Redacción.- A días del Super Bowl LX, el clima en New England no se explica solo por el invierno. El responsable es Tom Brady, el máximo ídolo de los New England Patriots, quien decidió declararse completamente neutral para el duelo ante los Seattle Seahawks. Una postura diplomática que cayó como golpe bajo entre sus antiguos compañeros y buena parte de la afición.
“Que gane el mejor”
Durante su aparición en el Centro de Medios del Super Bowl, Brady fue directo: no tiene favorito. “No tengo perros en esta pelea, que gane el mejor equipo”, dijo el ahora copropietario de los Las Vegas Raiders.
Aunque reconoció con entusiasmo el nuevo proceso de los Patriots bajo el mando de Mike Vrabel, su distancia emocional fue interpretada en Foxborough como un balde de agua fría justo cuando la franquicia busca agrandar su legado histórico.
Asante Samuel explota
El que no se guardó nada fue Asante Samuel. El exdefensivo bicampeón con New England arremetió en redes sociales contra Brady con una amenaza verbal directa y un reclamo de fondo: la falta de respaldo a Vrabel. Incluso lo acusó de sentir celos por el nuevo rostro del equipo, encabezado por el quarterback Drake Maye.
El vestidor histórico toma postura
La neutralidad de Brady dividió a viejas glorias del vestidor:
Vince Wilfork
Calificó la postura de Brady como una “tontería política” y subrayó que quien es “Patriot de por vida” no debería actuar por intereses corporativos.
Rob Gronkowski
Ofreció otra lectura: cree que Brady se mantiene al margen porque, en el fondo, todavía quisiera estar en el campo. A diferencia de su exmariscal, “Gronk” dejó clara su lealtad absoluta a New England.
Reconocido por el club, distante en lo emocional
El contraste es evidente. Los Patriots retiraron el dorsal 12 y levantaron una estatua de Brady en el Gillette Stadium, pero el propio exquarterback parece haber cerrado ese ciclo desde lo emocional. Para él, la historia está escrita; hoy prefiere observar el Super Bowl como un espectador más.
Mientras New England cuenta las horas para el partido, la polémica deja una conclusión clara: en Foxborough, la lealtad pesa tanto como los anillos. Y en este Super Bowl LX, el nombre de Tom Brady vuelve a ser protagonista, incluso sin estar en el campo.
