Por Gerson Gómez Salas

Se lo advertí a mi hermana. Por nada del mundo voy a dejar el crucero de verano en las Bahamas. Ya lo tengo planeado. En el Palacio de Hierro de San Pedro surtí todo el guarda ropa para la aventura. Ya no tenemos necesidad de estar cuidando a los güercos. 

Cada uno ya hizo su vida. Incluso Alejandro, quien salió rebelde, nos prometió, a su papá y a mí, no meterse en problemas. Bien sabes cómo le gustan las fiestas. Andar a deshoras en el centrito. Como si fuera adolescente.

No estuvo de más echarle una llamada a Miguel, el alcalde de municipio, para encargarle a los oficiales de Politran se comporten a la altura. Nuestro apellido jamás se ha manchado en doscientos años en la ciudad, con el patriarca Vidaurri todo se mantuvo en orden. 

Mamá está por morirse y no termina de hacerlo. Cada día se hace más pesado ir a visitarla a la casa de reposo en el Obispado. Fue toda una odisea sacarla de la casa familiar. Se resistió hasta lo último.

El simple acto de cruzar el túnel de la Loma Larga es toda una aventura.

Tanto tráfico en las avenidas. La nata gris de polución. Es la mierda flotando sobre Monterrey. Con mis amigas del Campestre pasamos la alerta roja a nuestros empleados, para sus parejas e hijos.

Si van a Monterrey utilicen tapabocas. Nos estamos enfermando con tanta frecuencia. Por nada del mundo visiten el Seguro Social. La inversión más importante es el seguro de gastos médicos mayores. Presumen ir al gimnasio por la madrugada cuando es tan peligroso estar en la calle. Con tanto veganismo están enfermando por falta de proteína. Nada como un buen bisteck y sus tres complementos además del postre. 

A mamá le pudo mucho la partida física de mi hermano mayor. En cascada se fue debilitando el ánimo. Por las noches le ayudaba a dormir la enfermera suministrando clonazepan en gotas. Sus veinte gotitas de dosis. Cerraba los ojos y hasta el otro día daba lata a media mañana.

De una semana para otra nos confundió a mi hermana y a mí. Insistiendo en la hora de llegada de nuestro hermano. Me fastidió una tarde. Entiende mamá, Ernesto ya no está en nuestra dimensión.

Se puso de pie, dio el portazo severo y le pidió al mozo invitarnos a salir de su propiedad. Si todos vivimos en la misma manzana. Es nuestra finca en la parte alta de la Sierra Madre, apenas debajo de Chipinque.

A los dos días la enfermera me llamó diciendo notar muy distraída a mamá. ¿pero está durmiendo bien? ¿le estas dando el medicamento? 

Recomendó llevarla con el geriatra Conchello. Así lo hicimos. Ahí comenzó el rosario de exámenes en el Muguerza. Análisis de sangre, orina y excremento. Detectaron artritis, principios de Alzheimer agudizada con depresión y demencia senil. Nos sugirió pasarla a una casa de reposo.

Lo hablamos en plenaria familiar mi hermana y yo con nuestras parejas. La determinación fue democrática. Como en las juntas de consejo en sus empresas. Escuchamos los pros y los contras. Me pudo mucho, pero es por su bien. Además la atención es las 24 horas y la podemos monitorear por internet, desde los celulares. Eso fue todo alivio.

Con lo del fideicomiso de papá cubrimos su traslado a la casa de reposo. Mamá nos miraba como fiera enjaulada. A fin de cuentas, no nos separamos, sino la pusimos en mejores manos.

El deterioro de su salud corrió de manera acelerada. Nos resultó inexplicable. El geriatra mostró en el consultorio cómo funciona la mente de los adultos. El retroceso hasta convertirse en infantes.

Muchas veces escuché a mamá en sus sueños hablarle a su mamá. Decir ya ven por mí. Quiero ir a mi casa.

En un viernes de verano mamá cayó en agonía. Sus partes pudendas cubiertas con llagas. Le pedimos al doctor usar morfina no paliativa, sino acelerar el proceso hacia el duelo.

Firmamos la responsiva, así como la negativa a no resucitar en caso de caer en paro respiratorio. Nos mencionó la posibilidad de dos meses antes del evento, como le llaman discretos y respetuosos a la muerte.

En solo dos días mamá falleció, se quedó dormida en su recamara en la casa de reposo. Vi en el monitor del celular cuando partió al cosmos, a reunirse su alma con la de sus padres, esposo y la de mi hermano.

Debemos ser fuertes le dije a mi hermana. Ella estuvo de acuerdo. Ahora nos corresponde a nosotras estar al frente de su ejemplo de bondad y entereza. Se llenó de condolencias en los periódicos e incluso en la televisión se hizo un apartado en la sección de noticias para compartir el deceso.

Aun así le dije a mi hermana, no voy cancelar mi crucero de verano.

Volvimos a reunirnos, ahora en la casa de mamá. En su ausencia, decidimos posponer las exequias. Con el permiso de nuestros esposos alquilamos una gaveta refrigerada en la funeraria. Tendríamos dos meses de viaje.

Al regreso, organizaremos su sepelio y funeral como ella hubiera querido. Como debe ser, cristianamente.

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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