Por Israel M. Campos Montes

Ciudad de México.- Con la llegada de la pandemia del coronavirus, todos los gobiernos del mundo que habían prohibido la comercialización de la bolsa de polietileno, entienden hoy más que nunca que la “mejor forma y la más segura para transportar o desechar productos no es la bolsa de rehúso”, ya que al venir de una cadena de distribución es factible que se impregne con la Covid-19, por lo que en esta coyuntura la bolsa de camiseta reivindica su “utilidad sanitaria”, señaló en entrevista con Diario de México, Carlos Álvarez Flores, consultor ambiental.

El también ingeniero químico industrial por el Instituto Politécnico Nacional (IPN), enfatizó que el “verdadero valor de la bolsa de camiseta” se debe a que en 1960 las enfermedades gastrointestinales eran la primera causa de muerte de los mexicanos, década en la que dijo, inició formalmente el uso intensivo de los plásticos y prueba de su importancia fue que en 2001 la Secreatría de Salud (Ssa) informó que estas infecciones pasaron a ser el lugar 14 del índice de mortalidad en el país.  

“Recordó que en los 60 usábamos solamente vidrio, periódico y cartón. No había siquiera aluminio, entonces todo lo que comíamos en la calle era lavado en una cubeta con residuos alimenticios y salivales de diversos clientes, lo cual ocasionaba infección intestinal. Pero actualmente, tras utilizar plásticos, la comida se conserva de mejor manera y no se descompone tan rápido, protegiéndose de todos esos microorganismos que afectaron a las generaciones de antaño”, detalló el especialista.

Álvarez Flores sentenció que la valía del plástico radica en que ayuda a aislar bacterias, hongos y virus, por lo que dijo, ante esta emergencia de salud es urgente replantearse la utilidad de todos aquellos productos fabricados con base al polietileno.

PERSISTE MAL MANEJO DE RESIDUOS

Indicó que hace falta una concientización y educar a las personas que viven y visitan las playas, quienes son las responsables de contaminar mares, océanos y ríos, toda vez que irresponsablemente tiran desechos de aluminios, plásticos, vidrios y demás cosas.

Precisó que la educación ambiental debió de haber comenzado hace 30 años, y que para ello el gobierno federal, estatal y local tuvieron que hacer una campaña permanente sobre el valor de los recursos naturales y de los materiales que producimos, los cuales deben ser reciclados, separados, acopiados o reutilizados.

“El mal manejo de residuos plásticos sataniza estos productos y hace ver per se que son culpables de la contaminación en mares y ríos”, subrayó el ingeniero.

Detalló que la madera y el papel son recursos naturales y que México carece de árboles, “nosotros perdemos 200 mil hectáreas de bosques cada año, por lo que no se puede seguir recomendando el uso de la bolsa de papel, ya que esto atenta contra el medio”.

Recalcó que reciclar el papel sale ocho veces más caro que su producción y que la postura a favor de esto por parte de organismos internacionales y ONG “no tiene razón ambiental ni sanitaria, ya que de lo que hoy se trata es que seamos más cuidadosos con los recursos naturales”.  

Contario a esto, aseveró que la bolsa de plástico resulta económica, impermeable, 100% reciclable y resistente, además su fabricación vale mucho menos y se emplea menor cantidad de agua y energía, lo cual ayuda a bajar la emisión de gases de efecto invernadero.

NECESARIO CAMBIAR HÁBITOS

La pandemia entre todos sus males, también trajo aspectos positivos, haciendo visible que debemos usar la tecnología, los que más nos conviene y ser más higiénicos para que podamos coexistir sin todos estos riesgos de contaminación que el propio ser humano ha propiciado, acotó el ambientalista.

El ingeniero del IPN apuntó que nuestro país atraviesa una crisis energética, ya que la CFE y Pemex no se dan abasto con la demanda de la población, por lo que los residuos no reciclables ni rehusados deben ser convertidos en energía limpia.

“México sólo recicla el 5% de todos sus residuos, no se hace composta y tenemos 17 millones de hectáreas de suelo erosionado. Tenemos un retraso de 30 años en comparación con lo que ya se realiza en Europa, allá no existen los tiraderos, todo es separación, rehúso y valorización energética”, concluyó.

IMCM

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