Por Francisco X. López

Pocos autores de cómic han alcanzado el estatus de celebridades. En su momento Bob Kane, Todd Mcfarland, Quino, Moebius y Osamu Tezuka tuvieron reconocimiento mundial, pero ninguno al nivel de Stanley Martin Lieber, mejor conocido como Stan Lee.

¿Cómo se transformó de un asistente editorial a un ícono de la cultura popular?

Stanley era un lector voraz, con aspiraciones de ser novelista, tanto así que creó un seudónimo, pues se avergonzaba de escribir cómics y pensaba que eso le afectaría en un futuro. Su parentesco político con Martin Goodman, editor de Timely Comics (precursora de Marvel) le hizo aceptar trabajos de todo tipo dentro de la editorial y con el tiempo, su habilidad le permitió crearse un nombre dentro de la industria. 

Stan vivió tiempos difíciles, sobre todo en la década de los 50, cuando el Comic Code Authority provocó una fuerte recesión en la industria, sobre todo a nivel creativo. En esta época, y casi punto de renunciar, comenzó su mejor momento. Inspirándose en la publicaciones de EC publicó historias de terror, ciencia ficción y fantasía, que sirvieron para mantener su trabajo hasta 1961, cuando por encargo de Goodman relanzaron su línea de superhéroes con el legendario Fantastic Four #1.

En una década dio forma al universo fantástico más exitoso y redituable, con una seguidilla de ideas originales y el apoyo de un grupo inigualable de artistas que conectaron con las nuevas generaciones. Para Stan, el cómic no era simple literatura infantil, sino la manifestación de los sueños, aspiraciones y temores de la adolescencia. Más allá de la creación de docenas de personajes, su verdadero legado estriba en saber conectarse con la audiencia, usando un estilo grandilocuente, abierto, cargado de humor e inteligencia, que sus lectores amaban.

No inventó el hilo negro, pero sí que le dio nuevos tonos y usos. Con un magnifico entendimiento de las cartas de los lectores, construyó una legión de admiradores, que sentían conocer no sólo a los personajes, también a los creativos, sus verdaderos creyentes.

Su fama creció por encima de sus compañeros y aunque en los últimos 30 años no creó ni publicó nada que se acercara a su época dorada, su rostro y nombre estaban en todos lados. Una generación sólo le conoce por sus famosos cameos en las cintas del MCU y aún así su presencia movía multitudes. En 1996, en su primera visita a México, no daba crédito del recibimiento por parte de sus fans. Incluso recordó que le mencionaron que si en ese momento se lanzaba a la presidencia de México, la conseguiría sin problemas.

Stan Lee fue mucho más que un escritor, fue un guerrero y promotor de su medio, que contribuyó en todos los sentidos al reconocimiento del trabajo de quienes colaboraron con él. Definitivamente el mundo no sería el mismo si hubiera decidido perseguir una carrera como novelista.

Hoy, a un año de su muerte, es justo recordarle por su trabajo, más allá de polémicas y cuestionamientos.

¡Lean más cómics! ¡Excelsior!

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Francisco Xavier Lopez Martinez


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