“Dispatch” transforma el duelo en memoria

Escena

La cineasta india Anu Vaidyanathan presentó en México una película íntima y experimental sobre identidad, maternidad y trabajo invisible construida con iPhones y luz natural

Dispatch Foto: Cortesía
Dispatch Foto: Cortesía

Por Aarón Cruz Soto

Hay películas que nacen desde una idea y otras que aparecen como una necesidad vital. Dispatch, el nuevo largometraje de Anu Vaidyanathan, pertenece claramente a la segunda categoría. Construida desde el duelo, la memoria familiar y la experiencia femenina, la cinta convierte una pérdida personal en una exploración cinematográfica sobre el trabajo invisible de las mujeres, la maternidad y las estructuras emocionales que sostienen silenciosamente a las familias.

La producción, una coproducción entre India, Luxemburgo y Reino Unido, llegó a México como una de las propuestas más íntimas y singulares del panorama internacional contemporáneo. Con apenas 85 minutos y una estética profundamente orgánica, la película rompe con las convenciones narrativas tradicionales para construir un relato dividido en movimientos emocionales que atraviesan nacimiento, vida y muerte.

Una película nacida desde el duelo

Durante una conversación extensa, Anu Vaidyanathan confesó que Dispatch surgió tras el fallecimiento de su suegra, aunque en un principio no imaginaba que esa experiencia terminaría convirtiéndose en cine.

“Estaba lidiando con las secuelas de perderla”, explica la cineasta. “Y simplemente sentí que salir y hacer cosas todos los días me ayudaría más que quedarme sentada”.

La directora reconoce que el dolor transformó radicalmente su manera de entender el acto creativo.

“El duelo aporta mucha claridad”, afirma Vaidyanathan. “Sabes que realmente no necesitas demasiadas cosas para hacer una película, pero tienes que entenderlo dentro de tu sistema emocional”.

La maternidad como trabajo invisible

Uno de los grandes ejes de Dispatch es desmontar la idea reduccionista de la maternidad como una labor únicamente doméstica.

“Ser madre es un trabajo extremadamente complejo”, sostiene la realizadora. “No es algo simple ni pequeño como muchas veces se presenta”.

Vaidyanathan construyó esa reflexión a partir de las mujeres de su propia familia.

“Mi madre y mi suegra eran científicas”, relata. “Una estudió química y la otra matemáticas. Ambas tenían trabajos, vidas fuera de casa y aun así sostenían todo unido. Es como un bordado social. Ellas eran muy buenas haciendo ese tejido invisible”.

La película también desafía el cliché tradicional de la suegra como figura conflictiva.

“Normalmente se retrata como una relación de confrontación”, comenta la directora. “Pero mi experiencia fue completamente distinta. Mi suegra era incluso más genial que mis propios padres”.

Mujeres conectadas por el mismo cansancio

Para Vaidyanathan, existe una experiencia compartida que atraviesa a las mujeres de distintos países y culturas: el desgaste emocional del cuidado no reconocido.

“Las mujeres suelen ser las principales cuidadoras y aun así reciben poco reconocimiento”, explica. “Ni de la sociedad ni muchas veces de sus propias familias”.

La directora considera que las dinámicas familiares actuales también están transformándose gracias a nuevas formas de crianza compartida.

“Los hombres de mi generación están intentando involucrarse más en la paternidad”, afirma. “La fuerza no viene solo de las mujeres. También puede venir de hombres sensibles y presentes”.