Por Carlos Meraz

La frase original de Víctor Hugo, el literato francés del Siglo XIX, inmortalizada en su novela Notre-Dame de Paris: “Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león” fue parafraseada por don Gilberto Barrera, un periodista influyente en los incipientes años noventa, para describir el paso ascendente del reportero estrella de El Heraldo de México, Víctor Hugo Sánchez, que eligió ser jefe de prensa del Festival Acapulco y dejar vacante el puesto en la naciente promotora de espectáculos OCESA. 

Su resolución lo dejó como coloquialmente se dice: “como el perro de las dos tortas...”, hasta que el gurú de la televisión dominical, Raúl Velasco, lo impulsó primero en el medio impreso de la familia Alarcón y luego en la entonces omnipotente Televisa, “su casa” donde a la postre conocería el cielo y el infierno, con el venerado salvoconducto del “gafete blanco“, al mando del área de prensa del consorcio.

Aquel joven obsesionado por ganar exclusivas ya fuera con Luis Miguel, Paul McCartney o Elton John, alternó el oficio periodístico con su rol de encargado de prensa de Salma Hayek, Eugenio Derbez o José José. En uno era, el incansable reportero de la fuente de espectáculos, Víctor Ego y en el otro, el confidente de las estrellas o Hijo de vecino RP, como decidió llamar, desde hace 12 años, a su empresa de relaciones públicas.

Desde hace tres años publica semanalmente en la revista EstiloDF sus anécdotas en 33 años en el medio, que algunos designan con el despectivo término de farándula, y las primeras 77 entregas han sido compiladas en su primer libro, RP: El otro lado del espejo, publicado por Grupo Editorial Rosa María Porrúa, disponible en plataformas digitales, como Amazon y eBooks, así como en la propia página de la casa editora.

“Cuento, sí, la anécdota donde Enrique Guzmán, luego de seis meses de visitarlo de miércoles a sábado en el centro nocturno Estelaris, del hotel Fiesta Americana Reforma, un día terminó poniéndome una pistola en la cabeza; cuento cómo un día mandaron matarme por publicar notas sobre la piratería de discos, no por hacer un libro escandaloso, sino para dejar testimonio que en este lado del periodismo de espectáculos también se corren riesgos, porque mucha gente menosprecia la nota rosa, como le llaman”, relató en la presentación  de la obra, con prólogo del actor, empresario y diputado Sergio Mayer. 

Adelantó que habrá un segundo volumen, con más historias de sus andanzas con los famosos, con textos bajo la misma tónica: tan cercanos a las enseñanzas de vida como alejados de lo didáctico de un manual.

“Esta fortuna de estar cerca de celebridades del calibre de Luis Miguel, Juan Gabriel o José José, me ha dado la oportunidad de que me pidan mi opinión cuando ha sucedido un hecho dramático o noticioso alusivo a ellos. Cuando salió la serie de Luis Miguel por Netflix di 102 entrevistas al respecto. He aprendido que no hay preguntas incómodas, sino respuestas incómodas. El ego es la única arma letal y si alguien sabe usar esa espada te puede sacar cosas que no querías revelar. 

“No tengo una historia consentida, pero sí me impacto la respuesta que tuvo en Twitter una que saqué de Paco Stanley, por los 20 años de su asesinato. Esa la vendí muy escandalosa, lo admito, empezaba así: Llegaron meados, vomitados y apestando a alcohol. Paco Stanley y Mario Bezares fueron a buscar droga a las siete de la mañana”, recordó.

EL SHOW DEBE CONTINUAR 
En un ejercicio de ping pong periodístico, Víctor Hugo Sánchez participa en un retrato hablado donde cada respuesta describe al ser humano detrás del personaje, en una suerte de charla de diván, a través del cuestionario de Proust, en una conversación diferente con un comunicador ídem.

¿Qué maestro te hubiera gustado que te diera clases?
— Fernando Benítez, quien era gran maestro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, de la que fui parte en la generación 84-88.
— Si no hubieras sido hombre, ¿qué mujer te hubiera gustado ser?
— ¡A chis! Mi mamá.
— ¿Si pudieras elegir en quién reencarnar a quién escogerías?
— En mí mismo. He vivido tan bien.
— ¿Qué personaje del Mago de Oz serías?
— Sin duda, El hombre de hojalata.
— ¿A quién le pedirías un autógrafo?
— Se lo pedí a José José. Ahora a nadie.
— ¿Quiénes son tus héroes en la vida real?
— A la distancia, mis padres.
— ¿Qué fotografía o imagen nunca colgarías en tu sala?
— Ninguna. No tengo fotos en mi casa. Tengo una con mi mamá y otra con mi hija. No tengo libros, discos ni películas. No soy de conservar nada. Aprendí a soltar, soy de los que viajan ligero.
— ¿Ante qué personaje que coincidieras en la calle optarías por cambiar de acera?
— A ninguno le daría la vuelta.
— ¿Cuál es tu mayor extravagancia?
— Estoy obsesionado con el orden en mi casa. Si viene alguien y mueve un cenicero, me puedo súper enojar.
— ¿Cuál es tu pasatiempo?
— Tengo jueguitos muy bobos en el celular. Le dedico mucho tiempo a las series de televisión.
— ¿Qué es lo que menos te gusta de tu aspecto físico?
—  No me gusta nada. Me siento muy incómodo conmigo mismo. Me siento feo a mis 55 años.
— ¿Qué hábito ajeno no soportas?
— Que hablen en el cine. Salí con una amiga que me súper encanta y cuando nos metimos a la sala me acordé porque no la había vuelto a invitar: "¡Martha!, ¿puedes callarte?, platicamos al rato".
— ¿De qué palabra abusas?
—  ¡A chis! No recuerdo.
— ¿Qué canciones describen tu personalidad?
Busca lo más vital, no más / Lo que es necesidad, no más / Y olvídate de la preocupación / Tan solo lo muy esencial / Para vivir sin batallar / Y la naturaleza te lo da. El tema de Balu: Busca lo más vital, de El libro de la selva, y My way, con Frank Sinatra, incluso he pedido que cuando me muera, si me tienen que velar, la pongan a todo volumen el tiempo que dure el velorio.
—  ¿Qué película marcó tu vida?
El ciudadano Kane, porque me di cuenta que quería estar en el lugar de los hechos y contarlos. No ser el magnate, sino quien lo entrevista al descender del avión.
— ¿Qué libro te cambió la vida?
Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez, que me confirmó que yo quería escribir, y El evangelio de Lucas Gavilán, de Vicente Leñero.
— ¿A qué político le darías un pastelazo?
—  Andrés Manuel López Obrador.
— Si fueras presidente de México, ¿cuál sería tu gabinete ideal?
— A ti te pondría en Comunicación Social; Sergio Mayer, en la Secretaría de Gobernación; Emilio Morales, sin duda, tendría algún hueso en alguna dependencia. Me llevaría a mis amigos periodistas: Mario Rojas, Ismael Frausto, Arturo Flores y Gilberto Barrera, ellos serían mi gabinete básico. Para que fuera incluyente también pondría a Susana Heredia, por qué me la quiero dar... Soy un naco. También incluiría a Matilde Obregón y Flor Rubio. Creo que las mujeres pueden ser más honestas y honradas que los hombres.
— ¿Cuál es tu máxima favorita?
— "Confieso que he vivido..." y "No soy lo que digo, sino lo que hago", son anónimas y me gustan mucho. También hay otra que se la atribuyo a Arturo Flores, pero él me dice que es anónima: "No hay manera más divertida de ser pobre, que siendo periodista".
— ¿Qué estarías haciendo si el dinero no importara?
— Lo mismo de siempre... Yo digo que soy un Forrest Gump que termina con lo necesario para vivir. Soy inmensamente feliz escribiendo mis historias, haciendo mis relaciones públicas. Yo no trabajo, juego, y además me pagan. Imagínate qué bendito me siento que me pagan hasta por ir a comer, como lo hacía en los restaurantes El Peladito y Casa Regia.
— ¿A quiénes te hubiera gustado entrevistar?
— A Joaquín López-Dóriga. Volver a entrevistar al maestro Armando Manzanero y a Luis Miguel.
— ¿Qué pregunta periodística es la que más detestas?
— Cuando en los velorios o en los funerales de famosos, la prensa pregunta a los familiares: ¿Cómo están? ¡Pues devastados!
— ¿Si no hubieras sido reportero, a qué te habrías dedicado?
— Yo creo que vendería tacos. Me gusta mucho la comida y cocino muy bien. 
— ¿Cuál es tu mejor anécdota periodística para ligarte a una chica?
— Más bien uso otras estrategias, como decirle: "Eres lo más hermoso que he visto en mi vida". Nunca falla, porque, como te digo, la espada del ego es muy fuerte.
— ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?
— La tengo desde hace 20 años que dejé las drogas y se llama paz emocional, espiritual. Estoy como el león tirado al sol en la sabana. No concibo la felicidad como la risa o la euforia, esos tan sólo son momentáneos.
— En la última cena de tu vida, ¿quiénes serían tus 12 hipotéticos invitados?
— Mi hija Ximena, mis hermanas, la mamá de mi hija, José José, Luis Miguel, Rocío Dúrcal, Marco Antonio Muñiz, Juan Gabriel, mi primer amor y Julieta, mi segunda esposa.
— Y como tú Judas, ¿quién sería el invitado?
— Sería Leonardo Stemberg, quien hace 20 años me ayudó a salir del mundo de las drogas. Él me sacó del infierno y, seguramente, me volvería a meter.
— ¿Cómo te gustaría morir?
— Cuando tenía 12 años estábamos jugando con la ouija y me predijo que me iba morir a los 56 años, en un accidente automovilístico. Desde entonces eso lo traigo tan marcado que seguramente hasta lo voy a provocar. Desearía morir dormido, en el sueño de los justos.
— ¿Qué diría tu epitafio?
— "Ven, muerte, tan escondida que no te sienta conmigo, porque el gozo de contigo no me torne a dar la vida", el poema de Teresa de Jesús.
— ¿Cuánto cuesta un boleto del Metro?
— Dos pesos con cincuenta centavos.
 

 

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