EFE

SAN SEBASTIÁN, España.- Blanca Suárez, vértice del triángulo amoroso que se desarrolla en El verano que vivimos -un drama romántico en la Andalucía de 1958-, aseguró que se ve "absolutamente" en el centro de una historia de amor que perdure cuarenta años, como la que vive su personaje.

"El amor es de las pocas cosas atemporales que existen en el universo; este trío vive en 1958, pero el amor nos lleva acompañando desde que el ser humano existe, así que -señala-, situemos donde se sitúe esa historia que estamos contando, siempre vamos a empatizar con ella".

La actriz, conocida internacionalmente por la serie Las chicas del cable, promocionaba hoy su película junto a su compañero de reparto Javier Rey, su actual pareja, en el Festival de San Sebastián, donde se proyecta la cinta de modo especial en una gala benéfica.

Basada en una historia real del Jerez (sur) de los años 50, la película parte de unas poéticas esquelas, dedicadas a una desconocida Lucía, que llegan cada año por las mismas fechas a un periódico local gallego.

Una joven periodista en prácticas decide investigar la historia de amor que parecen esconder esos mensajes póstumos, que se remontan a una muerte ocurrida cuarenta años antes, en 1958.

"Es una gran película de amor; de amor a la familia, al deseo, a la cultura del vino y a una manera de vivir que transciende en el tiempo tanto como para que influya en futuras generaciones", explicó Rey, que destaca la originalidad del director Carlos Sedes de hacerla transcurrir en dos tiempos.

"Habla del amor en muy diversas vertientes; del amor en la amistad, en la familia: hay muchas formas de amar", agregó a su lado Suárez, que tuvo que hacer un esfuerzo para adoptar el acento de Lucía, su personaje.

"Poner acento andaluz ha sido un mundo y una inmersión importante, pero lo hemos hecho desde el amor y el respeto lo mejor que hemos podido y ahí hemos dejado a una Lucía y a un Hernán convincentes, ¿no?", se rio mirando a Hernán, Pablo Molinero.

Una historia sencilla, elemento que atrajo al director. "Creo que es algo que siempre nos ha gustado ver, Los puentes de Madison, El diario de Noa..., ese tipo de películas que en España se suele hacer poco", explicó.

"Creo que estamos en un momento que puede ser muy bueno, después de todo lo que ha pasado, para que la gente quiera ver películas románticas", agregó, máxime en "tiempos de Instagram", en los que el director prefiere apostar por "recuerdos imborrables".

Aunque es el segundo largometraje de Carlos Sedes (hizo El club de los incomprendidos en 2014), su tarjeta de presentación son series de televisión como Las chicas del cable, Fariña, Velvet, La embajada, Instinto o Alta mar, en las que ya coincidió con Rey y Suárez.

"Me da seguridad trabajar con ellos, yo los entiendo y ellos a mí", resumió.

En unos días, la madrileña cumplirá 32 años. Aunque con veinte ya había participado en algunas películas como Fuga de cerebros o Carne de neón, fue su paso por la serie El internado la que la catapultó a la fama como uno de los rostros más bonitos de la televisión.

De hecho, su físico, su estilo y su positivo carácter la han llevado en volandas sobre las redes sociales donde, además de ser muy admirada y seguida por cerca de cuatro millones de personas, es un referente para jóvenes, niños y niñas españoles.

En San Sebastián es esperada siempre su presencia como una de las más elegantes sobre las alfombras rojas, hoy de manera especial en el pase benéfico que se celebrará esta noche en el Teatro Victoria Eugenia, con la mitad del aforo reservado a colectivos en primera línea contra la Covid-19.

La película cuenta con una canción original de Alejandro Sanz, que también ha viajado a San Sebastián para apoyar la presentación de esta cinta.

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