Washington.- El reciente viaje de dos días del presidente Donald Trump a Pekín ha marcado un punto de inflexión en la comunicación entre las dos superpotencias mundiales. En un ambiente de aparente sintonía, la visita buscó establecer estabilidad en medio de las disrupciones económicas globales. A diferencia de la retórica de la administración anterior, Trump optó por un enfoque personalista, calificando su estancia como "muy exitosa" y refiriéndose a Xi Jinping como un "viejo amigo".
El rechazo al término "dictador"
Uno de los puntos más comentados de la cumbre fue la negativa de Trump a utilizar etiquetas calificativas hacia el mandatario chino. Al ser consultado por la prensa sobre si considera a Xi Jinping un "dictador" —término empleado frecuentemente por Joe Biden—, el presidente estadounidense fue tajante:
No me lo planteo. Él es el presidente de China. No me lo planteo".
Trump aprovechó la ocasión para criticar la gestión de su predecesor, calificando a Biden de "incompetente" y mencionando desacuerdos en política exterior. Mientras que Biden utilizó el calificativo de "dictador" tras incidentes como el del globo espía chino en 2023, la administración Trump parece priorizar una relación basada en la cordialidad directa y la puesta en escena, como el simbólico paseo por el complejo de Zhongnanhai entre árboles antiguos y rosales.
El silencio estratégico sobre los aranceles
A pesar de que la relación bilateral ha estado marcada por una batería de aranceles impuestos desde el regreso de Trump al poder en 2025, el presidente aseguró que este tema no formó parte de la agenda de la reunión. Según el mandatario, la cuestión arancelaria "no se mencionó" directamente con Xi.
Respecto a la situación actual, Trump aclaró a bordo del Air Force One:
No hablamos de aranceles. Quiero decir, están pagando aranceles. Están pagando aranceles sustanciales, pero no hablamos de eso".
Este silencio se produce en un contexto legal complejo, tras un fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos en febrero pasado que invalidó parte de dichas medidas impositivas, abriendo una nueva fase en la disputa comercial.
Hacia un nuevo acuerdo comercial: Soja y Boeing
Aunque los líderes no discutieron aranceles cara a cara, los equipos técnicos han estado trabajando intensamente. Previo a la cumbre, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se reunió en Seúl con el viceprimer ministro chino, He Lifeng, para avanzar en las negociaciones.
El objetivo de Washington es ambicioso y busca beneficios tangibles para la economía estadounidense. El representante de Comercio, Jamieson Greer, señaló que se espera cerrar un acuerdo con China para:
- Compras agrícolas por valor de "decenas de miles de millones de dólares" anuales durante el próximo trienio.
- Avances significativos en la venta de aviones Boeing.
- Incremento en las exportaciones de soja.
Esta estrategia busca dar continuidad a los alivios de tensión logrados en reuniones previas, donde ya se habían levantado algunas restricciones sobre productos agrícolas y tierras raras. La promesa de Xi Jinping de enviar semillas para la Rosaleda de la Casa Blanca simboliza, al menos en las formas, una voluntad de mantener los canales diplomáticos abiertos frente a la compleja guerra comercial.
