En medio de una escena electrónica cada vez más global, Mandragora ha ido construyendo su camino entre México y Europa, encontrando en ese cruce de culturas una identidad propia. Con el lanzamiento de ‘Jugo de Diamantes’, el productor explora nuevas narrativas dentro de su música, alejándose de fórmulas y apostando por una propuesta más emocional. En entrevista con DIARIO DE MÉXICO habla sobre su evolución como DJ, el impacto de vivir en Francia y el trasfondo de uno de sus más recientes sencillos.
Estuviste por acá en Ciudad de México a inicios de año ¿Qué tal la experiencia?
Mandragora: Sí, estuvimos en un evento que hicieron los de Lulú, estuvo chido. Fue de esos planes donde no es tanto el venue sino la vibra, y la neta la gente respondió muy bien. Se armó buen ambiente y estuvo cool reconectar con la banda de acá.
¿Qué tan constante vienes por acá? ¿Vienes más a tocar o también de visita?
Mandragora: Le caigo bastante seguido. Justo hace poco andaba por acá, vine a visitar a mi jefita y también aproveché porque tenía una fecha en California, entonces todo quedaba relativamente cerca. Me gusta combinar eso, no solo venir a tocar sino también darme el tiempo de ver a la familia y desconectarme un poco.
En una entrevista mencionabas que antes no te gustaba hacer DJ. ¿Cómo fue ese proceso hasta que te empezó a gustar?
Mandragora: Sí, es que cuando estaba morro yo era súper rockero, me gustaba el metal, el hardcore, y la electrónica se me hacía que no era música. Luego cuando empecé, ni siquiera era DJ como tal: yo llegaba y ponía mis rolas, pero no mezclaba, era más como un concierto con mi propio setlist. Lo que no me gustaba era esa parte de leer a la gente y estar mezclando en vivo. Yo tuve que hacerlo por lana, porque era una forma de sostenerme, pero no lo disfrutaba. Ya durante el COVID me clavé más en el minimal, el house, el tech house, y ahí fue cuando le encontré el gusto a seleccionar música, a construir un viaje con lo que estás tocando y conectar desde otro lado.
¿En qué momento sentiste que esto ya era algo serio, algo de lo que podías vivir?
Mandragora: Desde el inicio lo vi como algo posible. Tuve suerte porque en Chihuahua había muy buenos raves de psytrance y venían artistas internacionales cuando todavía no eran tan grandes. Eso me abrió la mente, me hizo ver que había toda una escena global. Al principio te pagaban poco, mil o dos mil pesos por tocar, pero aun así ya era mejor que otros trabajos, y como vivía con mis jefes me alcanzaba. Poco a poco fue creciendo todo: más plays, más gente en los shows, mejores pagos. No hubo un punto exacto donde dijera “ya la armé”, fue más bien un proceso muy gradual donde todo se fue acomodando.
Ahora estás viviendo en Francia desde hace unos años. ¿Qué papel ha jugado eso en tu evolución?
Mandragora: Ha sido importante. Al final eso de que nadie es profeta en su tierra es bastante real, sobre todo en la electrónica. En México hay una escena muy fuerte, festivales increíbles, pero no tantos referentes globales. Estar en Francia me ayudó porque soy “el mexicano” allá, y eso genera curiosidad. Así como aquí vemos a un DJ extranjero con otros ojos, allá pasa lo mismo conmigo. Eso me abrió puertas, me dio visibilidad y me permitió crecer tanto musical como profesionalmente.
¿Cuándo te cayó ese veinte?
Mandragora: Fue algo que fui entendiendo con el tiempo. En lugares como Chihuahua es muy común que la gente busque oportunidades fuera, porque aquí los salarios no siempre alcanzan. Entonces cuando te invitan a tocar en otro país y ves que te pagan bien, dices “por aquí es”. Ahí fue cuando entendí que, aunque muchos de mis fans son mexicanos, mi proyecto estaba creciendo más fuera que dentro del país.
¿Crees que eso también tiene que ver con el público o con los medios?
Mandragora: Es un poco de todo. Los medios al final publican lo que genera clics, lo que la gente quiere ver, y eso está bien. Pero también es responsabilidad de nosotros como artistas hacer música más sólida, más competitiva, sacar más material. Si hay una escena local fuerte, la gente no tiene que voltear tanto hacia afuera. Es lo que pasa en países donde hay mucha producción local de calidad.
Hablando de ‘Jugo de Diamantes’, se ha dicho que mezcla corridos tumbados con electrónica. ¿Cómo nace realmente la canción?
Mandragora: La neta no me encanta esa etiqueta, pero entiendo por qué la usan. Yo lo pensaba más como algo con tintes de ska, aunque sí tiene ese sabor mexicano. La canción nace más desde una idea conceptual: hablar de la guerra, de la gente que está en situaciones donde tiene que hacer cosas que no quiere, donde no hay una salida clara. Es más una historia humana que un género en específico.
Incluso tiene una narrativa bastante fuerte.
Mandragora: Sí, totalmente. Habla de esa dualidad donde o haces cosas muy pesadas o te destruyen a ti, y cómo eso también termina afectando a tu familia y a la gente que quieres. Puede ser guerra literal o lo que vivimos aquí en otros contextos. Es ese conflicto interno, emocional, donde todo se va rompiendo. La canción es como meterte en la cabeza de alguien que está pasando por eso.
¿Tu proceso creativo suele ser así de narrativo o depende del track?
Mandragora: Depende mucho. Cuando hago música para rave es otra dinámica, más enfocada al dancefloor, a la energía, al drop. Pero esta canción salió de algo más personal, de lo que estaba viendo y sintiendo en ese momento, de vivir en México, ver noticias, violencia, todo eso. Quise hacer algo distinto, una rola sobre la guerra pero con un enfoque más emocional, incluso romántico en ciertos momentos.
¿Cómo imaginas que ‘Jugo de Diamantes’ funcione en vivo dentro de tus sets?
Mandragora: Depende del contexto. Si es un show más tipo concierto, donde la gente va a escuchar tus rolas, sí funciona muy bien. Si es un rave más pesado, quizá no tanto. Pero ya me ha pasado que la gente la canta, y eso está increíble. Como artista, llegar a ese punto donde la gente conecta así con una canción es lo que buscas.
¿Tienes planes de volver pronto a Ciudad de México?
Mandragora: Hay cosas en pláticas, todavía nada cerrado, pero la idea es regresar pronto. Siempre es un lugar al que me gusta volver, entonces ojalá se arme algo en breve.
