San Sebastián (España), 19 sep (EFE).- Tras rodar la durísima y reveladora "Gracias a Dios" (2018), François Ozon necesitaba "algo más ligero". Recordó una novela de amores homosexuales que había leído de jovencito, "Dance On My Grave", de Aidan Chambers, y pensó que siempre se quedó con las ganas de verla convertida en película.

Así que decidió rodarla. Ahora. "Antes me sentía demasiado cerca de los personajes, necesitaba distancia, tengo más de 50 años y más ternura. Si la hubiera hecho entonces habría sido más violenta", explicó el realizador francés vía satélite en una rueda de prensa en el Festival de San Sebastián al que no ha podido asistir por el positivo en coronavirus del actor Felix Lefebvre, con el que cenó días atrás.

A la espera de los resultados de su test, Ozon se ha conectado desde París virtualmente para hablar de una película con la que vuelve a competir en el certamen español, donde es un "imprescindible": cinco veces en la sección oficial y ganador de la Concha de Oro por "Dans la maison" (2012).

Entre Lefebvre, frente a él en otro plasma, y Ozon, físicamente sentado (y con una pierna rota), el joven Benjamin Voisin, que ha mantenido el pabellón de la película bien alto a base de sonrisas.

 

"Cuando releí la novela de Chambers -señaló Ozon- vi que contenía muchos temas de los que yo he introducido siempre en mi cine. Me pareció que era un momento ideal para hacer una adaptación que, por cierto, es bastante fiel al libro".

No obstante, añadió, "el tiempo pasado aporta un elemento de nostalgia, un sentimiento que creo que nos es muy cercano ahora por lo que nos está ocurriendo con esta pandemia, como si esa época del año 85 fuese un momento bendito que nos permitía ir a cualquier lado y besarnos y disfrutar de una manera más normal".

La película es un viaje al verano de 1985 cuando Alexis (Lefebvre), que roza los 16 años y vive en un hogar modesto, de padre estibador y proletario y madre depresiva, toma prestado el barco de un amigo y vuelca, en plena tormenta, en la costa de Normandía.

Cuando ya se ve perdido, aparece otra embarcación que maneja el experimentado David, un muchacho de 18, divertido y guapísimo, que le salva la vida. Entre ellos surge una amistad que acaba en romance, un primer amor explosivo y excluyente.

 

"Lo que más me gustó del libro era que no problematizaba la homosexualidad, era simplemente una historia de amor que podría haber sido entre dos chicas o entre un chico y una chica, el tema no era ese, sino cómo confrontar dos conceptos del amor, dos personajes que no bailan con la misma música".

Hasta ese libro todo lo que había leído Ozon sobre el tema eran representaciones "dolorosas, ligadas a la culpabilidad".

 

"En el 84 empezó a llegar el sida, además. Todo representaba un peso, un problema. La historia no evoluciona hacia el drama porque ser dos chicos, sino que encara la historia de amor de forma natural y sencilla", resumió el director de "Franz" (2016).

Desde su convalecencia en París, Lefebvre destacó que Voisin y él estuvieron trabajando los personajes dos meses, "nutriéndose" uno del otro, tanto en lo personal como en lo profesional, lo que les allanó mucho el camino de esa complicidad que salta a la vista en la pantalla.

Voisin, por su parte, quiso meter a su personaje en 2020, a pesar de que la historia ocurre en 1985; "eso fue lo más interesante, cómo se mezclaron las épocas".

Otro de los ejes de la cinta es su banda sonora, la de la adolescencia del propio Ozon, declarado fan de The Cure hasta el punto de cambiar el título de la película (que se iba a llamar "Verano del 84") para poder tener el permiso de Robert Smith y usar su canción "In Between Days", que se estrenó un año después.

 

"Ha sido un placer volver a ese periodo y recuperar esos fragmentos de música que me provocan nostalgia", afirmó Ozon.

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