Hace algunos años estaba en una clase de sociología, donde mi querido maestro Phillippe nos explicaba cómo la pobreza generada por la explotación es inherente al capitalismo. Uno de mis compañeros levantó la mano para compartir una propuesta para desaparecer la pobreza. El maestro Phillippe le dirigió una sonrisa un poco burlona y le dijo: “Un solo planeta no alcanza para que todos seamos de clase media”.
Luego procedió a explicarnos que en la situación actual, la humanidad consume recursos como si tuviéramos 1.75 tierras. Si todos vivieran como en Estados Unidos, se necesitarían 5 planetas. Si todos vivieran como los europeos, se necesitarían 4. Un solo ciudadano de un país desarrollado puede consumir lo mismo que 32 personas en países menos desarrollados. Solo si toda la humanidad viviera con un estilo de clase baja o de subsistencia, un solo planeta Tierra sería suficiente. La realidad es que la mayoría de nuestras aspiraciones materiales son suicidas. Los expertos pronostican una catástrofe sanitaria grave en 2050 por el calentamiento global si seguimos consumiendo como hasta ahora.
Aunque no mencioné las consecuencias en el medio ambiente, la emisión pasada te conté sobre la riqueza extrema, y sus consecuencias en la psique humana. Pero ¿qué hay de la pobreza? Hoy exploraremos las consecuencias de la escasez y veremos cómo aminorarlas.
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Imagina que vas caminando por la sabana y no tienes absolutamente nada. Ni dinero, ni comida, ni una botella de agua. ¿Eres pobre? No lo eres si hay una tribu acompañándote que sabe encontrar agua, animales y plantas comestibles. El grupo cuenta historias, canta y baila alrededor de una fogata. Para vivir en la sabana, no necesitas más que arcos, flechas, cuchillos, bolsas de cuero y vasijas. Para cuando llega la noche has comido, has bebido, has reído, has bailado y te dispones a descansar. Así es tu vida con una tribu nómada recolectora-cazadora. ¿Dirías que eres pobre?
Difícilmente alguien calificaría de pobres a los lobos del bosque, aunque sí podría llamársele así a los perros que viven en la calle de una ciudad. Del mismo modo, las tribus cazadoras-recolectoras nómadas no son pobres mientras tengan suficiente territorio para satisfacer sus necesidades. Todos en la tribu están sometidos a las mismas condiciones, ninguno puede acumular más bienes que los demás, y solo toman lo que necesitan cada día; por lo tanto, ninguno es pobre y ninguno es rico.
En estas condiciones de igualdad se formó el cerebro humano y sobrevivió durante 300,000 años. Es el único estilo de vida sustentable y sin impacto negativo en la naturaleza. Pero también sin impactos negativos en nuestra salud mental, porque resulta que cuando existen clases sociales, nuestro cerebro se conflictúa.
La pobreza es un concepto extraño, antinatural, inventado hace apenas 10,000 años con el sedentarismo, sus jerarquías y su acumulación de bienes. Nuestros cerebros no han tenido tiempo suficiente para evolucionar y enfrentarse a estas novedades. Estamos preparados para la escasez, pero no para la desigualdad.
Tal vez por ello, entre más baja es tu clase social, mayor incertidumbre y vulnerabilidad percibes, y mayor sensación de que las oportunidades que se te presentan no dependen de ti, sino de elementos externos que no puedes controlar. A esto se le llama también locus de control externo o “desesperanza aprendida”, y genera en algunas personas actitudes como falta de responsabilidad, pasividad, dependencia, baja motivación, mayor estrés, menor autoestima y frustración.
Desigualdad en México
La desigualdad en el mundo está creciendo a un ritmo acelerado, y México es uno de los países más desiguales. La mitad más pobre del país comparte entre el 2% y 5% de la riqueza total. Además, el 0.3% de los mexicanos (399 mil personas) concentra casi la mitad del PIB nacional.
En este contexto, solo 2% de las personas que nacen en la pobreza logran ascender a los niveles de mayores ingresos, no porque sean flojas, como muchos ignorantemente anuncian, sino porque crecer en la pobreza impone retos estructurales muy difíciles de superar como la carencia de servicios básicos y alimentación de calidad.
La desigualdad socioeconómica genera efectos psicológicos profundos como: aumento de la ansiedad por el estatus, estrés crónico, individualismo, depresión, adicciones, deterioro de la autoestima, irritabilidad y falta de confianza en otras personas.
Las personas en los países más desiguales trabajan más, ahorran menos y piden más créditos. Las deudas se incrementan conforme tratan de mantener las apariencias. Un detalle interesante es que a mayor desigualdad, mayor demanda de bienes de lujo que muestran estatus como ropa o accesorios de marcas costosas.
La escasez agudiza la mente… para el corto plazo
Se han realizado estudios con juegos donde a algunos participantes se les dan recursos de “pobres” con pocas oportunidades de jugar y ganar, y a otros se les da recursos de “ricos”, con más “vidas” y oportunidades de ganar. En estas investigaciones se ha encontrado que la pobreza genera una mentalidad nueva en las personas que cambia sus prioridades y toma de decisiones.
En primer lugar, se vuelven mejores resolviendo problemas cotidianos, pues la falta de recursos disponibles hace que cada acción sea más crucial. Esto tiene sentido. Por ejemplo, una persona se fijará más en sus compras de súper si del monto gastado depende que pueda o no pagar la renta.
El largo plazo… un lujo
La desventaja es que, ante la escasez, los problemas financieros se sienten pesados y capturan toda la atención, lo que puede obstaculizar que las personas se den el lujo de considerar con cuidado las mejores decisiones para el largo plazo.
Por ejemplo, si a los participantes del estudio se les permitía pedir prestado en el juego, pedían más préstamos de los necesarios, y esto los ponía en desventaja a pesar de su mejor resolución de problemas. Los participantes “pobres” se desempeñaban mejor cuando no se les ofrecían créditos.
Ahora, algunos ejemplos del mundo real. Cuando el costo de un crédito se expresa en pesos y no en porcentaje, las personas con estrés financiero toman mejores decisiones pues se les ahorra el desgaste cognitivo y se les facilita la comparación de un monto concreto.
Igualmente, reducir el costo inicial de comportamientos que tendrán beneficios en el futuro suele aumentar la participación. Por ejemplo, cuando se regalaron uniformes y útiles escolares, más niños fueron inscritos en una escuela de Kenya.
El “modo escasez”
En 2013, un estudio publicado por investigadores de diversas universidades encontraron que el estrés financiero genera una pérdida de cociente intelectual de 13 puntos, similar a lo que produciría una tremenda desvelada. Esto aplica para todas las personas en crisis financiera, no solo las pobres.
En la India, si se realizan pruebas de atención a los granjeros cuando acaban de recibir su pago anual después de la cosecha, sus resultados muestran diez puntos más de cociente intelectual que antes de la cosecha, cuando los granjeros andan cortos de efectivo. Cuando te sientes pobre y estresado, tu mente entra en “modo escasez” y te queda poca capacidad de atención.
Cuando la idea de escasez se afianza, podemos comportarnos de formas que son financieramente sensatas, aunque no se alinean con nuestros valores o metas. Vivir pensando que nunca tienes suficientes recursos puede causar sentimientos complicados hacia el dinero y podrías terminar viviendo una vida que no te gusta.
La mentalidad de escasez no es privativa de la gente pobre, sino que puede suceder en cualquier nivel de ingreso. El éxito de otras personas también puede disparar tu “modo escasez”, pues instintivamente interpretas su éxito como tu fracaso, haciéndote sentir celos y decepción hacia ti mismo.
Yo sé de personas muy acaudaladas que comen sopas Maruchan para no gastar. Hay gente de ingresos altos que no se puede liberar de la sensación de privación, miedo o ansiedad hacia el futuro, y acumulan dinero para medicarse.
A menudo, el modo escasez surge como resultado de traumas o heridas de infancia. La pobreza extrema, deudas familiares, bancarrotas y otras situaciones financieras estresantes puede causarlo. Si sientes ansiedad o miedo al gastar, pensando que necesitas guardar más por si algo sale mal, es necesario que evalúes si realmente tu problema es financiero o más bien psicológico.
Recomendaciones
Basándonos en la psicología de la escasez y la desigualdad, algunas recomendaciones prácticas si estás pasando por tiempos económicos difíciles serían:
- Recuerda que la pobreza es un invento moderno que no define el valor de las personas. Evita tratar mejor o peor a las personas dependiendo del nivel socioeconómico que percibas en ellos.
- Evita las comparaciones. La realidad es que nuestra sociedad no es meritocrática, es decir, no reparte el dinero de acuerdo con las capacidades y esfuerzo: es difícil salir de la pobreza, y es difícil no ser rico si tus padres lo son. Y recuerda que 60% del calentamiento global lo produce el 10% más rico de la población. Tal vez no es tan recomendable aspirar a la cima de una pirámide autodestructiva.
- Recuerda que no necesariamente eres culpable de tu situación, pero sí responsable de cómo reaccionas a ella. Aunque es muy probable que muchos de tus problemas hayan sido causados por decisiones de políticos, empresarios y delincuentes, te conviene centrarte únicamente en aquello sobre lo cual tienes control, es decir, tus propias acciones, actitudes y responsabilidades. Como ejemplo, aprende del optimismo de la familia Vázquez, da clic aquí. Si ellos llegaron a Acapulco, tú también puedes lograrlo todo ;)
- Observa tus niveles de ansiedad cuando gastas.}
- Combate los efectos psicológicos de la desigualdad uniéndote a una tribu. Puede ser un club de lectura, un grupo deportivo, Alcohólicos Anónimos, o lo que se te antoje. Nada mejor que rodearte de amistad para reducir el estrés, el individualismo, la depresión, las adicciones y la falta de confianza en los demás.
- Evita los créditos como si fueran una plaga.
- Elige los momentos en que te sientas menos estresado financieramente para planear a largo plazo, por ejemplo, cuando acabe de llegar tu cheque de aguinaldo.
- Aparta momentos para pensar en tu futuro, y primero visualiza cómo te gustaría que fuera tu vida de acuerdo con tus valores, sin pensar en la viabilidad económica. Después, piensa en formas realistas de lograr lo que quieres. No permitas que la sensación de escasez empequeñezca tus sueños.
- Busca ayuda. Si sientes que no tienes el poder de concentración y los conocimientos para tomar buenas decisiones, busca asesores financieros independientes (nunca vendedores de productos financieros).
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¡Nos vemos el próximo mes!
Con emoción,
Edith
