Black Country, New Road en el Orbe: el triunfo de la reinvención colectiva

Escena

A poco más de un año de su debut en la capital, Black Country, New Road tomó el escenario del Orbe para sellar su metamorfosis: un ensamble coral que navega entre la delicadeza de cámara y la tormenta eléctrica para consolidar su nueva identidad

Alejandro Ávila Peña
Black ountry, New Road dio concierto en la Ciudad de México
Black ountry, New Road dio concierto en la Ciudad de México

Por Alejandro Ávila 

“Los vi el año pasado, son otra onda”, murmuraba la gente horas antes de que la banda británica, Black Country, New Road,  subiera al escenario del Orbe. Después de poco más de un año de su debut en la capital mexicana, el sexteto de rock barroco  regresó como parte de Road to Hipnosis: Awakening, con una propuesta que confirma que el grupo no solo ha cambiado de voz, sino que ha encontrado una identidad propia que irradia más luminosidad a través de vocales  celestiales estremmecedoras y de un sonido potente que, como  si de una tormenta sonora se tratase, arremete sin aviso y llena de adrenallina el espectáculo.

Una nueva forma de entender a Black Country, New Road

El concierto comenzó a las nueve en punto, con “Last Nite”, de The Strokes, como intro. Lewis Evans, saxofonista de la banda, llevaba puesta la playera de la selección mexicana. Poco a poco, los músicos tomaron sus instrumentos: piano, guitarras, bajo, violín y batería, en una alineación que intercambia funciones y abre espacio para una instrumentación mucho más amplia.

Desde los primeros minutos, el entramado vocal capturó la atención del público. Las voces se elevaron hasta alcanzar notas altas, sostenidas por una ejecución que fue de lo delicado a lo frenético. Los cambios de intensidad desembocaron en un cierre instrumental demoledor, impulsado por la batería de Charlie Wayne y los riffs de guitarra, que transformaron la melodía en una descarga de rock.

Del folk barroco al caos instrumental

En 'Horses', los silbidos y la discreta intervención del saxofón de Lewis Evans ampliaron el paisaje sonoro. La banda conserva los quiebres rítmicos que hacen de cada pieza un viaje impredecible: las canciones mutan sin aviso, pasan de la serenidad al caos y mecen a los asistentes hasta que, en el momento menos esperado, la masa comienza a mover el cuerpo al ritmo frenético de los instrumentos.

Lo cierto es que Black Country, New Road atraviesa un nuevo camino. Tras la salida de Isaac Wood en 2022, el grupo dejó atrás la necesidad de reproducir aquella voz que definió sus primeros discos y construyó otra identidad, consolidada en 'Forever Howlong'. Georgia Ellery, Tyler Hyde y May Kershaw comparten ahora el protagonismo vocal, mientras el resto de la agrupación ensancha el repertorio instrumental.

El resultado es una combinación de universos sonoros. Cada instrumento se entrelaza con los demás para dar a cada canción una identidad particular: algunas son más melódicas; otras, intensas, teatrales o dramáticas. La ejecución precisa sostiene estos cambios sin borrar la sensación de riesgo. Las tres voces construyen un ecosistema coral en el que las armonías adquieren distintas texturas y convierten la interpretación en algo más que la suma de sus partes.

Una banda que se reinventa sobre el escenario

El uso de los instrumentos de viento fue fundamental para crear una atmósfera casi de cuento de hadas. En una de las canciones, las flautas se multiplicaron hasta envolver el escenario en una sonoridad de cámara, mientras las voces desplegaban melodías luminosas, cargadas de una sensibilidad que contrastaba con los estallidos instrumentales. La aparente ingenuidad de ciertos pasajes esconde estructuras cambiantes y giros que rompen cualquier expectativa.

En 'Mark Theme' la trageda se hizo sentir a través de un saxofón melancolico po parte de Luke que, dio uno de los momentos más emocionales e ínitimos dela velada. 

En 'Besties', la agrupación explora una energía juguetona, cercana al pop barroco, mientras que 'Nancy Tries to Take the Night' muestra cómo los arreglos pueden sostener una narración dramática sin sacrificar la riqueza instrumental. En ambas, la interpretación colectiva deja claro que el protagonismo ya no recae en una sola voz, sino que se distribuye entre los integrantes, quienes alternan instrumentos y construyen distintas capas sonoras.

Esa es una de las fortalezas de su actual propuesta en vivo: la capacidad de transitar entre estilos sin que las canciones pierdan cohesión. Las armonías vocales pueden sostener un pasaje delicado y, casi sin aviso, dar paso a una batería más contundente, guitarras que ganan intensidad y arreglos que crecen hasta desembocar en una catarsis instrumental.

En el Orbe, esa tensión apareció cuando la banda dejó crecer sus composiciones hasta convertirlas en una descarga sonora. La batería de Charlie Wayne condujo los cambios dinámicos, mientras la guitarra de Luke Mark y el saxofón de Lewis Evans aportaron capas que transformaron cada arreglo. En los momentos de mayor intensidad reapareció la épica instrumental asociada a la primera etapa del grupo, aunque ahora surge de una estructura coral y de una instrumentación mucho más diversa.

Lo que hace especial a Black Country, New Road sobre el escenario es la manera en que convierte su virtuosismo en un ejercicio colectivo. En el Orbe, las tres voces no compiten por el protagonismo: se entrelazan, se relevan y construyen armonías que funcionan como un instrumento más. La movilidad de los músicos, que intercambian funciones y amplían la paleta sonora con violines, flautas, saxofón y teclados, permite que las composiciones muten constantemente sin perder cohesión. Hay una teatralidad que atraviesa su presentación, con pasajes que rozan el folk barroco y momentos en los que la precisión rítmica cede ante una acumulación progresiva de tensión. Es ahí donde la banda conecta con su pasado: cuando los arreglos desembocan en estallidos instrumentales que recuperan aquella sensación de épica, aunque ahora el centro de gravedad sea coral y no dependa de una sola voz. La transformación no consiste en suavizar su música, sino en encontrar nuevas formas de llevarla al límite.

Un presente distinto, una identidad en construcción

“Es otra banda completamente”, decía un asistente a  su amiga; aquellla frase no fue sentencia que implicó  una cítica, sino el reconocimiento de una metamorfosis. Black Country, New Road ya no depende de una sola voz para construir su relato: ahora lo hace desde la pluralidad, con arreglos que pueden sonar delicados y juguetones antes de desembocar en una tormenta instrumental.

La presentación formó parte de Road to Hipnosis: Awakening. Entre los pasajes de calma, los cambios abruptos y los estallidos colectivos, el grupo mostró que su presente no es una prolongación de su pasado, sino una nueva búsqueda. Al final, el grito de “Free Palestine” (con la bandera puesta en ell tclado) añadió una declaración política a una noche en la que la música también funcionó como espacio de expresión colectiva.

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