Honnold desafía al vacío y conquista el Taipei 101 sin red
Redacción.- Desprovisto de cualquier medida de seguridad y armado únicamente con unos zapatos especiales, una bolsa de magnesio y su inconfundible camiseta roja, Alex Honnold volvió a escribir su nombre en la historia del deporte extremo. El estadounidense alcanzó este domingo la cima del Taipei 101, el undécimo rascacielos más alto del planeta, en una escalada que paralizó al mundo.
Alex Honnold, reconocido escalador estadounidense, completó una hazaña extraordinaria al ascender el rascacielos Taipei 101 sin cuerdas ni equipo de seguridad alguno. La travesía por el edificio más alto de Taiwán cautivó a cientos de espectadores presentes en la base de la… pic.twitter.com/CNeajY5eq9
— Alerta Noticias UKR 24 (@UKR_token) January 25, 2026
La proeza, completada en poco más de 90 minutos, convirtió a Honnold en la primera persona en conquistar esta estructura en modalidad free solo, la variante más extrema de la escalada, sin cuerdas ni arneses, donde cualquier error se paga con la vida.
Un sueño largamente planeado
El desafío, transmitido en directo a nivel global a través de Netflix, era una obsesión personal para Honnold, nacido en 1985. Desde hace años soñaba con escalar los 508 metros del ícono arquitectónico que domina el distrito financiero de Taipéi.
“Es increíble. He pasado mucho tiempo imaginando que era posible, pero hacerlo de verdad se siente completamente diferente”, confesó el escalador tras completar la ascensión.
Una ruta sin margen de error
La subida estaba prevista para el sábado, pero fue suspendida minutos antes por las condiciones meteorológicas. Veinticuatro horas después, con el cielo despejado y el sol reflejándose en el acero y el vidrio del edificio, Honnold inició el reto definitivo.
El primer obstáculo fue la base del rascacielos: 113 metros de losa inclinada y dos estructuras metálicas conocidas como ruyi, que superó en menos de veinte minutos. Desde ahí encaró el tramo más largo y extenuante: las llamadas “cajas de bambú”, ocho módulos superpuestos entre los pisos 27 y 90, un ascenso vertical de 274 metros que exigió precisión absoluta.
Cientos de espectadores siguieron cada movimiento desde el suelo, entre aplausos, silencio tenso y miradas incrédulas.
El tramo más peligroso y la cima
La fase final, catalogada como la más riesgosa por los organizadores, llegó en la torre superior del edificio. Los desplomes obligaron a Honnold a exprimir la fuerza de sus brazos antes de avanzar por los anillos hasta la aguja final, coronada por una pequeña esfera metálica suspendida sobre el vacío. Ahí, ya en la cima, inmortalizó el momento con un selfie.
“Mi mayor reto era mantenerme tranquilo. Conforme subía, me sentía cada vez más relajado. Fue muy divertido”, relató.
Críticas, riesgo y legado
La hazaña no estuvo exenta de polémica. Honnold, célebre por escalar sin protección El Capitán en el Parque Nacional de Yosemite —logro inmortalizado en el documental ganador del Óscar Free Solo—, recibió duras críticas al anunciar este nuevo reto, tanto por la alta mortalidad del free solo como por su condición de esposo y padre de dos niñas.
La organización se preparó para un escenario fatal, con un retraso de diez segundos en la transmisión para poder interrumpirla en caso de accidente y puntos de rescate distribuidos a lo largo del edificio. Durante toda la subida, Honnold mantuvo comunicación constante con su equipo.
“Todo el equipo fue de clase mundial. Para mí es más fácil dar lo mejor cuando confío en quienes me rodean. Fue un día espectacular”, concluyó.