Por Francisco X. López

El 19 de diciembre de 1919, Elzie Crisler Segar presentó al mundo The Thimble Theatre (El Teatro de Dedales), una tira donde un pequeño grupo de personajes interpretaba papeles inspirados en pequeños dramas y chistes, los protagonistas eran Harold Hamgravy y Olive Oyl.

Olive, Rosario, Olga o simplemente Oliva, nació como una simple damisela en desgracia, siendo objeto de situaciones cómicas y burlas hacia su deseo de mejorar su situación social y económica, pero con el tiempo fue desarrollando una personalidad más fuerte, incluso dominante, la cual le sirvió para ser considerada un símbolo del feminismo, la igualdad, la independencia y, en tiempos recientes, un ícono de la moda.

Se puede decir que su evolución se debe a la presencia de cierto marinero que le robó el corazón y le hizo olvidar a su primer amor, quien no sólo se fue de su vida, también desapareció de los cómics; pero 90 años después mucho se sigue discutiendo sobre la personalidad de la flaca, pues sus contradicciones no se restringen a la página impresa. Tal parece que cada quien se permite usar a Oliva como un vehículo para expresar sus propias ideas sobre el feminismo.

En su primera versión animada le vemos como el eje de un triángulo “romántico” junto a Popeye y Bluto, adoptando poses y acciones más femeninas y sensuales, incluso con una figura con más curvas, capaz de enloquecer a los hombres con una simple caída de ojos. Años después toma un papel más activo, participando en aventuras y llegando incluso a ser investigadora privada en su propia serie Private Olive Oyl, a finales de los 70. Los lectores entrados en años quizá recuerden La Búsqueda del Tesoro, donde Oliva era socia de Popeye en sus aventuras a través del mundo.

Mientras tanto en los cómics y en las tiras diarias la vemos como una mujer veleidosa, testaruda, mandona, posesiva, a veces egoísta y por momentos vanidosa, pero siempre dispuesta a defender sus ideas, ya sea discutiendo o usando los puños.

Durante décadas, Oliva se mantuvo a la sombra de Popeye, hasta que en este siglo comenzó a comercializarse con su propia licencia. Esto la llevó a formar parte de líneas de diseñadores como Moschino y transformó una vez más su personalidad, ahora en una mujer independiente, sofisticada y fashionista.

Uno de los personajes femeninos más emblemáticos del siglo XX cumple su centenario de una manera por demás discreta e irónicamente desapercibida por los numerosos grupos feministas que un día sí y otro también se hacen presentes en los medios.

Sin superpoderes ni un físico perfecto, pero con un sex appeal innegable y atemporal, la chica favorita de Sweethaven nos recuerda que las mujeres no son fáciles de entender, pero precisamente esa incógnita, ese misterio, las hace fascinantes.

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Francisco Xavier Lopez Martinez


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