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Por Aarón Cruz Soto / Foto: Julio Ortega 

La ciudad es un asunto importante en la obra de Vicente Quirarte, desde su poesía hasta su obra académica, la capital del país es una presencia constante. En esta entrevista se le preguntó sobre la presencia de ella en su trabajo, su último libro y sus viajes por la republica de las letras.

En tus obras están presentes dos ciudades: la Ciudad de México y Nueva York, ¿Cómo nació el interés por estas dos metrópolis?

Primero la Ciudad de México, yo soy como dice José Joaquín Blanco centricola, nací en el centro y viví ahí quince años, en una casa que está en la calle de Perú y Allende justamente el último libro que he publicado es sobre la capital que se llama México, ciudad que es un país, ahí está como testimonio de mi amor por esta ciudad, desde que yo era niño recorría todos sus espacios y rincones.

De hecho, publique un libro que se llama Fundar en el tiempo que es una antología de textos sobre ese tema, me doy cuenta de que la ciudad ha sido un motivo de inspiración para mí. Nueva York por dos razones porque hice un ensayo que se llamó Republicanos en otro imperio que trata sobre los mexicanos que viajaron a esa ciudad y escribieron sobre ella, desde Lorenzo de Zavala hasta Justo Sierra, me quedaron tantos elementos en el tintero que hice otra novela que se llama La isla tiene forma de ballena sobre Nueva York precisamente.

 

¿El transporte de la ciudad cómo lo vives, en especial el Metro?

El Metro es un vehículo que ha sido fundamental en mi educación sentimental, yo lo empecé a usar justamente cuando me cambié a la colonia Roma en 1970 y se convirtió en un instrumento de observación. Ya no lo uso mucho porque ya no pertenezco al Metro, es horrible, te expulsa, ya no perteneces a ese mundo, no eres bienvenido, se vuelve un universo ajeno. Pero en su momento lo usé muchísimo, todavía lo uso cuando voy a centro, prefiero usar el Metro a otro transporte.

Yo escribí un texto La Generación del Metro precisamente hablando de lo que sería mi generación, nací con el metro, mi adolescencia, mi primera juventud; incluso cuando iba a la UAM Azcapotzalco, llevaba libros para leer ahí. Hay libros que son para el Metro, para el pesero, para el camión.

De los espacios bohemios, ¿Cuál prefieres: la Opera o el Tenampa?

Ninguno de los dos lugares, porque ambos son turísticos, ahora que Fernando del Paso llegó al fin de sus días y se hizo su homenaje, pensaba cómo no emocionarme, entonces pensé en la cerveza que iba a tomar en la cantina El tío Pepe, es una cantina que amo, que no tiene la fama, ni el prestigio de la Opera, en cambio se mantiene inalterable, desgraciadamente la bohemia está invadida del turismo, de gente que no pertenecen a ella.

Para ir a desayunar, al Café Río que tiene más de 50 años, yo me acuerdo cuando pasaba y veía a Gema, la dueña del café, como era muy tímido no le hablaba, pero gracias a mi hermana ahora somos grandes amigos, ahí vas a encontrar el mejor pastel de dátil de la vía láctea.

El centro está lleno de misterios, cuando Guillermo Prieto con su amigo Ignacio Ramírez pensó escribir “Los misterios de México” pero no lo hicieron, pero si uno observa las crónicas de Prieto están llenas de misterios.

 Vicente Quirarte
Foto: Julio Ortega 

¿Es posible abarcar a la Ciudad de México?

Creo que fue en los años cincuenta que escribe Rubén Bonifaz en los Demonios y los Días, lo inabarcable de esa ciudad de tres millones de habitantes. Yo pienso en la gente de provincia que viene a México, perdón la Ciudad de México, es que también absorbe el nombre el país.

Yo creo que he estado una vez en Interlomas pero nunca lo vuelvo a hacer, cuando yo daba clase en Azcapotzalco yo tenía alumnos que nunca había puesto un pie en la plancha del zócalo, lo cual me  parecía terrible que no ejercieran su espacio urbano.

Tu último libro es una antología de poemas de varios años, al igual que la ciudad ¿Cómo ha cambiado tu escritura en estos años?

Pues yo creo que uno cambia en la medida que se envejece, trato siempre ser fiel a ese muchacho que veía las cosas de manera inmediata, por ejemplo, ahora que vine a la entrevista, estaba pensando y en eso un señor me dijo: “oiga joven nos toma una foto”, yo me acerque y entonces ya me dijeron: "señor", claro de lejos vieron a un joven.

Sigo haciendo las cosas o trata hacer las mismas cosas que hacia cuando era joven, ser fiel a ese muchacho, tratar de entender las cosas como él las veía, con esa pureza, inocencia, frescuras, yo creo que es la única manera de permanecer siempre joven.

El otro día leí un poema que escribí de un solo impulso y entonces dije: "que maravilla no hay ni un solo adjetivo", me estoy despojando de adjetivos, estoy llegando más a la sustancia, me da mucho gusto.  Ya no necesito los adjetivos que adornaban, cuando uno necesita blindarse contra el mundo, cuando uno es muy joven. Eso me gusta de lo que estoy haciendo ahora.

 Vicente Quirarte
Foto: Julio Ortega 

Por otro lado, sobre la literatura del siglo XIX que tú trabajas ¿Qué te evoca el Zarco?

Es un personaje que cada vez admiró más, era el arma secreta de los republicanos. Yo trate de reflejar eso en la novela La Isla tiene forma de ballena, porque ese hombre enfermizo, flaquito, pequeño de cuerpo era extraordinariamente inteligente.

Ese espíritu de sacrificio hizo que yo lo admirará, si uno ve al Zarco de veinte años era la figura que iba a convertirse en el gran autor del siglo XIX, él estaba haciendo una anatomía de la urbe extraordinaria y me parece que fue no solamente el periodista de la Reforma, sino alguien que supo que era un gran escritor y que renuncio a eso, por defender a su país, era un fregón.

Refleja el espíritu de entrega, sacrificio, ese sacrificio autentico, no que estuviera pensando en los laureles. Bueno murió a los cuarenta años, dos años después del triunfo de Juárez y por supuesto se le considera Benemérito de la Patria.

¿Qué podrías rescatar de toda esa generación de republicanos y su trabajo periodístico?

Como decía Guillermo Prieto: “hacer trabajo periodístico es como comer tierra” es como un vicio. A veces la imposición que ejerce es como una especie de mordaza, pero sin Prieto, sin Zarco, no hubieran existido Monsiváis, Pacheco, nuestros grandes autores que fueron grandes periodistas.


Foto: Julio Ortega 

ACS

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