Abrirá Lifelover en el Candelabrum una vieja herida de fuerte dolor

Escena

Más que un concierto, Lifelover en León, Guanajuato, será un viaje a las profundidades del metal depresivo suicida

La banda se convirtió con los años en uno de los nombres fundamentales del Depressive Suicidal Black Metal (Foto: Especial)
La banda se convirtió con los años en uno de los nombres fundamentales del Depressive Suicidal Black Metal (Foto: Especial)

Por Israel M. Campos Montes

Ciudad de México.- Hay bandas que llegan a un festival para tocar, pero otras se presentan para recordarte que algo dentro de ti está roto.

Eso significan los legendarios suecos de Lifelover, quienes el próximo 12 de septiembre en la Velaria de la Feria de León, Guanajuato, estarán en el escenario de uno de los encuentros más incómodos y esperados del Candelabrum Metal Fest V.

Su arribo es icónico, dado que será su primera presentación en México. Una aparición que, más que celebrar una carrera, parece destinada a abrir una vieja herida, tomando en cuenta que la banda se disolvió en 2011, tras el trágico fallecimiento de su compositor principal, Jonas "B" Bergqvist.

Aunque, comandados por el vocal fundador Kim Carlsson, y algunos otros integrantes originales que desde 2012 forman parte de Kall —post-black metal—, así como algunos agregados, entre ellos el mexicano Ikanunna Bg (líder del proyecto Hierophany Temple), Lifelover promete una noche de desesperanza y soledad.

No hay épica en Lifelover, así como tampoco triunfalismo ni una promesa de redención, puesto que ellos hacen sentir un fuerte vacío existencial.

CANSANCIO Y DESTRUCCIÓN DE LA BELLEZA

Desde su fundación en Estocolmo en 2005, la banda convirtió el black metal depresivo suicida en algo mucho más enfermizo, por lo que autodeterminaron su esencia como narcotic metal, un sonido entre guitarras que parecen arrastrarse por habitaciones sin ventanas, voces que no buscan imponerse sino escupir cansancio y una atmósfera donde la belleza aparece sólo para ser inmediatamente destruida.

Su música nunca necesitó velocidad para resultar violenta, puesto que la verdadera agresividad estaba en otro sitio, aquel donde se da la sensación de estar atrapado en la interrogante de este mundo terrenal.

Por ello, Lifelover es esa mezcla de apatía, desesperación, alcohol, noches interminables y pensamientos que regresan cuando no queda nada que hacer salvo escucharlos una y otra vez.

Y, precisamente, por eso su llegada al Candelabrum resulta tan apropiada.

Mientras otros nombres del festival representan distintas formas de la brutalidad de la música extrema—el death metal de los suecos de Bloodbath; el thrash alemán de Destruction; así como el black metal de los noruegos de Aura Noir o la oscuridad monumental de los también nórdicos de Old Man’s Child—, Lifelover juega en otro territorio: el de la derrota emocional con decadencia y sin esperanza.

NO ES TRISTEZA, ES DESCOMPOSICIÓN

Lifelover nunca sonó como una banda interesada en construir himnos para levantar el puño, toda vez que su núcleo es más pequeño.

Su música vive en una calle vacía. En un cuarto sucio. En una botella a medio terminar. Así como en una madrugada que no termina. De esta forma, los suecos aprovechan el ruido de una ciudad que continúa funcionando mientras alguien permanece completamente detenido.

Por eso su propuesta sigue resultando tan incómoda incluso dentro del metal extremo. El black metal tradicional puede mirar hacia el bosque, hacia la guerra, hacia lo pagano o hacia el infierno, pero Lifelover voltea hacia adentro y lo que encuentra no es precisamente agradable.

UN LEGADO ANCLADO EN LO EMOCIONAL

La banda se convirtió con los años en uno de los nombres fundamentales del Depressive Suicidal Black Metal (DSBM), una etiqueta que, aunque limitada, ayuda a entender el territorio emocional desde el que construyó buena parte de su legado.

En sus composiciones hay post-punk, rock alternativo, black metal y una sensibilidad casi urbana que hace que sus canciones parezcan menos provenientes de un bosque escandinavo y más de un edificio abandonado después de las tres de la mañana.

Su presentación en el Candelabrum busca que miles de “metalheads” entren juntos en una misma “habitación” para enfrentarse a sus propias miserias, por lo que su show promete ser más que simplemente música, dado que representará un recuerdo y una cicatriz.

Y, es que, Lifelover no viene a salvar a nadie, sino a recordarnos que algunas heridas nunca aprendieron a cerrar.

IMCM

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