10 años de ‘Blackstar’: La despedida oscura del duque blanco
Por Alejandro Ávila Peña
“Oh seré libre, así como ese pájaro azul” escribió David Bowie en ‘Lazarus’, track incluido en ‘Blackstar’ último álbum publicado por el duque blanco el 8 de enero de 2016; a los dos días, se informaba que Bowie había volado al cielo, obteniendo la libertad que él mismo se había profetizado.
Este 2026, se cumplen 10 años de que David obtuvo la libertad y dejó el plano terrenal, para volar a través del cosmos.
El profeta torturado
David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie fue uno de los músicos más dominantes de la industria musical; un visionario atemporal que a través de una inventiva artística moldeó el sonido de la industria musical no solo de su época, sino de los años por venir.
Bowie fue un autor camaleónico, encarnando varias identidades a través su carrera; desde Ziggy Stardust, Aladdin Sane, Mayor Tom hasta The Thin White Duke, tejió un universo sonoro en un repertorio de 25 álbumes de estudio, construyendo un legado que ha trascendido en el tiempo.
Fue el 10 de enero de 2016 que Jones dejaría el mundo al cual le concedió un legado universal. Debido a un cáncer de hígado que David perdió la vida; esta enfermedad lo atacó por 18 meses, siendo la sentencia final de la vida de este arquitecto del sonido.
10 años han pasado desde que Bowie abandonó este mundo, pero lo cierto es que su deceso no fue solo un ciclo natural de vida, sino que fue un acto artístico, fue el último movimiento del artista más influyente del siglo XX.
Bowie a medida que cambiaba de era, cambiaba de personaje; evolucionaba en sonido y en reflexión, podría decirse incluso que era un cronista de la ciudad, un bardo que escribiía sobre aquello que veía y acontecía. Cada trabajo de David era un manifiesto y entendimiento de la realidad por la que atravesaba, es por ello que, con ‘Blackstar’ firmaba lo que sería su despedida, a través de 7 canciones en las que dialogo con la vida, y con la muerte.
En 2013 el ídolo de Brixton publicó ‘The Next Day’ siendo su álbum número 24 en su carrera; con recepciones mixtas Bowie entregó un compendió de 14 canciones emocionales que, si bien no fue mal álbum, no fue una obra que sorprendiera a fanáticos y especialistas.
Es así que, en 2015, Bowie comentó que había quedado sorprendido a la hora de escuchar un álbum que había salido ese año; ‘To Pimp A Butterfly’ de Kendrick Lamar fue el manifiesto que despertó en David una inquietud para regresar a la música y entregar un álbum así de visceral en lo sonoro y rico en lo textual.
Bowie quedó sorprendido por el apartado sonoro del álbum de Kendrick Lamar; el utilizar la música jazz como columna sonora del álbum, hizo que Jones quisiera realizar una producción de esta misma proporción; realizar un último manifiesto sobre la condición humana a través de una estructura apocalíptica, disruptiva y visceral.
Una despedida oscura
Bajo la producción de su eterno amigo, Tony Visconti y con músicos de jazz experimental comandados por el célebre saxofonista Donny McClastin, fue que ‘Blackstar’ se concibió como una obra descomunal en concepto y en ejecución. Este fundamento sonoro de 7 cortes integró sonidos viscerales, caóticos, pero, a su vez, oníricos y esperanzadores. Esta ambición por parte del artista de 69 años le hizo construir una obra que se desplazara entre el jazz experimental, el jazz oscuro, el art rock, y la electrónica experimental. En un principio Bowie quería que el disco fuera confeccionado por James Murphy (LCD Soundsystem) pero dicho productor no aceptó.
"Su muerte no fue diferente a su vida, una obra de arte. Él hizo Blackstar para nosotros, su regalo de despedida. Supe durante un año que así sería. Sin embargo, no estaba preparado para ello" comentó Visconti tiempo después del deceso de su amigo. Muchos han comentado que, ‘Blackstar’ fue la carta de despedida de este viajero de otro universo; un testimonio de lo que es morir, pero, no de una forma fataliza, sino, a través de lo que a Bowie lo hacía sentir vivo, el arte por hacer música.
Desde que el disco comenzó a promocionarse, Bowie ya sabía la condición de salud que traía con él, es por ello que a través de los videos promocionales del álbum uno puede teorizar que, entre líneas el duque blanco se estaba despidiendo del mundo que lo vio nacer.
En el video del sencillo ‘Blackstar’ ( pieza apocalíptica de 10 minutos) uno puede ver a una mujer descubriendo a un astronauta muerto, posiblemente el Major Tom, cuyo cráneo es usado en un ritual surrealista.
Sin embargo, lo más inquietante de todo este rompecabezas llegó con el corazón emocional del álbum, "Lazarus". Con la frase "Mira aquí, estoy en el cielo", Bowie anticipó su partida con una claridad devastadora. En su video, el cual salió 3 días antes de su muerte, se le observa en un lecho de muerte, con los ojos vendados y botones en lugar de pupilas, mientras una presencia femenina lo acecha bajo la cama.
Bowie, en este álbum encarna a Lazarus. Se convierte en el Lázaro definitivo, un hombre milagroso que ha muerto muchas veces solo para resucitar con una apariencia diferente. En ‘Blackstar’, abraza su estatus de icono con "nada más que perder", enfrentando la ansia de vivir contra la finalidad de todo.
Como el alienígena inmortal atrapado en un ático de Manhattan, busca ser libre como un pájaro azul. El álbum es una mezcla de jazz exploratorio, brutalidad y alienación, donde el saxofón evoca misterio e inquietud.
A través de un nihilismo cansado, Bowie se muestra como un Lázaro frustrado, bloqueado por un pulso que regresa en una inmortalidad torturada. Su intención final es engañarnos a todos una y otra vez, alimentando el mito mientras sea suyo.
Fue así que, con estas piezas, y con los temas restantes que conforman el álbum, que Bowie se despidió de una manera elegante. El artista no dramatizó su muerte ni su condición, vivió sus últimos días a través de esa esencia mística que lo caracterizó todo estos años.
Bowie a través de ‘Blackstar’ no describió un mundo construido, sino que edificó a través de sus versos un mundo que dejaba, al cual amo y sabía que pronto tenía que dejar. Es por ello que, ‘Blackstar’ es una despedida oscura que, enaltece a la figura de Bowie como un artista atemporal, un músico que escribió sobre su vida pero, también de su muerte, pues Bowie sabía que viviría más allá de la muerte, y prueba de ello, fue su álbum número 25.
A 10 años de su lanzamiento, Blackstar se consolida como una de las obras más valientes de la música contemporánea. Bowie no buscó un cierre complaciente; eligió el riesgo y convirtió la vulnerabilidad en un poderoso discurso artístico
Conexión profunda con México
En octubre de 1997, David Bowie visitó la Ciudad de México por única vez, dejando una huella imborrable. "El Camaleón" llegó el día 19 para su gira Earthling Tour. Antes de su show, realizó un recorrido cultural capturado por el lente del fotográfo Fernando Aceves.
Bowie se maravilló en Teotihuacán, donde subió a la Pirámide del Sol y participó en un ritual de purificación con oraciones en náhuatl. También visitó la Casa Azul de Frida Kahlo y el Palacio de Bellas Artes. Allí, se tomó la icónica foto frente al mural "El Hombre Controlador del Universo" de Diego Rivera, pareciendo integrarse a la obra.
