Por Fidel Huitrón

A los 17 años empecé a trabajar con un grupo de rock. 6 meses después ya era el responsable de la logística sobre el escenario de una gira nacional de conciertos con las bandas del momento. Eran otros tiempos, más ingenuos. Hablaré más adelante sobre ellos.  

El caso es que desde que estuve tras un escenario quedé cautivado con la experiencia y, a pesar de mi escasa madurez e inteligencia, ya lo suponía como un enorme negocio que en algún momento se volvería más importante que la compra del cassette del artista. Esta predicción se volvería teoría cuando trabajé en Tower Records y conocí el enorme negocio detrás de la venta del Compact Disc: ganancias de las disqueras de hasta un 90%, álbumes hechos a modo y artistas formulados para vender. Una mina de oro que la avaricia de unos cuantos, el hartazgo de la gente y el surgimiento de herramientas como Napster, terminaron por derrumbar.   

Siempre han existido los conciertos. Iniciaron como eventos para lanzar un nuevo disco y en su mayoría consistían en presentarse en las ciudades que las estaciones de radio indicaban con mayor cantidad de fans. Esto no les quita nada de espectacularidad, pero en pocos intervenía mayor producción que el artista bien arreglado y los instrumentos relucientes.  

Y aquí es donde surge la primer época de oro de los conciertos. Artistas con nada más que su talento ofreciendo presentaciones memorables, dejando todo en el escenario y conectando con los espectadores en un modo personal. Muchas leyendas de la música nos convencieron después de verlos en vivo.  

Y aún sin contar con redes sociales se corría el rumor de presentaciones épicas, de nuevas versiones a temas exitosos y de colaboraciones sorpresa que sólo podían existir por una noche. La gente empezó a querer ser parte de esta nueva manifestación que completaba la experiencia de un álbum y, para bien y para mal, se volvió un negocio.   

Estamos por terminar 2018 y México ya es una potencia en conciertos. Atrás quedó el tiempo en que había un concierto internacional cada 5 años o cuando debíamos esperar a que las estrellas dejaran de brillar para que consideraran venir. Ahora somos parte de sus giras internacionales y artistas actuales con un solo sencillo ya se presentan en nuestros escenarios. El negocio de la música cambió y ahora se gana más por presentaciones en vivo que por el disco; las producciones han tomado un nivel altísimo y vemos cosas sobre el escenario que jamás pensamos pudieran ser  creadas. Es una experiencia que ya tiene todos los atributos para ser juzgada por separado.   

Este espacio será para hablar de la música en vivo y algunas otras cosas que estén alrededor. Y no podríamos empezar sin mencionar el que es considerado el concierto más grande de todos los tiempos.  

Sea así, god save the queen.  

12 de julio de 1986 

Segundo de dos conciertos en el Estadio Wembley, Inglaterra.  

Gira Magic Tour de Queen  

28 canciones. La leyenda de Mercury iniciaba.  

 

  

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Fidel Huitrón

Todo sea por la maldita música