Manuel Weiss Pérez
Ciudad de México. - Miles de personas de todo el mundo acuden cada año a San Andrés Mixquic, donde este sábado tiene su punto álgido la celebración por el Día de Muertos y que, pese a la masiva afluencia de público, consigue mantener intactas sus tradiciones centenarias.
Este pueblo, situado en la alcaldía de Tláhuac, en la Ciudad de México, es conocido por la belleza de los panteones que los habitantes de la comunidad dispone para la visita del público, tanto en la iglesia y el cementerio como en casas particulares, donde fabulosos altares decorados con flores nube, alhelí y la famosa cempasúchil hacen la delicia de los visitantes.
Toda la comunidad se vuelca en la celebración y se ofrece al turista un sinfín de opciones culinarias, hay puestos de comida de todo tipo en las calles que rodean el panteón principal y la música de las cumbias populares no deja de sonar en todo el trayecto desde la periferia hasta el centro del pueblo.
"Ha llegado mucho turismo y obviamente con la publicidad, pues llega mayor cantidad, llegan personas desde Europa y América, es algo positivo para la comunidad, algo agradable", resalta a EFE Abel Xochihua, quien lleva décadas abriendo su casa para la visita del panteón familiar como ya hiciera su abuela desde que él tiene uso de razón.
Como la Xochihua, son cientos de familias que invitan a los turistas a entrar en sus casas donde hay altares de todo tipo, grandes y pequeños, modestos y ostentosos, pero donde no falta nunca café o comida que ofrecer a quien viene desde fuera.
"Yo pongo esto con mucho amor, trato de hacerlo más alegre, a lo mejor no tanto para lucirme, sino para sentirme bien con mis seres queridos, que ya no están aquí, pero que los llevo aquí dentro y que tenemos la creencia de que ellos están aquí ahorita y a ellos les gustaba mucho también que hubiera mucha gente", explica Abel.
