Kane Parsons conquista CCXP México 2026: del terror casero a una ambiciosa película de The Backrooms

Escena

El joven creador revela cómo su visión que mezcla lo analógico con lo digital transformó un proyecto hecho con recursos mínimos en una de las propuestas más intrigantes del cine de terror actual.

Kane Parsons desde la CCXPMX26 ! Foto de Brandon Díaz de León

El paso de crear en solitario a levantar una película completa no siempre es una evolución natural. En el caso de Kane Parsons, es casi un salto de fe que, contra todo pronóstico, se sostiene sobre una idea muy clara: hacer mucho con poco sin perder la esencia.

Durante su participación en CCXP México 2026, el joven creador dejó claro que su visión nace de una mezcla profundamente honesta entre lo analógico y lo moderno. Antes de cualquier gran producción, su escuela fue internet. YouTube, los canales independientes y los experimentos personales fueron su laboratorio. Ahí aprendió a hacer efectos visuales, diseño sonoro y narrativa con herramientas limitadas, incluso recurriendo, como él mismo admitió, a medios poco convencionales para acceder a software. No había glamour, pero sí una obsesión por crear.

Esa etapa define el ADN de su obra. Parsons no parte de lo cinematográfico tradicional, sino de lo real: documentales antiguos, grabaciones crudas, texturas imperfectas. Su intención no es hacer ficción desde la ficción, sino replicar lo no ficticio para después deformarlo. Ahí es donde entra su fascinación por lo analógico: cintas, ruido, imperfecciones. Elementos que, lejos de ser un recurso estético, se convierten en una herramienta narrativa que hace tangible lo imposible.

Su proyecto más ambicioso hasta ahora, la adaptación cinematográfica de The Backrooms, nace justamente de esa filosofía. Parsons fue enfático: el mayor riesgo era traicionar el material original. Consciente de cómo muchas adaptaciones terminan por diluir lo que las hizo especiales, decidió avanzar con cautela. El resultado, asegura, respeta completamente la continuidad de su universo y cumple con lo que los fans esperan.

Pero lo más sorprendente no es solo la fidelidad, sino la escala. Lo que comenzó como videos hechos prácticamente en solitario evolucionó en una producción que construyó más de 30,000 pies cuadrados de sets físicos. Aun así, la esencia sigue intacta: espacios vacíos, sensación de aislamiento y una narrativa que apuesta más por la incomodidad que por el susto inmediato.

En este sentido, la película no busca competir con el terror tradicional. De hecho, se aleja de él. Parsons entiende el horror como una extensión de la ansiedad contemporánea: espacios infinitos, soledad, sobreestimulación y pérdida de sentido. La influencia de fenómenos recientes, como la pandemia o el aislamiento social, no es directa, pero sí palpable en la manera en que construye su mundo.

Visualmente, la cinta juega con un equilibrio constante entre lo digital y lo físico. Aunque el CGI está presente, muchas veces es invisible: correcciones, ajustes y detalles que el espectador no percibe. En contraste, el material analógico se trabaja de forma completamente práctica, utilizando equipos reales como reproductores VHS para lograr esa textura que define su estilo.

El resultado es una experiencia que no solo se ve, sino que se siente. Una película que apuesta por la desorientación, por la imposibilidad de mapear el espacio y por la incomodidad de no entender del todo lo que ocurre.

Quizá lo más inspirador del panel no fue la película en sí, sino el camino para llegar a ella. Kane Parsons representa una nueva generación de creadores: autodidactas, obsesivos y profundamente aspiracionales. Su historia no es la de alguien que esperó las herramientas ideales, sino la de alguien que empezó con lo que tenía a la mano y llevó esa limitación hasta convertirla en su mayor fortaleza.

Lo que viene para The Backrooms en cine promete mantener esa esencia: una experiencia inmersiva, incómoda y extrañamente familiar. No será un terror convencional, pero justamente ahí radica su mayor atractivo.

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