Por Gerson Gómez Salas

Desde lo alto de la torre de agua en la Fama II, el ermitaño observa siempre a los vecinos con sus prisas. Desde las cuatro de la mañana esperando los camiones de ruta al centro de Monterrey. Los cabellos mojados las damas, olorosas a perfumes de imitación. Los caballeros con la comida envuelta en papel estraza, listos para la talacha en la obra.

La pandemia es algo nuevo. En su espacio interior, ni los técnicos de Agua y Drenaje suben para dar mantenimiento al contenedor.  No la conoce, tampoco la ha oído nombrar. Hasta cuando pasó en el cielo del área metropolitana el helicóptero de Protección Civil con el altoparlante activado.

-Quédense en casa, no son vacaciones- estamos en marzo lo dice la inclinación del sol. Aún nos falta para la Semana Santa.

Es el castillo de ambas realidades. De la modernidad y la contemplación. Solo necesito muy poco de alimento. Para eso coloque una soga y llega hasta el piso. Tiro de la cuerda y va subiendo mi alimento. Defeco al aire libre por la noche. Cuando la paz de los vecinos se acuartelan. Orinar, en cualquier momento. Dando la espalda a la Huasteca.

-Muy raro, nadie me ha traído de comer, incluyendo a la niña con cara de perro y cuerpo de pecado. Tampoco huele los desechos de Protexa. No ha cambiado lo gris del cielo. Las pedreras deben continuar trabajando.

Puede ser un sabotaje. Los fierreros con sus camionetas o los carretones de basura no han pasado en días.

Seguramente los vecinos acaparan los desperdicios, los van a convertir en composta. Habrán escuchado del reciclaje. Mi lucha triunfará. Eso es seguro. Desde el exilio silencioso, mi decálogo de nuevas maneras para la supervivencia contra el cambio climático es ya una realidad.

Destapó la llave de emergencia del contendedor de agua de la FAMA II y dio tragos de alegría.

Otra vez el zancudo del helicóptero de Protección Civil le pasó por la cabeza. Con una cuerda desde el aire le deslizaron una cubeta, varios cubrebocas, un paquete de cuatro rollos de papel de baño, guantes de latex, cloro y desinfectante, con jabón Rosa Venus en presentación familiar.

Con el altoparlante le recordaron lavar las manos cada hora. Es una obligación del gobierno del Estado. Obedezca y quédese en su casa. En tu opinión, el tanque no solo era tu casa, sino el refugio de y para todos.

Estarías dispuesto a prestar las escaleras y hasta el lado sur del tanque a todos aquellos desplazados.

La niña con cara de perro y cuerpo de pecado pasó a llevarte las sobras de varias comidas. Jaló de la cuerda. Con el tirón te asomaste. En la duermevela de la tarde, después de varios días sin alimento, solo agua de tanque, las tripas pegadas al esternón exige alimento.

Era perfecta, desde tu cielo, verla cubierta del rostro. El contorno mágico de las caderas y la sobriedad de sus pechos norteños.

-Señor ermitaño, señor ermitaño, aquí le manda mi mamá comida. Aproveche para no dejar nada. Quien sabe cuando volvamos a salir. Hay un virus en todo el mundo. Dicen llegó de China. Yo no le entiendo mucho. Ya se acabó la escuela, los camiones los suspendieron por horarios. Las cantinas están cerradas. Dejaron de producir cerveza. No venden en las tiendas a los menores de edad. En las calles no se puede andar sin cubrebocas. Cerraron hasta las iglesias. La contaminación trae consigo las enfermedades respiratorias. Toda el área metropolitana el promedio de sobrevida es menos cinco.

-Muchos están muriendo. No hay inyección ni vacuna para evitar el contagio. En las salas de espera del Seguro Social no te atienden en urgencias. Ya terminé la preparatoria. La graduación fue en línea. El examen de selección para entrar en la Universidad también por internet.

Te hablo tan rápido y de tantas materias. Es imposible entender a bote pronto.

-La pandemia llegará muy pronto. Tenga mucho cuidado. Desde la ventana de casa lo veo todo el día. Usted es una especie de santo de los últimos días.

Esa manera de verte es todo un éxito. La primera convertida sin la necesidad de ropa de marca, peinados extrafalarios, cirugías para realzar los pobres atributos o para eliminar. Revivió la memoria de tus clases de docente en el ITESM, cuando no soportaste más la impertinencia de los alumnos.

Las vaciladas a tus costillas. El negro historial de los negocios de sus progenitores. La enfermedad y la muerte no distinguen clases sociales. Esa niña de cara de perro con nasabuco y cuerpo de pecado propaga la melodía del apocalipsis. El horror y la falta de aire, la infelicidad en el zénit de la Huasteca.

Importante: Este contenido está redactado en sentido literario y es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

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