Por Gerson Gómez Salas

Hierve el descontento en la república del norte. Lo ha generado el golpeteo mediático. La acusación grave sobre el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La polarización informática muestra sesgo. Enciende la violencia en tiempos descompuestos. Perdemos la mesura, la exploración para consultar las fuentes, la explicación sensata.

Los medianos empresarios y los pequeños acusan de abandono al gobierno federal. Con las medidas restrictivas de los semáforos de la nueva normalidad, el caos destruye parejo.

Surfear las olas crecientes de imposibilidad de pago, de supervivencia, en un país en desarrollo y frágil como México, ha demostrado con suficiencia, el carácter de corrupción de los gobiernos emanados del PRI y del PAN.

Toda la simulación de progreso, avance y bienestar, han venido a dar al traste en el gobierno de AMLO. Cada una de las protestas en escalada tiene su rostro y lleva su apellido.

Es entendible su queja de vilipendiarle. Del presidente más odiado de la historia. En eso se equivoca Andrés, como en muchos otros temas a discusión y posturas confusas.

El presidente más odiado, sin duda, es el General Porfirio Díaz. Sus restos aún duermen en un miserable mausoleo en la ciudad de París. Después de haber incendiado civilmente un país con una paz simulada por treinta años. Al generar la primera revolución social del siglo XX en el mundo.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

 

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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