Una tarde dominical con José Agustín en el Zócalo

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Era la época de la Guelaguetza en Oaxaca, o eso creo, cuando conocí a José Agustín, en un portal del Zócalo de la ciudad. El poeta Julio Ramírez lo había invitado a su encuentro Hacedores de Palabras, que realizaba en la Biblioteca Central de la capital.

Recuerdo que le hicieron un homenaje en el Teatro Macedonio Alcalá, donde amigos contaron anécdotas ante un auditorio lleno y muy participativo. Porque así era José Agustín: posiblemente seguía siendo, a pesar del tiempo, de los pocos escritores que podían llenar un teatro entero.

Luego del evento, llegó a aquel portal para comer. Con su clásica palabra de “hermanito”, con la que a todos trataba, yo apenas pude platicar con él, pero para mí, siendo un adolescente amante de la literatura, fue de las mejores experiencias. Además, había ido con su esposa y su hijo, Andrés Ramírez; todos con las formas más amables. Todos reían. Incluso ese día, luego de bastantes horas, las copas ya habían hecho su efecto y el ambiente de fiesta por José Agustín aumentó más.

Agustín platicaba con todos mientras tomaba mezcal. En la mesa había botana de Oaxaca; él, fascinado, comía mientras hablaba con sus amigos. Ese día, de los que recuerdo, estuvieron Ignacio Trejo Fuentes y Gerardo de la Torre.

Este último me había regalado poco antes un fanzine de unos cuentos que había escrito, algunos junto a José Agustín. Pensé en esa ocasión, qué bueno que estos escritores, siendo ya maduros y con trayectoria, todavía hicieran ese tipo de experimentos literarios. Todavía conservo aquellos fanzines que habían sido impresos con humildad.

Ese primer acercamiento a José Agustín lo recuerdo con mucha ternura, porque me hizo creer, en primer lugar, que valía la pena dedicarse a las letras. Al final, aquel hombre irradiaba felicidad, pero además ese espíritu juvenil que reflejaba me entusiasmaba más.

Este mes se cumple un año más de que José Agustín, el “hacedor de palabras”, se fue de Cuautla a iniciar nuevos viajes. Pero, como en su libro De perfil, esa tarde en Oaxaca será en mis recuerdos un “hacedor de plática”.