Por Aranxa Albarrán Solleiro  / Confesiones de turista

Lo conocí un día del mes de marzo, su pasión era absoluta e inspiradora. Su amor por su patria se reflejaba en cada marca de su rostro y en el destello de sus pupilas. De sus manos se percibían las horas gastadas en la práctica constante para tocar sus cuerdas musicales y entonar canciones que poco a poco se fueron convirtiendo en un himno precioso.

Era 27 de noviembre, despertaba temprano como cada día, sus clases de guitarra iniciaban con mucha fe y valentía, pues a pesar de tener a un ejército en su contra por no aceptar su labor y amor por el arte y la música, se fulguraba de ánimo para continuar con los sueños que su abuelo materno le había inculcado.

Detrás del televisor seguramente se percibía la resonancia de las noticias cuando en ese momento arribaba la sección cultural: “El día de hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura declara al Mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Sus pasos se aligeraban y al mismo tiempo se llenaban de un calor flamígero que parecía emitir huellas perpetuas en la loza de su hogar.

Ramón Casas, cruzaba la puerta para iniciar con la aventura que sería de enorme regocijo futuro. Detrás del portón lo esperaba una vida simétrica, un perfecto transcurrir, un momento soñado y envidiado, evidentemente, por todos.

En el nocturno de la noche del mes de diciembre, se dirigía hacia él una silueta femenina, la complexión era delgada y la estatura algo media o dentro del común denominador de lo que existía en su tierra. Mientras más pasos daba cerca de él, un fenomenal color verde disparaba como si se encontraran dos fusiles en ella, sin embargo lo que lanzaban, eran sentimientos de estar rodeados de campos de nardos o posiblemente de crisantemos. “Hola, no hablo mucho español, vengo de Alemania, soy Abby. ¿Cómo puedo pagar para que cantes en una fiesta?” Y entonces la esencia de la energía en sus latidos, cobraron un mejor sentido.

Ramón difuminaba poco la importancia de haber aceptado, empero una serie de eventos lo llevaron hasta el 18 de marzo de 2019 en el “Hungry Mexican” de Dublín en Irlanda, cuando lo conocí mientras enaltecía la canción creada por Álvaro Carillo bajo la misma Luz de Luna que deletreaba la melodía “pues desde que te fuiste, no he tenido luz de luna” y su pecho se llenaba de aire, de un aire de risas entre mixturas de irlandeses, asiáticos, franceses, mexicanos, polacos y uno que otro español.

Se alzaban las voces diversas al mundo castellano, como queriendo imitar un poco de la alegría rebosada derivada de Ramón y otros cuatro de sus compañeros. El país mexicano se había mudado irremediablemente a un espacio diminuto que festejaba la virtud de pertenecer a la tierra náhuatl, otomí y azteca.

Suvi, quien me acompañaba ese momento en el restaurante, venía de Finlandia, de una recóndita ciudad de Finlandia. Alzó sus manos al aire y comenzó a revolotearlas cual alas de mariposa proyectando su mejor vuelo. Mientras el Mariachi terminaba me dijo: “Do all mariachis play the same way, with that energy?” A lo que respondí: ¡por supuesto! El talento del mexicano siempre precisa una explosión de emoción en el alma, sin importar lo que pase.

Ramón se acercaba a las mesas, pedía aplausos para motivar a un ambiente extraordinario, sonreía con un cumulo de fervor y guiñaba una o dos ocasiones continuas a las mujeres que en su mayoría, se percibían de todas las nacionalidades menos mexicanas. “Nothing’s better than a Mariachi” hacía eco de la voz de un francés, lengua de la cual se da la hipótesis del surgimiento del nombre de la agrupación. Confirmando de nueva cuenta que la música y la cultura de nuestro país son fundamentales para sostener al turismo, en tanto que varios llegan a tierras mexicanas para deleitarse de ello.

El 15 de septiembre al ser una celebración primordial para la identidad de nuestras raíces, la música de Mariachi resuena fuertemente sobre las paredes o asfaltos donde se presentan. Este 2020 sus miles de presentaciones físicas quedarán tal vez lejos de los hogares o conglomeraciones de festividad. Sin embargo, las plataformas musicales en línea se verán explotadas por los sonidos emergidos del guitarrón, la guitarra de golpe, la vihuela, el violín, la trompeta y el arpa.

Ramón, mientras tanto, se paseó hasta la barra aquella noche donde se encontraban los mismos ojos verdes que cambiaron para siempre su destino.

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