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Por Vanessa Arriaga

México.- Sabemos que la violencia inunda cada rincón del país, sin embargo, hay algunos sectores que son más vulnerables que otros como los niños, las mujeres, los indígenas y los periodistas.

El 8 de septiembre es el Día Internacional del Periodista y con ello, se les reconoce su labor al informar a la sociedad sobre lo que pasa en sus países y el mundo. Pero también es una forma de recordar que, algunas veces, arriesgan su vida con tal de ejercer su profesión, como es el caso de todos los comunicadores que han sido asesinados en México.

Nuestro país es uno de los cinco más peligrosos para ejercer el periodismo junto a Afganistán, Siria, Irak y Filipinas. En lo que va del año, 12 reporteros han sido asesinados en nuestro país por hacer lo que más amaban: informar a la población.

Javier Enrique Rodríguez Valladares, Rubén Pat, Luis Pérez García, José Guadalupe Chang Dzib, María del Sol Cruz Jarquín, Héctor Gonzáles Antonio, Juan Carlos Huerta, Alicia Díaz González, Leobardo Vázquez, Carlos Domínguez, José Gerardo Martínez y Pamela Montenegro del Real, son los nombres de las personas que no podrán celebrar nunca más este día.

Se estima que desde el año 2000, 115 periodistas han sido abatidos en nuestro país y de éstos, en 2017, sólo 48 eran investigados y tres resultaron en sentencias.

También se han registrado cerca de dos mil agresiones hacia las personas que ejercen esta profesión y, en agosto de este año, había al menos 21 periodistas desaparecidos desde el 2003.

Estas cifras son alarmantes si se compara nuestro contexto con el de Afganistán o Siria; por lo que diversas instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, han pedido al país que se proteja la vida y derechos de los comunicadores.

Por desgracia para los reporteros, la historia de este trabajo siempre ha sido un poco trágica, pues este día se reconoce como tal en honor a Julius Fučík, un periodista y escritor checoslovaco, que fue detenido por la Gestapo Policía Nazi- y ejecutado el 8 de septiembre de 1943 por ser miembro del Partido Comunista y exponer sus ideas.

Mientras estaba en prisión, escribió “Al pie de la Horca”, texto en el que cuenta las torturas a la que lo sometieron los nazis para que traicionara a los rusos, pero, al no conseguirlo, lo mataron.

“Quisiera que todo el mundo supiese que no ha habido héroes anónimos. Eran personas con su nombre, su rostro, sus anhelos y sus esperanzas, y el dolor del último de los últimos no ha sido menor que el del primero, cuyo nombre perdura", Julius Fučík. 

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