Por María Fernanda Delgado.

 

El cine, como pocas expresiones artísticas, tiene el poder (cuándo se trata de una buena cinta) de atrapar tu atención, y brindarte lecciones importantes a través de sus metáforas y trama, logrando mostrarte algo que ignorabas por completo.

Este es el caso de “Querido Papá”, un cortometraje noruego sobre la violencia de género, que durante cinco minutos no da tregua, mostrando las diferentes maneras pasivas en las que este problema se presenta y perpetua en la sociedad.

 

En él, a través de una suerte de doble discurso se desarrolla la vida de una pequeña, que crece en medio del “Machismo Invisible” latente en su vida cotidiana, por parte de sus compañeros de escuela, conciudadanos y posteriormente de su pareja, del cual no puede escapar porque ni siquiera sabe que lo padece, debido a toda la violencia que recibió como riesgo colateral de su género.

El término  “Machismo Invisible”, define a la perfección la forma que está tomando este fenómeno en la actualidad, el cuál resulta mucho más sutil y peligroso, pues se presenta, entre muchos ejemplos, como “bromas inofensivas” en las que se permite hablar de una mujer como objeto sexual, cuando se asume que el hombre es más “fuerte, sabio y debe proteger” en igual medida que puede juzgar a las mujeres que le rodean, o se considera que “una mujer es responsable de lo que le pasa porque no se da a respetar”.

Citando a la autora y conferencista Marina Castañeda: “No es necesario ser mujer para ser víctima del machismo ni hombre para ejercerlo”, se nos explica que una de las máximas del machismo es su influencia universal, pues lo hacemos y lo sufrimos todos, al normalizar hechos e ideas nocivas sólo porque así han funcionado siempre las cosas.

Sin dudas el tema de los roles e identidades de género es un continente al que le queda mucho por explorar, pero se requiere de un ambiente de tolerancia, donde las personas tengan oportunidad de conocerse, aceptarse y por ende, la capacidad de respetar a quienes los rodean.

 

¿Es una condena ser mujer?

Lo que algunos consideran el afán de “unas mujeres” por obtener privilegios por encima de los hombres, o la frase gastada que una esposa desesperada dice en una película clásica, se convierte en realidad todos los días en muchas partes del mundo, sin importar el grado de desarrollo económico de la zona, donde el simple hecho pertenecer a un género te hace susceptible de discriminación, violencia e incluso puede terminar con tu vida.

Sin aminorar lo que ocurre en muchas zonas remotas del mundo, como la ablación genital en África, no se necesita ir lejos para ver despliegues de injusticias semejantes aquí, pues es común que cuando una mujer es violada lo primero que se juzga es su calidad moral antes que las acciones deleznables de sus agresores; sin contar que si tiene un embarazo no deseado le será imposible interrumpir su embarazo, o si legara a lograrlo el hecho la acompañará como una “mancha” toda su vida.

Y sí, si es una condena ser mujer cuando debes enfrentarte a tus deberes, vida escolar o profesional sabiendo que es una posibilidad no regresar a casa, desaparecer y que entonces tu única certeza será de que difícilmente van a encontrarte.

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