la Señora Beatriz Gutiérrez Müller es que cada vez que sale a escena, hace reventar las redes sociales a carcajadas. Y en medio de tanta tragedia propinada por el gobierno de López Obrador y de tanta ineptitud, al menos no le pueden quitar el humor a la sociedad mexicana. Lo cual es sin duda, un buen signo de atributos para la supervivencia.

Así se entiende perfectamente que López Obrador no quiera salir del país y solamente haya acatado las imposiciones de Donald Trump cuando fue a ayudarlo para su campaña presidencial con su visita a Washington D.C.

López Obrador se sabe menos, sabe que sus complejos no son por que sí, y para qué andar saliendo para andar dando vergüenza.

Pero como no le alcanzan a López Obrador las afrentas que le está haciendo a los mexicanos, los más de 250 mil muertos por la pandemia en el país, ni los niños con cáncer que mueren sin medicamentos, ni los feminicidios, ni la violencia, también se encarga de enviar a su esposa para hacer quedar mal a todos los mexicanos en el extranjero.

Ya que no puede López Obrador resolver un solo problema del presente, mejor trata de que todos miren el pasado. Lo otro sería mirar lo que está haciendo él.

Así podría pasarse López Obrador el resto de vida que le quede mientras esté en el poder, haciendo actos de campaña en vez de gobernar con una estrategia de política exterior basada en tratar de que le pidan perdón a México todos los personajes posibles por actos del pasado.

Cabe preguntarse ¿qué sigue?, ¿si ahora le pedirá prestado el penacho de Moctezuma a Austria, para ponérselo y salir al balcón del Palacio?

Experto en manipulación, López Obrador se afana por hacer que los medios, la población y el mundo miren para cualquier otro lado, menos lo que está haciendo él, mientras se alza con todo el dinero posible con el pretexto de que había corrupción. Como un zorro que disfrazado de oveja argumenta que va a cuidar las gallinas porque si no hay quienes se las comen.

El tema de los fideicomisos.

López Obrador se robó el dinero de los fideicomisos. Esa es la única verdad. El dinero que se está llevando no tendrá ningún control de lo que hagan con él. Pero a López Obrador no hay dinero que le alcance. La necesidad de dinero para comprar votos de López Obrador es directamente proporcional al tamaño de su inutilidad. López Obrador actúa como el que sabe que no tiene méritos, en este caso, quiere reemplazar la falta de valía propia por la corrupción, que eso es la compra de votos, no ninguna otra cosa. Sabe mejor que nadie que no tiene ningún resultado positivo de su gobierno, sabe también que nunca los tendrá. Sabe que sus tres obras faraónicas: el Tren Maya, Santa Lucía y Dos Bocas costarán mucho más de lo que dijeron inicialmente, porque las tres comenzaron sin tener ni siquiera un proyecto ejecutivo, ni planos en alguno de los casos.

Así que los que esperan que esto cambie, que el presidente entienda, que ya no continúe saqueando los bienes de los mexicanos, podrán seguir esperando nomás. Por eso la consigna de máxima que levantan los de FRENA de exigir su renuncia es tan vital, como la supervivencia de la nación. Exigir la renuncia de López Obrador no es un capricho, no es una consigna política nada más, es el único camino de cualquier ciudadano que quiera a México y que decida no quedarse mirando mientras López Obrador destruye México.

Sobre FRENA

Es cierto que Gilberto Lozano tiene un discurso que no es para nada político. Lo que debe entender es que no le sirve para construir políticamente. A pesar de eso, FRENA es la única expresión visible, real en el país del creciente y enorme descontento que se vive en contra del gobierno de López Obrador.

FRENA parece extremista por algunas consignas que levanta y algunos conceptos elegidos en su discurso, como que “México no será comunista” y esto a muchos les parece una exageración. Pero ¿acaso el modelo de López Obrador no es el de Venezuela? ¿No sobran muestras para darse cuenta que el modelo político de López Obrador es el mismo que el de Venezuela?

El día de ayer, el economista Rodrigo Morales Elcoro, publicó en el periódico Reforma, una columna donde dice que no vamos hacia el comunismo, sino hacia un capitalismo de cuates. Es uno de los argumentos con los que descalifica a FRENA. Al respecto, Rodrigo Morales Elcoro debería informarse mejor, porque en el modelo político de Venezuela sí existe una nueva oligarquía, que saquea al país, mientras usa como instrumento un discurso revolucionario. Que no es ninguna otra cosa que solo eso, un discurso. También recomienda Morales Elcoro para combatir el autoritarismo de López Obrador cosas como estas: “suscribámonos a servicios informativos que investigan a profundidad, donar a centros de investigación, apoyar solidariamente a quienes han sufrido por esta pandemia”. Son buenas intenciones, pero alguien le debería contar a Rodrigo Morales Elcoro que con esas cosas no se derroca una dictadura. Las dictaduras se van cuando ya no pueden gobernar. Solo en ese caso se van. En ningún lugar del mundo, ninguna dictadura se ha ido porque se lo pidan. En ninguno.

Y Morales Elcoro termina diciendo que “no hay soluciones mágicas más que ejercer una ciudadanía más lúcida y generosa.” Que no hay soluciones mágicas es cierto. Que estar mejor informados como ciudadanía hace falta, también, pero eso lo incluye a él. Porque la democracia también se defiende en la calle. La democracia no es solo el acto de ir a votar. Pensar que la democracia se restringe al día de la votación es infantilismo político.

Morales Elcoro también llama a rechazar los discursos de odio. En esto tiene razón. En ese sentido alguien le debería decir a Gilberto Lozano, líder de FRENA, que los discursos políticos no son para hacer catarsis, no son para desahogar su bronca personal. Para eso está el psicólogo. El discurso político debe tener un propósito de construcción política, en función de los objetivos que su movimiento se propone alcanzar.

Hace falta construir una enorme alternativa de oposición política para frenar de verdad a López Obrador, y así terminar con el saqueo que su gobierno le está haciendo al país. Pero el liderazgo de esa alternativa no la tendrán los más exaltados, los que más bronca expresen, sino los que de manera sensata, se presenten ante la ciudadanía como una alternativa real, para construir un país mejor.

Los provocadores que atacan a FRENA

Cuando López Obrador dice que el plantón de FRENA en el Zócalo no le molesta, por supuesto que miente, como lo hace en casi todo. La mejor muestra es el envío de provocadores que de forma permanente se hacen pasar por simpatizantes de Morena y hostigan e insultan a los adherentes de FRENA que están en el Zócalo.

Por la supervivencia de esa protesta, y por la integridad física de quienes en ella participan, FRENA debería darse una estrategia para seguir haciendo crecer el plantón del Zócalo, y con ellos la cantidad de gente que participa y por lo mismo la seguridad del mismo, porque apenas pueda López Obrador les enviará a la CNTE, o a algún otro grupo de provocadores a agredirlos físicamente. No se puede esperar civilidad de parte de López Obrador. No la tienen ni dentro de Morena, para muestra el desastre de su proceso interno para elegir a quien dirija ese instituto político. Estamos ante un gobierno de saqueadores, que no tiene el menor pudor para pasar por encima de la Ley, o para extorsionar ministros de la Suprema Corte, o para utilizar métodos que nada tienen que ver con la democracia.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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