¿Penúltima llamada?

Hoy se lleva a cabo el tercer debate presidencial. Esto se puede interpretar como un acierto en democracia. Habrá más oportunidades de la gente que ve televisión y/o escucha la radio para conocer las propuestas de gobierno de los candidatos, de los candidatos para contrastar sus puntos de vista sobre temas en los que coinciden son problemas pero difieren en la forma de solucionar y de que aquellos que aún no se interesan por las elecciones decidan por que candidato votarán.

Al escuchar esto, parecería que los debates son el instrumento perfecto para conocer a quienes buscan un cargo público. Sin embargo, encontramos que en el México de 2018 los debates presidenciales no han dado los resultados esperados. En mi opinión, hay tres razones específicas por las que esto ocurre: en el primer debate hubo cinco participantes. Por ende, no se dio un debate sino una serie de discursos enfocados a llegar a públicos específicos. Tres candidatos se dedicaron a atacar al puntero, un candidato optó por plantear su plan de gobierno y el candidato puntero decidió no contestar ataques, no atacar a nadie y/o plantear su proyecto de Nación. En el segundo debate, los ataques hacia el puntero continuaron, la falta de respuesta de éste también y, a reserva de que en lugar de cinco eran cuatro candidatos, la tónica fue la misma.

¿Algo diferente sucederá en el tercer debate? Algunos editorialistas señalan que no existe una razón de peso para realizar éste dado que la tendencia a favor de un candidato es tan avasalladora que será difícil que baje en la aprobación popular al grado de que arriesgue su triunfo. Sin embargo, todos los sondeos de opinión demuestran que más del 40% de la población aún no define por quién votará y/o si votará el 1 de julio. El debate seguramente logrará que más personas tomen una posición sobre esta elección pero el trabajo en tierra que realicen los candidatos y sus partidos durante las próximas tres semanas será crucial para el resultado final de la elección.