Espada de Dos Manos

Por Marcelo Fabián Monges / Escritor y periodista

Si usted está en un auto que va por el segundo piso de la Ciudad de México, y el que maneja está borracho y va zigzagueando y comienza a raspar el automóvil contra las barreras de contención de un lado y luego del otro, si usted y los que van en ese carro, no tienen el carácter, la decisión, para quitarle el volante al conductor, usted tiene todas las probabilidades de caer al abismo.

Ante una situación como esa, que le puede pasar a cualquiera, sobre todo si no se ha percatado antes de subir al auto del estado del conductor, la única alternativa es actuar. Y las decisiones límite, en prácticamente todos los casos, exigen actuar inmediatamente. En el 90 por ciento de los casos, si no es que en el cien por ciento, las situaciones límite exigen actuar YA. Poder actuar ya, implica una serie de condiciones como entendimiento rápido, asimilación de la información y de la situación rápidamente, coraje, decisión, determinación. Y la capacidad de asumir los riesgos de actuar. No hacer nada, en un caso como el del conductor borracho arriba del segundo piso, tal vez nos ahorre un problema con el conductor, pero tienes el 90 por ciento de terminar en el abismo por no ser capaz de actuar decididamente. También la evaluación de optar por el mal menor debe ser inmediata. En este caso será mucho mejor, tener un problema muy serio con el conductor, que caer al abismo.

El ejemplo del caso del conductor borracho en el segundo piso del periférico, es exactamente el caso de lo que le está sucediendo a México con López Obrador, como conductor del país, en medio de una pandemia mundial.

Para decirlo con peras y manzanas: Si la sociedad mexicana, con todos sus emergentes sociales (personas públicas, funcionarios de primer nivel, periodistas y líderes de opinión, dirigentes sociales, etc.) no son capaces de actuar, y enderezarle el volante al conductor del país, o quitarle el volante a López Obrador, terminará en el abismo.

Si nadie, ni la justicia, ni la Suprema Corte de Justicia, ni el Congreso, ni la sociedad son capaces de corregirle el rumbo a López Obrador o quitarle el volante, es decir, destituirlo si hace falta, México terminará en el abismo.

Sobran las pruebas de que López Obrador no sabe lo que hace frente a la pandemia. Desde sacar sus amuletos en las conferencias de prensa mañaneras, un día los detente, otro día el trébol de seis hojas, hasta lo que hizo este lunes, de decir en la conferencia mañanera que le quiere hacer una propuesta a los “médicos de salud” y cuando una reportera le pregunta “ ¿cuál es la propuesta presidente? Responde: “La mano en el corazón”, con la mano en el corazón”.

En México no se hacen pruebas. El gobierno le ha prohibido a los laboratorios privados hacer los exámenes de coronavirus, al menos hasta que hagan trámites y que la burocracia de la Secretaría de Salud se los apruebe. La emergencia ya llegó, pero el gobierno quiere esperar para tomar cualquier tipo de medidas. La columnista PenileyRamírez publicó en El Universal, el 20 de marzo,un texto que tituló: “Esto está pasando en los hospitales” donde dice que de acuerdo al Sistema único Automatizado de Vigilancia Epidemiológica, en la semana anterior al 20 de marzo, se registraban en México 40 mil 220 casos ( Cuarenta mil doscientos veinte casos) de personas con infecciones respiratorias agudas. “El mismo sistema anuncia que solo 164 casos fueron por coronavirus.” Hasta esa fecha, solo 164 casos de coronavirus. En México se están haciendo un número muy limitado de pruebas de coronavirus. Esa es la causa real del por qué no hay más casos de coronavirus. Como no se hace la prueba, no se sabe si hay más casos o no, y el gobierno ni quiere saber. Este domingo, en un restaurante medio casero en Oaxaca, siguiendo “la ruta de las garnachas de López Obrador”, como escribió un usuario en twitter, a través de un video López Obrador se permitió recomendar que “No dejen de salir, todavía estamos en la primera fase”. “Yo les voy a decir cuando no salgan”. Lo que contradice lo que está haciendo todo el resto del mundo.

Resulta ocioso enumerar todos los errores, horrores, y barbaridades, que se han dicho desde el gobierno de López Obrador, tanto desde el púlpito presidencial, o su tribuna de campaña, o desde los mensajes emitidos por el delirante subsecretario de Salud Hugo Gatell.

Cualquier ciudadano bien informado tiene datos de sobra para poder concluir que López Obrador no sabe lo que hace. No sabe lo que hace habitualmente, mucho menos en medio de la pandemia.

Entre los grupos de comandos israelíes, que son los mejores del mundo, o entre los miembros de los Servicio Aéreo Especial, que constituyen la fuerza de comandos especiales ingleses, los segundos considerados mejores del mundo, ante cada operativo que tienen que llevar a cabo, los que dirigen el operativo no son los de mayor rango, sino los que más saben para ese operativo. Por ejemplo, si el operativo es la voladura de un puente, lo dirigirá el experto en explosivos, si el operativo es un rescate de rehenes, lo dirigirá el experto en rescate de rehenes, no el coronel o el capitán, o quien tenga más rango. Lo mismo se necesita frente a cualquier situación límite. Algo que como sociedad los mexicanos hoy están totalmente impedidos de hacer. Por el contrario, quien conduce, que es López Obrador, está completamente perdido ante la pandemia.

Para actuar rápido ante la pandemia, México tiene varios inconvenientes culturales, esto más allá de que López Obrador es la suma de toda la ignorancia posible para actuar contra la pandemia.

El ahorita

El “ahorita” es un forma de pensamiento. No es solo un concepto. No es solo una expresión verbal. El ahorita es un tiempo indefinido que no exige apuro, por el contrario, es una forma de tomarse un permiso de tiempo, para hacerlo más adelante, o cuando les venga la gana. Esto, que es además una costumbre cultural, que hace la vida más lenta que en otros lugares, ha acostumbrado a esta sociedad desde tiempos ancestrales a reaccionar más despacio. Esta forma de tranquilidad mal entendida, que está más cerca de la falta de voluntad que de otra cosa, en situaciones límite no ayuda para nada.

El Tlatoani

Mucho antes de la conquista por parte de los españoles, los mexicas, y en general casi todos los pueblos originarios de Mesoamérica, cultivaron el culto al Tlatoani. El Tlatoani era el nombre dado a los gobernantes de una ciudad. Cuando tenía en sus manos el gobierno de varias ciudades era denominado Huey Tlatoani.La palabra del Tlatoani era casi indiscutible.

En México, este culto al Tlatoani y el miedo a esta figura ha plasmado en el inconsciente colectivo el mito de la autoridad. El mito de la autoridad va acompañado del miedo a la autoridad. Algo que está más allá del respeto. Una cosa es el respeto y otra es el miedo. Si una autoridad está equivocada lo inteligente es cuestionarla, aunque está bien que se lo haga con respeto.  Esto hace en la práctica que en muchos centros de trabajo, incluso en las costumbres de la clase política, a la autoridad o al jefe, según sea el caso, no se le discute ni se le cuestiona.

El mande

A la subordinación cultural, proveniente en un principio de culto y del miedo al Tlatoani, se le sumó durante la conquista la forma de pensamiento de subordinación del “Mande”.Al mande lo impusieron los conquistadores desde luego. Decir mande, para comenzar a hablar, como primera respuesta, no solamente constituye una expresión cultural arraigada en las costumbres, también constituye una forma de pensamiento, a través de la cual el mexicano está mostrando su disposición a obedecer primero que todo. Esta forma de moldear el pensamiento de los mexicanos, por parte de los colonizadores, aún permanece vigente, como lo permanece el uso de la expresión mande.

Teniendo en cuenta estas consideraciones es más fácil entender por qué en México, la prensa, los líderes de opinión, los conductores de televisión, no se permiten o no se pueden permitir cuestionar airadamente a un presidente que no sabe lo que habla ni lo que hace frente a la pandemia, ni a un subsecretario de Salud como Hugo Gatell que sostiene expresiones que parecen sacadas de una muy mala película cómica. Como por ejemplo que el cierre de fronteras ante la pandemia no tiene un fundamento científico, o como que no es importante hacer pruebas para saber quiénes tienen coronavirus, o como que la fuerza del presidente para combatir la pandemia es moral. Todas aberraciones que no resisten el menor razonamiento.

Pero ante estas barbaridades, frente al conductor borracho que va zigzagueando en el segundo piso, la prensa sigue tratando con toda propiedad al subsecretario de salud Hugo Gatell y al presidente López Obrador. Pareciera que se confunde educación con sumisión y falta de coraje.

La educación es buena. Es un valor indiscutible. Los mexicanos en las formas la tiene en general, como pueblo, hasta en la última comunidad. Pero ¿De qué te sirve la cuidar las formas mientras te están matando? ¿ Deque te sirve cuidar las formas mientras están en riego millones de seres humanos? ¿Si lo que hace falta es hablar claro y fuerte para evitar la tragedia?

En México hay otros actores políticos y sociales muy importantes para poder reclamarle al presidente que tome las medidas necesarias, entre ellos los gobernadores, los diputados y los Senadores. En el caso de los gobernadores no se atreven a cuestionar al presidente, porque saben que si lo hacen se ganarán un enemigo. Y parecen saberlo todos después de lo que le sucedió a la gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso y a su esposo el Senador Moreno Valle, con el helicopterazo. Que en parte seguramente ese fue el mensaje, algo así como “a ver quién me desafía y se mete conmigo”.

En otros países, los gobernadores le están pidiendo a su presidente que declare el estado de sitio frente a la pandemia, para evitar los caos de los ciudadanos que no cumplen con la cuarentena.Esto sucede en Brasil, en Argentina, el mismo Trump tiene diferencia con sus gobernadores dentro de Estados Unidos. En México no, los gobernadores en México parecen los tiernos corderos de un hermoso rebaño.

En cuanto a los diputados y a los senadores, estos no tienen más esperanzas y perspectivas que conservar sus huesos y sus privilegios. No están ellos para salvar a México, ni para evitar miles de muertos. En el caso de la mayoría de los legisladores de Morena, están más preocupados por seguir siendo maiceados por el Poder Ejecutivo y hacer la voluntad del presidente para conseguir sus favores que en reclamar que se tomen las medidas adecuadas para enfrentar la pandemia del coronavirus. Una actitud que por más que la disfracen como quieran es a todas luces poco moral, y sobre todo poco humanista frente al riesgo de contagio de miles de ciudadanos por el hecho de que no se tomen las medidas adecuadas. En cuanto a los senadores y diputados que son de la oposición, solo el PAN ha levantado más la voz, y Movimiento Ciudadano que se atrevió a pedir la muy necesaria renuncia de López Gatell. El resto está conforme con lo que cobra, en su zona de confort, tranquilos, sentados en sus butacas y haciendo sus propios negocios. Hasta este martes por lo menos, después estarán en sus casas.

En cuanto a la Suprema Corte de Justicia, si de verdad fuera independiente, y su labor no fuera la de garantizar el 99 por ciento de los delitos que no se castigan en México, ya debería estar procesando al presidente López Obrador por negligencia, por violar la Ley de Responsabilidades de Funcionarios Públicos y por muchos otros delitos, cometidos solo por el hecho de no tomar medidas ante la pandemia.

Pero no, en México es costumbre esperar. Y esperar sin tomar acciones en una situación límite.Es muy probable que haga que termines con el techo encima de la cabeza, por ejemplo, en caso de que la situación límite fuera un sismo.

La sumisión puede tener muchos pretextos. Pero siempre tendrá muy malos resultados.

Cualquiera entrenado para situaciones límites, ya sea un soldado, un comando, un experto, un científico, un bombero, un médico de urgencias, sabe que ante estos casos, siempre hay que tener como premisa “¡actuar YA! Y que no hacerlo, provocará un desastre. También alguien entrenado para estos casos, sabe que siempre hay que prepararse para el peor escenario. No porque vaya a suceder seguro, sino justamente para saber qué hacer en caso de que llegue, y para tratar de evitarlo.

La buena fe

La buena fe es la base necesaria para una relación sana entre los seres humanos. Si algo tienen los mexicanos es buena fe. Pero si uno le suma a la buena fe cierta inocencia el resultado puede ser que alguien se aproveche de uno. Y esto es lo que sucede con López Obrador mintiéndole a los mexicanos como a niños en medio de la pandemia. Saliendo a decir que tenían un plan desde hace tres meses para enfrentar a coronavirus. Por buena fe los mexicanos esperan que López Obrador haga lo que le corresponde en medio de la pandemia y tome las medidas necesarias, pero López Obrador no lo va a hacer, simplemente porque no comprende la realidad, su visión de aldea no le permite poder mirar y comprender lo que está sucediendo en el mundo. Si a esta situación le sumamos un grado muy fuerte de ignorancia, entonces podemos se puede entender a muchas personas que en México dicen que el coronavirus y la pandemia no existen e incluso se entiende las aptitudes del gobierno de López Obrador.

El Peor escenario

En México, el peor escenario se podría ver cuando nos sobren los muertos por la pandemia. No por las cifras oficiales, porque el gobierno de López Obrador seguirá mintiendo y las seguirá ocultando, sino porque no entren la cantidad de muertos en los cementerios. El peor escenario es que suceda lo que está pasando en Italia, que tiene los cementerios desbordados, que incineran a los muertos porque no tienen dónde enterrarlos, con un sistema de salud totalmente sobrepasado. Con m+ás de 2700 médico infectados de coronavirus. Hay que agregarle que el sistema de salud de México está muy lejos, pero muy lejos de ser de primer mundo. El país cuenta con dos mil 500 camas de cuidados intensivos según el propio gobierno. O cuando haya videos de personas que se caen solas en la calle por coronavirus, como sucedió en China. No quiere decir que este escenario necesariamente va a suceder, ojalá y no lleguemos nunca a eso, pero es hacia donde nos conduce el gobierno de López Obrador al insistir en no tomar medidas frente a la pandemia, contradiciendo a todo el mundo.

Si López Obrador se siente inmune a la pandemia, y siente que tiene la suprema protección de la entidad que sea, debería pensar en los demás, porque esa protección no incluye a todos los ciudadanos mexicanos. López Obrador actúa frente a la pandemia como el gran egoísta que es, primero le importa su imagen, después la imagen de su gobierno, después la economía, y así sigue su lista de prioridades en donde no está la salud de los mexicanos.

La pandemia del coronavirus en México puede ser una gran lección social si se aprovecha, en donde los ciudadanos pagarán el precio, con muertos por no hacer nada, por no ser capaces de forzar a su gobierno a tomar las medidas que corresponden, otros por creer en un mesías que cree en amuletos en vez de escuchar a la Organización Mundial de la Salud y de mirar lo que hace el resto del mundo, y todos por no ser capaces de exigirle la renuncia a un conductor, que en medio del segundo piso, borracho ( de poder en el caso de López Obrador) los conducirá al precipicio.

La pandemia dejará muchas lecciones para toda la humanidad. No solo para la comunidad científica, sino para todos los millones de personas que están en cuarentena en este momento en decenas de países. De la misma forma, la pandemia dejará muchas lecciones para todos los mexicanos. La clave está en saberlas ver y asimilar.

Con un dólar, que este lunes que cerró en a $25.68 pesos, el valor más bajo del peso desde que se tiene registro según el Banco de México, con el barril de petróleo a 15 pesos, cuando la mayor apuesta del gobierno de López Obrador la hizo por el petróleo, cancelando una cervecera cuando ya había contratos y demás, y con eso cancelando la confianza de las inversiones privadas, si le sumamos los efectos de la pandemia, que traerá recesión en todo el mundo, a la que no podrá escaparse México aunque López Obrador niegue la realidad, el gobierno de la 4aTransformación está política, económica y moralmente acabado. Lo importante de actuar a tiempo ante la pandemia no es para demostrar políticamente lo que es el gobierno de López Obrador, que solo se cae a pedazos, sino para salvar miles de vidas, para evitar los contagios. Para sobrevivir a la tragedia.

El gobierno de López Obrador ya está terminado. López Obrador no tiene recetas ni solución. Solo seguirá por el mismo camino alardeando su terquedad. La recesión mundial que se viene agarrará a México fuera de foco y con López Obrador en el timón del barco. López Obrador en 2021 solo podría ganar las elecciones intermedias, o cualquier otra en lo sucesivo con fraude. Que no hay que extrañarse si lo hace. Acelerar los tiempos de López Obrador no es una cuestión para terminar con Morenapolíticamente. Debe ser una cuestión de supervivencia ante la ineptitud frente a la pandemia. La única forma de evitar miles de muertos. Revelarse y terminar con la sumisión al gobierno, y no hacerle caso a López Obrador con su recomendación de salir, contrarias a todo el mundo, es la única forma y posibilidad de que una persona no se contagie y no contagie a los demás. Si en el Congreso no hubiera un conjunto de maiceados, buscadores y cuidadores de huesos, y moralmente estuvieran a la altura de las circunstancias, estarían promoviendo la destitución de López Obrador, por incapacidad mental y moral frente a la crisis y la pandemia, y lo estarían reemplazando por alguien que sepa qué hacer en medio de la crisis y de la tormenta.

La ONU, a través de su cuenta de twitter, Noticias ONU, hace saber que: “Se ha informado de más de 300,000 casos de #COVID19 en casi todos los países del mundo. La pandemia se está acelerando. Tardó 67 días en alcanzar 100,000 casos, 11 días en alcanzar 200,000 y 4 días en llegar a 300,000".

En México, entre más se demore en reaccionar, mientras más se tolere la ineptitud del gobierno de López Obrador, más lejos estaremos de las soluciones, más tiempo durará la pandemia, y más muertos provocará, más allá de qué tanto logre ocultarlos el gobierno federal o no. El gobierno de López Obrador ya está rebasado. Al no hacer nada está completamente rebasado. Ahora las soluciones tendrán que venir por parte de los ciudadanos.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

Imagen de Marcelo Fabián Monges

Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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