Redacción.- Los aficionados del Union Berlín volverán a darle vida este martes a una de las tradiciones más entrañables del futbol europeo. Como cada diciembre, se reunirán en el estadio An der Alten Försterei, en el barrio berlinés de Köpenick, para cantar villancicos y despedir el año con un ritual que nació en tiempos difíciles y hoy es parte esencial de la identidad del club.
Lo que comenzó como un gesto de consuelo, cuando el Union vagaba por los últimos puestos de la tercera división y apenas un centenar de hinchas buscaban refugio en la música y el espíritu navideño, se ha transformado en una celebración multitudinaria que reúne a decenas de miles de seguidores.
Una tradición que creció con el club
Mientras el Union Berlín se consolidó en la Bundesliga, disputó competiciones europeas e incluso alcanzó la UEFA Champions League, el ritual navideño nunca desapareció. Al contrario: acompañó cada paso del crecimiento deportivo y se convirtió en una cita inamovible del calendario.
Con el paso de los años, aquel encuentro íntimo fue creciendo hasta llenar el estadio cada diciembre, con más de 28 mil aficionados unidos por el canto y el sentimiento de pertenencia.
El orden sagrado del ritual
La ceremonia sigue siempre el mismo guion. Las campanas anuncian el inicio, las luces del estadio se apagan y el silencio da paso al himno del Union, interpretado por la icónica cantante punk Nina Hagen.
Después llegan los sonidos de la trompeta y un coro masculino, antes de que un coro infantil de una escuela cercana tome el protagonismo para entonar los villancicos. En ese momento, las voces de miles de aficionados se suman hasta convertir el estadio en un gigantesco coro popular.
Torsten Eisenbeiser, uno de los impulsores de la tradición, lo define con una frase que resume su magnitud: “Es el servicio religioso más grande de Alemania que se celebra fuera de una iglesia”.
Un estadio pequeño, un sentimiento gigante
El An der Alten Försterei es uno de los estadios más modestos de la Bundesliga y suele llenarse jornada tras jornada. Incluso cuando el Union disputó la Champions y tuvo que mudarse al Estadio Olímpico de Berlín, su casa original siguió siendo el corazón emocional del club.
Cada Navidad, entre canciones y luces apagadas, el Union Berlín recuerda de dónde viene y por qué su historia es distinta: un club que creció sin olvidar a su gente, y una afición que convirtió un rito sencillo en una de las postales más conmovedoras del futbol alemán.
