La despedida a Carlos ‘Indio’ Solari, figura clave del rock argentino, se convirtió en un fenómeno masivo que rebasó cualquier expectativa. Desde el domingo, miles de seguidores comenzaron a reunirse en Avellaneda para darle el último adiós, y la ceremonia se extendió durante toda la noche con la promesa de continuar el tiempo que sea necesario. Tanto su familia como el Gobierno de la provincia de Buenos Aires dejaron claro que la intención es que nadie se quede sin despedirse del músico.

Fila interminable
Desde las primeras horas del día, fans de todas las edades formaron una fila que llegó a superar los siete kilómetros de extensión para ingresar al micro estadio donde se encuentra el féretro. La convocatoria fue creciendo sin parar, con gente que viajó desde distintos puntos del país, y estimaciones que apuntan a que la cifra de asistentes podría haber alcanzado el millón. Ni el frío ni la llovizna lograron bajar el ánimo; al contrario, la gente se mantuvo firme, acompañando el momento con respeto y mucha paciencia mientras la despedida seguía extendiéndose hasta el lunes.

Entre fiesta y emoción
El ambiente alrededor fue muy particular, casi como un reflejo del legado del ‘Indio’: por un lado, una especie de celebración colectiva con canciones sonando sin parar, vendedores, recuerdos y fans (los famosos ricoteros) cantando como en un concierto más. Pero al mismo tiempo, el momento de pasar frente al féretro cambiaba todo, ya que aparecían las lágrimas, los silencios y la emoción más cruda. Entre camisetas, flores y distintos objetos dejados como ofrenda, el adiós se volvió un homenaje cargado de devoción, cerrando un capítulo enorme en la historia del rock en español.
